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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

sábado, 6 de agosto de 2011

VA POR USTED, MAESTRO


¡Que la vida continúa
en los seres que alumbró!
¡Que las obras no perecen,
Siempre queda su valor!
¡Que tu cuerpo ya no está
mas tu alma permanece!

Hoy quisiera, amigo don Juan, escribir los versos más sentidos, las más afligidas estrofas que surgen del alma del poeta, si es que yo fuera poeta. Mas como no lo soy, le pido prestado a Vd. sus propios versos para encabezar este mínimo -y obligado para mí- recuerdo a su persona, los mismos que dedicara a su fallecida esposa en la Revista de Feria de 1998.
Con su sentido deceso, el pasado 26 de noviembre de 2010, se extingue la luz de un hombre que seguirá dándonos lecciones más allá de su partida y que instruyó a varias generaciones de escolares de Fuentes de Andalucía.
La suya es la figura del maestro vocacional por antonomasia, de ahí mi atrevimiento a encabezar mis palabras en términos taurinos, con un título cargado de la estima que sentía por la persona de don Juan.
No quiso el medio siglo exacto que nos separaba en edad ser un impedimento para poder fraguar entre ambos una sincera amistad sostenida en el amor de uno y otro por las cosas de este pueblo, en la pasión por la escritura y en la sensibilidad de dedicar parte de nuestro tiempo a hacer algo por los demás a través del tejido social de la localidad, y que acrecentamos durante la implicación de ambos en el proyecto digital de lafima.es.
Quizás no sea mi persona la más apropiada para realzar su figura en estos tristes momentos, pero mi conciencia no quedaría tranquila si así no lo hiciera, a sabiendas de que don Juan no era muy afecto a los reconocimientos públicos.
Único hijo de un matrimonio humilde, sus padres aunaron esfuerzos en la difícil década de 1940 para que aquel chiquillo con inquietudes pudiera llegar algún día a ser un hombre de provecho y dotarlo de medios para la obtención del título de Maestro Nacional.
Tal fue su vocación por la docencia, que incluso antes de llegar a tener terminada la carrera comenzó a dar clases como “idóneo” en las recientes Escuelas Parroquiales, que vinieron a cubrir la vacante dejada tras la marcha de los Padres Salesianos de Fuentes en 1948 y que se situaron en las mismas instalaciones del Patronato “Santa Ana”.
Crea en la calle San Miguel, junto a su amigo y compañero Paco Urbán, la Academia “Cervantes”, donde por iniciativa privada preparaban a los discentes en materia de ciencias y humanidades para el bachiller; dándose casos en los que a algunos alumnos aventajados cuyas familias no disponían de recursos económicos les impartió clases de forma altruista.
En 1957 don Juan opta a una plaza de Maestro Nacional por concurso de oposiciones, obteniendo la misma. Una profesión que impartió de manera ininterrumpida hasta su jubilación en 1995 y que compaginó con innumerables iniciativas relacionadas con la cultura y la educación en la vida del día a día de Fuentes de Andalucía.
A lo largo de su dilatada vida, y entre otras muchas ocupaciones llevadas a cabo con una vocación extrema, fue profesor en el Instituto Libre Adoptado “San Sebastián”, creador del comedor escolar municipal, maestro y director de la Escuela de Iniciación Profesional “Santa Anta”, primer director de la Escuela Hogar “Santa Ana” y finalmente maestro y director del Colegio Santo Tomás de Aquino durante lustros.
Por sus funciones dentro del ámbito educativo y cultural, en los periodos 1958/1961 y 1964/1971 fue Concejal del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía por el tercio de entidades corporativas, periodo en el que preside el Círculo Cultural “San Sebastián”, tras la reconstrucción del antiguo edificio del Hospital de la Caridad e Iglesia de San Sebastián para su uso como centro cultural.
Durante la transición española, don Juan fue uno de los principales valedores de los ideales andalucistas entre la población fontaniega, lo que le llevó a presentar su candidatura a Alcalde de Fuentes de Andalucía por el PSA-PA (Partido Socialista Andaluz – Partido Andalucista) en las primeras elecciones democráticas acontecidas en 1979, siendo concejal de la primera corporación municipal de la democracia bajo la presidencia de Sebastián Martín Caro. Un acta al que renuncia al año siguiente, en septiembre de 1980, en favor de su compañero Francisco Moreno Valladares.
Dentro de las múltiples acciones, en la década de 1980 fue uno de los impulsores de la desaparecida Asociación “Amigos de Fuentes”, creada para la catalogación y difusión del patrimonio artístico, cultural, histórico, medioambiental y arqueológico fontaniego, así como lideró en 1993 el proyecto de creación de la Asociación Musical Fontaniega, germen de la actual Banda de Música “Fuentes de Andalucía”.
De pluma prolífica, amante de la lectura y la escritura, su prosa y su poesía eran comunes en todas las publicaciones de carácter local, habiendo formado parte del consejo de redacción del periódico “La Firma” con trabajos permanentes tanto durante la etapa en papel como digital.
Pero si hoy traigo su recuerdo a estas páginas, es principalmente para destacar su papel como decano de esta tradicional Revista de Feria que cada año ve la luz en las vísperas de la fiesta. Y es que ya en la década de 1950 la firma de Juan Ruiz aparecía en las páginas de esta publicación.
Nos dejó en las hojas del “libro” de Feria una abundante producción literaria que inició con el texto “A don Francisco Rodríguez González, maestro nacional, y alma y vida de la Feria” (1956) bajo la firma seudónima de “un fontaniego”; “Breve historia de Fuentes” (1959) junto a Francisco Javier Urbán Fernández; “La Feria en el mundillo infantil” (1962); “Llamada” (1963) dedicado a los entonces recientes emigrantes fontaniegos; “Realidades o… veinticinco años de paz” (1964); “Breve resumen de la historia de las obras iniciales de la construcción de las Casas Consistoriales de Fuentes de Andalucía (Sevilla)” (1967); “Carta abierta a Teodoro Herce, alma y esfuerzo de nuestra Feria” (1969); “Ensayo” (1973), sobre la cita de Fuentes y La Monclova en “El Diablo Cojuelo” de Luis Vélez de Guevara; “La emigración” (1987), poesía junto a la que hace constar que fue compuesta en agosto de 1972 y no publicada “por razones obvias, propias de la política de aquel tiempo”; “Razones y reflexiones sobre retazos de historia de nuestra villa” (1988); “¡Cumpleaños feliz! En el centenario de la Feria” (1990); “Algo de Historia. Fuentes en la Edad Media. Origen de su término municipal” (1993); “El Noveno de Fuentes” (1994); ¿Por qué el nombre de Fuentes? (1995); “Las Ferias de antes” (1996); “A mi esposa muerta” y “Son Hermanas de la Cruz” (1998); “Cinco palmeras” y “Crónicas en imágenes” (1999); “Fueron cinco palmeras”, “The people of the plain (La gente de la campiña)” y “Otros tiempos” (2000); “Torres iluminadas de mi pueblo” (2001); “Ya solo es recuerdo” (2003); “Visiones con adelanto” (2004); “La Feria es como un sueño sin final” (2005); “La Feria… y sus momentos” y “Mi primer programa de las Fiestas de la Ermita” terminando con la poesía “Y fue… hace 62 años” (2006); “Epístola a mis paisanos fontaniegos. A los 50 años de mi ingreso en el cuerpo de maestros” (2007) y “Juego de Sonetos de Feria” (2009), su última obra para la revista de Feria en el que a modo de introducción tuve el honor de escribir:
“Si cualquiera tiene la suerte de conservar en algún viejo cajón de una cómoda o en una lata con solera de carne de membrillo viejas revistas de ferias, encontrará ya en los programas de la década de 1950 la firma de nuestro querido don Juan, maestro de profesión con toda una vida dedicada a la docencia en las escuelas y centros educativos de Fuentes de Andalucía.
Fontaniego y “fontanieguista” como amante de las cosas de su tierra, apasionado de la historia local, buen narrador y mejor redactor, en estos últimos años nos está deleitando con una serie de creaciones poéticas hechas con el saber que le atesora como conocedor de este estilo literario.
Un excelente juego de tres sonetos en los que Juan Ruiz, el escritor más veterano de esta tradicional publicación, refleja su visión de la Feria a través de las distintas etapas de su vida”.
Con la presente, se cumplen ya quince años de mi primera colaboración en este publicación, justamente la mitad de mi vida, y cada uno de los textos que durante estos tres lustros he ido aportando han sido revisados y analizados cuidadosamente en compañía del que fuera el más veterano colaborador literario de la Revista de Feria, cuya notable ausencia nos hará meditar, aún más si cabe e invadidos de nostalgia, en la valía de esta humilde y sencilla persona.
Y vengo a concluir este recuerdo con las palabras y sentimientos que utilicé en la Revista de Feria de 2004 para dedicarle mi colaboración de aquel año bajo el título “La Revista de Feria, de los años 40 al siglo XXI”.
“A mi entrañable amigo don Juan Ruiz, valedor y apóstol de la enseñanza reglada en Fuentes durante el último medio siglo, amante de las cosas de su pueblo y sus tradiciones, defensor de su historia y su patrimonio. Un libro abierto con multitud de pequeños y curiosos detalles, de historia viva; una voz de sabiduría”.
No he perdido un amigo, he ganado un aliado que en mi final esté a mi lado para mostrarme el camino. Algún día nos encontremos y seguiremos con nuestros agradables ratos de tertulia.

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