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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

sábado, 26 de marzo de 2011

LA EJECUCIÓN DE LAS CAPILLAS DEL CRISTO YACENTE Y LA DOLOROSA DE LA SOLEDAD

El hecho de que una Hermandad penitencial, como es el caso de la del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad de Fuentes de Andalucía, dispongan de las capillas de sus respectivas imágenes Titulares en dos templos distintos, no deja de ser una situación curiosa, que encuentra su raíz en la fusión a fines del siglo XIX de dos cofradías distintas, establecidas en la Iglesia Parroquial y el Convento de Mercedarios respectivamente.
El 7 de abril de 1893, la autoridad eclesiástica promulgó una serie de reglas para los actos públicos de las cofradías de Semana Santa de la villa de Fuentes, en las que reflejaba que las hermandades del Santo Entierro y la Virgen de la Soledad realizaran juntas su recorrido en la tarde del Viernes Santo, aunque se tratara de dos corporaciones distintas, desde las 7 de la tarde hasta las 11 de la noche, acompañando a la urna del Santo Entierro cuatro sacerdotes.
Vistas las circunstancias de cada una de las corporaciones, que durante los últimos años habían venido celebrando su estación de penitencia unidos, el 15 de abril de 1895 ambas celebran cabildo conjuntamente y deciden fusionarse y hacer de sus cofradías una única hermandad.
La fundación de cada una de ellas se estima sin certeza en el siglo XVIII, pues no se poseen datos documentales concretos en los que podamos estudiar a fondo tal hecho histórico.
En el caso del culto al Señor del Santo Entierro, desde el siglo XVI se venía realizando el descendimiento de la Cruz con ámbito meramente parroquial, sin contar con una corporación constituida al efecto. Del mismo modo, surge la devoción a la actual efigie de Nuestra Señora de la Soledad, cuya ejecución, en la década de 1770, fue previa a la organización como tal de una cofradía.
En el presente estudio, vamos a adentrarnos en el hecho y circunstancias de la ejecución de cada una de las capillas de los titulares de la Hermandad, situadas en la Iglesia Parroquial, la del Santo Entierro, y en el Convento de San José, la de la Virgen de la Soledad.

Sepulcro del Santo Entierro de Cristo


Este altar, de características físicas peculiares, se abre en el muro lateral izquierdo de la Capilla de Nuestra Señora del Rosario de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca, situada a los pies del templo de la primera nave del Evangelio y colateral a la Capilla Mayor.
Se trata del principal edificio religioso de la villa, cuya construcción se inició en la segunda mitad del siglo XVI, sufriendo importantes mejoras y ampliaciones durantes las centurias de 1600 y 1700.
Por escritura otorgada ante el escribano público Juan de Moya por el «cura de la Iglesia mayor de la villa de Fuentes y mayordomo de la Fábrica de ella»[1] Juan Caro, en virtud de licencia del Provisor y Vicario General del Arzobispado de Sevilla, el 9 de junio de 1573 don Álvaro de Fuentes y Guzmán, Señor de Fuentes, obtuvo licencia para levantar bajo su mecenazgo una capilla dedicada a la advocación mariana del Santo Rosario, con tribuna propia abierta hacia la Capilla Mayor, desde donde la familia del Señor asistía a las celebraciones litúrgicas.
Esta tribuna es el lugar físico que desde 1842 alberga, a modo de altar, la urna e imagen del Cristo Yacente que nos ocupa.
Concretamente, el 21 de enero del citado año, ante el escribano público Antonio García, compareció Sebastián Carmona el mayor, vecino de Fuentes, que «en unión con otros devotos han construido a sus expensas un sepulcro nuevo para colocar en él el Santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y queriendo darle el debido culto y veneración han determinado colocarlo en un altar en la Iglesia Parroquial de esta villa, y habiendo reconocido ésta no se encuentra otro sitio proporcionado para dicho efecto más que un hueco que está en la pared medianera de la Capilla de Nuestra Señora del Rosario con el Altar Mayor, cuyo sitio es y corresponde su propiedad al Excmo. Sr. Marqués de esta villa, Conde de Villanueva, por lo que determinaron hacer una solicitud a S.E. para que diese su consentimiento y licencia para colocar en dicho hueco el Santo Sepulcro, formándose un altar, y recibida dicha solicitud se accedió por S.E. según aparece de orden que al efecto se ha remitido desde Moratalla, con fecha 27 de abril del año próximo pasado a su administrador en esta villa, D. Fernando Guerrero, pero con la condición de que constare por documento que la propiedad de dicho local es suya, y solo concede el usufruto.
En cuya virtud y queriendo poner en práctica la condición con que S.E. ha concedido su permiso y licencia, para la colocación del Santo Sepulcro, en el sitio que viene designado... ...habiéndose conseguido el consentimiento de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, para que la servidumbre del altar se tenga por su capilla»[2].

Capilla de Nuestra Señor de la Soledad


Situada a los pies del templo, en el lado de la Epístola, de la Iglesia de San José del desaparecido Convento de los Padres Mercedarios de Fuentes de Andalucía, poseía un retablo barroco de talla dorada del último cuarto del siglo XVIII, con hornacina central para la titular, que víctima de innumerables daños por carcoma se desprendió en el transcurso de unas obras acaecidas en la capilla en marzo de 2001, quedando totalmente destrozado, a excepción del ático, que se conserva en su emplazamiento original sobre una hornacina de moderna factura.
La casa y reducida capilla de los padres Mercedarios se abría solemnemente al culto el 10 de junio de 1608, comenzándose a construir la iglesia actual durante el gobierno del padre comendador fray Alonso de la Concepción, que rigió el Convento desde 1610 a 1616, dejando terminado el cuerpo de la nave y restando la fábrica de la capilla mayor, que hubo de demorarse un periodo de años considerable por impedirlo la inmediata casa-residencia de los religiosos.
Hasta 1737 no se dedicaría solemnemente el templo, aunque a lo largo del siglo XVIII sus diversas capillas fueron objeto de innumerables intervenciones bajo patrocinios privados recibiendo a cambio las familias beneficios en el momento del fallecimiento de éstos.
Enterrar a los difuntos en el suelo del interior de las iglesias o en las cercanías de éstas era la costumbre de la época, pero las continuas epidemias que tal hecho avivaban provocó que a principios del siglo XIX se prohibiera totalmente tal práctica y proliferaran los cementerios en lugares distantes de los núcleos habitados.
De este modo, el 1 de diciembre de 1774 Tomás Conde de la Peñuela obtuvo la posesión de la capilla de la Virgen de la Soledad, con objeto de que fuera su lugar de enterramiento y el de sus descendientes, mediante escritura ante el escribano público del Cabildo Gerónimo Martínez de Parga y acuerdo con la congregación mercedaria, titular del templo. A la fecha, la comunidad estaba formada por fray Juan del Espíritu Santo, preceptor en Sagrada Escritura, Comendador del Convento, fray Diego del Señor San José, Vicario, fray Miguel de Santa Bárbara, fray Juan de San Ambrosio, fray Pedro de la Merced, fray Francisco de San Antonio, Fray Francisco del Rosario, fray Francisco la Soledad, fray Fernando del Señor San José y fray Antonio Dolores, todo religiosos profesos.
En dicho documento, Tomás Conde declara: «acepto en nuestro favor y por ella recibo de este Convento la citada Capilla de María Santísima Nuestra Señora título de la Soledad para nuestros entierros y mediante esta facultad me obligo a construir su retablo añadiéndole para su perfección cinco imágenes de talla, hacerle pabellón y otros perfiles, y fenecida esta operación a dorarlo todo vistiendo a… …con la decencia debida según corresponde al misterio de Soledad, y a mantener continua… …por estar la otra mitad dorada por distinto devoto pero esta circunstancia ha de ser y entenderse sin expresa obligación, y si por devoción, a lo que alentare con particular en cargo a dichos mis sucesores, y me obligo y a mis sucesores, a que mantendremos perpetuamente con la mayor decencia y observación a S.M. su altar y capilla y quiero y consiento que en el caso de no practicarlo a mí por el mismo hecho ha de ser para perder el derecho adquirido y recuperándolo este Convento…»[3].
El citado obtuvo al mismo tiempo autorización por parte de la comunidad para colocar sobre los enterramientos loza o lápida con el correspondiente mote o inscripción que explicara la citada propiedad. Con la llegada de los Padres Salesianos en 1929, el templo de San José sufrió una serie de importantes obras de rehabilitación, entre ellas la instalación de una nueva solería, contemplando la posibilidad que dejara cubierta ésta y otras posibles lozas de enterramientos.
Años más tarde de la cesión de la capilla, el 21 de junio de 1779 Tomás Conde otorgó testamento «estando con salud pero con avanzada edad»[4], el cual comienza declarando su fe cristiana y la forma deseada para su entierro en su capilla de María Santísima de la Soledad, citando a sus hijos y nietos como herederos y mandando se digan por su alma un determinado número de misas.
Esta obligación la hizo efectiva explícitamente ante el escribano público Gerónimo Ruiz Ibañez un año más tarde, el 14 de enero de 1780, fecha en la que realiza la fundación de una Memoria de Misas, algo común en la clase media alta de la época barroca mediante lo cual el fundador, generalmente una persona acaudalada, dejaba en su testamento una cantidad de dinero o posesiones que se ponía en renta, para que con las ganancias se pagara la realización de un número determinado de misas perpetuas por la salvación de su alma.
En este documento, el citado Tomás Conde declara: «Digo que por cuanto una de las capillas de que se compone la Iglesia del Convento de religiosos Mercedarios descalzos de esta dicha villa del Señor San José lo es de la Virgen Santísima de la Soledad, la primera de mano derecha entrando por la puerta principal la que corresponde en propiedad con su bóveda y entierro de la cuál se me dio posesión el día primero del mes de diciembre del año pasado de mil setecientos setenta y cuatro, como consta de la escritura de ésta... ...celebrada por ante don Gerónimo Martínez de Parga escribano público del Cabildo de esta villa en cuyo tiempo se hallaba colocada en ella, dicha Santísima Imagen que los hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno fundada en dicho Convento y otras distintas hermandades sacaban en procesiones de Semana Santa: por esto, para que con más libertad pudiesen usar de dicha Santísima Imagen, dejé ésta a beneficio de dicho Convento y precedida la correspondiente licencia del Rvdo. P. Comendador del explicado Convento coloqué en dicha capilla e hice a mi costo otro Santísima Imagen de Nuestra Señora de la Soledad que en la actualidad se venera sin que por dicho mandamiento fuese visto el que destruía ni pretendía alteración alguna de las cláusulas que comprende la escritura de prof. Y si solo con ánimo y devoción de que éstas se descendiese en los fieles y hubiese más culto a dicha Santísima Imagen, por lo que la adorné en el modo posible de vestido, corona, lámpara de plata, y demás necesarios de la referida capilla se registra. En esta atención y en la... ... mando decir y se diga por mi alma y mis difuntos en la referida capilla los días viernes de cada mes una misa rezada deseando sea con este sufragio, hice liberado fundar memoria de dichas misas y otras de que haré relación, y poniéndole en efecto en la mejor día y forma que a ese lugar en derecho otorgo por el temor de la presente ser mi determinada voluntad que desde el día de la fecha de esta escritura perpetuamente para siempre jamás se digan en el referido convento de este sesenta misas rezadas en cada año, las cincuenta y una en la explicada mi capilla y altar de Nuestra Señora de la Soledad el día viernes de cada semana, la suya descubriendo dicha Santísima Imagen y encendiendo durante se dice cuatro luces, las nueves restantes en el altar privilegiado de Ánimas encendiendo otras cuatro luces diciéndose las tres de ellas en los días 14 de marzo, 5 de agosto y 2 de septiembre en que cumple años el fallecimiento de D. Alonso y D. Marcos Conde, mis hijos, aquí el clérigo presbítero, y de doña Elvira Muñoz mi mujer y las seis restantes en los días Señora Santa Bárbara, Señora Santa Lucía, el del Dulce Nombre de María, el del Señor San Juan Bautista, el del Glorioso Patriarca San José y el del Señor Santo Tomás Apóstol...» [5].
Este último testimonio, que también aparece en el testamento de 1779, nos corrobora la hipótesis que publicamos en 2002 en nuestro libro «Fuentes Penitente», en el que hacíamos mención a la posibilidad de que la actual Virgen de la Merced, titular de la Cofradía de Jesús Nazareno, era la primitiva efigie de Nuestra Señora de la Soledad, lo que hoy ratificamos ante el estudio de la documentación hallada.
Para evitar que la imagen de la Virgen de la Soledad fuera sacada de su capilla en Semana Santa para la procesión de la madrugada del Viernes Santo, costeó una nueva, dejando la primitiva en el Convento para su uso por la Cofradía de Jesús Nazareno.
En cuanto al personaje en cuestión, hemos podido saber que Tomás José Conde de la Peñuela se bautizó en la Iglesia Parroquial de la villa el 27 de diciembre de 1692, hijo legítimo de Alonso Conde y Lucía Martín, declarando la partera que había nacido el 21 de diciembre. [6]
Labrador de oficio y persona acaudalada, el 18 de junio de 1716 contrajo matrimonio con Elvira Muñoz, hija de Juan Muñoz Caro y Marina de Velasco[7], y fruto de dicho matrimonio nacieron cinco hijos: Alonso, que fue clérigo presbistero y falleció en vida de su padre, Juan, María, Lucía y Marcos, también difunto en vida de Tomás y padre de Tomás y Juan Conde, dos de sus nietos.
A su fallecimiento, el 4 de junio de 1780, vivía en la calle Huerta y en la partida de defunción queda reflejado que se «enterró en el Convento de religiosos Mercedarios Descalzos en la bóveda de Ntra. Sra. de la Soledad, don Tomás Conde, con el Beneficio de todo el clero, y comunidad de los referidos religiosos, tuvo encomienda, posas, vigilia, responsorios, misa cantada con sus ministros, y la asistió la hermandad de Señor San Pedro que es la mayor suntuosidad estilada en este pueblo» [8].

NOTAS:
1] (A)rchivo (H)istórico de (V)iana. Leg. 76 Exp. 004. Capellanías. Fuentes. Capilla de Nuestra Señora del Rosario en la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca.
2] A.H.V. Leg. 76 Exp. 003. Capellanías. Fuentes. Patronato de la Capilla Mayor de la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca.
3] (A)rchivo de (P)rotocolos (N)otariales de (É)cija. Sección Fuentes. Leg. 4218 fols. 505-507. 1-XII-1774. Toma de poseción de Capilla en el Convento de Mercedarios por Tomás Conde de la Peñuela.
4] A.P.N.E. Sección Fuentes. Leg. 4424 fols. 173-188. 21-IV-1779. Testamento de Tomás Conde de la Peñuela.
5] A.P.N.E. Sección Fuentes. Leg. 4425 fols. 24-29 vº. 14-1-1780. Fundación de memoria de misas por Tomás Conde.
6] (A)rchivo (P)arroquial de Sta. Mª la Blanca de (F)uentes de Andalucía. Libro 11 de Bautismos. Folio 185 vº.
7] A.P.F. Libro 4 de Desposorios. Folio 208.
8] A.P.F. Libro 17 de Defunciones. Folio 68.




En las fotografías, arriba, la primitiva imagen de la Virgen de la Soledad, hoy bajo el título de Ntra. Sra. de la Merced como titular de la Cofradía de Nuestro Jesús Nazareno.
Abajo, la nueva efigie que costeó Tomás Conde en la década de1770 y actual titular de la Hdad. del Santo Entierro.

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