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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

miércoles, 11 de abril de 2012

LA TORRE DE SANTA MARÍA LA BLANCA Y EL ENIGMA DE SAN FLORIÁN


(Trabajo realizado conjuntamente con mi amigo Antonio Gamero Osuna, licenciado en Bellas Artes en la especialidad de restauración y conservación de obras de arte)

El lunes 12 de diciembre de 2011 será uno de esos días que quedará marcado para la historia, no solo de la feligresía de Santa María la Blanca, sino de todo el pueblo de Fuentes de Andalucía.
Lo que para muchos se había convertido en una utopía, se hacía realidad. Aquel amanecer nos despertábamos con el inconfundible sonido del repique de las campanas de la Iglesia Parroquial –durante los últimos años calladas– y el tronar de cohetes, que anunciaban la feliz noticia del comienzo de las obras de restauración de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, casi ocho años después de su clausura, acontecida en enero de 2004.
Largos –y en muchos casos desilusionantes – años en los que la Comisión parroquial y ciudadana creada al efecto ha venido realizando numerosos contactos y actuaciones encaminadas a recaudar fondos e impulsar la recuperación del edificio, en los que ha conseguido reunir en torno a 300.000 euros, a los que hay que sumar los 400.000 que ha aportado el Arzobispado de Sevilla para que puedan comenzar las obras.
El proyecto global de recuperación del edificio, bajo la dirección del arquitecto Enrique Larive López, consta de cuatro fases, dividiéndose la primera de ellas en dos partes, que podemos denominar 1A y 1B.
La fase 1A es la que comenzó el pasado diciembre, con un plazo de ejecución de 10-12 meses y un coste aproximado de 685.000 € como presupuesto de contrata, englobando la rehabilitación estructural de las cubiertas de toda la iglesia y la restauración de la torre, campanas y el artesonado mudéjar.
Una obra cuya empresa adjudicataria es el grupo ursaonense Sanor, especialista en este tipo de intervenciones sobre el patrimonio histórico-artístico y con más de veinticinco años de experiencia en la materia, respetando las formas originales y consiguiendo restaurar con gran fidelidad las obras en las que interviene.
A lo largo de 2012, entre todos hemos de aunar esfuerzos para conseguir la obtención de fondos y la consecución inmediata de las obras con la fase 1B. Parroquia, Comisión, Arzobispado, Ayuntamiento… todos remando en el mismo sentido para conseguir lograr el objetivo común: la reapertura del principal templo de la localidad.
Estas acciones a desarrollar durante el presente año son sumamente importantes, teniendo en cuenta que culminada la fase 1 al completo, es decir, 1A y 1B, el templo se podría abrir y reanudar el culto en el mismo.


LA REHABILITACIÓN DE LA TORRE
Desde el comienzo de las obras, semanalmente estamos desarrollando un detallado seguimiento fotográfico de todo el proceso de recuperación del edificio, así como de visualización de la progresión de los trabajos acompañando al párroco.
Durante el tiempo transcurrido desde el inicio de la intervención, dos grupos de trabajo simultanean la actuación en dos puntos distintos del edificio: la torre y la techumbre de la nave central y las dos contiguas a ésta.
En la primera visita que realizamos a la parte superior de la torre, muy dañada, gratamente nos sorprendimos con que la misma no solo estaba decorada exclusivamente con azulejería polícroma, sino que Alonso Ruiz Florindo había utilizado también técnicas de esgrafiados [1] y la combinación de diversos colores en multitud de dibujos geométricos. Una decoración que era inapreciable desde abajo por el deterioro sufrido por la torre a consecuencia de los agentes atmosféricos y el paso del tiempo.
Cuando en los próximos meses los trabajos vayan avanzando y la torre sea descubierta, librada de la compleja estructura de andamios que la rodea hasta su punto más alto –aproximadamente 34,50 metros desde la cota cero–, la misma va a estar totalmente irreconocible, teniendo en cuenta que los técnicos están procurando que ésta recupere fielmente la imagen con la que fue concebida en el siglo XVIII.

SU CONSTRUCCIÓN
El templo parroquial de Santa María la Blanca en su conjunto es consecuencia de un largo proceso de profundas obras y ampliaciones acontecidas entre los siglos XVI y XVIII, siendo en este último cuando tomó su forma definitiva, coincidente con la actual.
Los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa –noviembre de 1755– en la iglesia de Santa María la Blanca afectaron principalmente a la torre, por lo que se tuvo que intervenir en un breve espacio de tiempo en ella. Tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras del Arzobispado Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso Ruiz Florindo como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado [2].
Alonso Ruiz Florindo (1722-1786), fue el más notable de los miembros de la dinastía de alarifes fontaniegos, destacándolo los expertos en la materia como el alarife de mayor personalidad de los conocidos en Fuentes, que imprimía a sus obras mayor riqueza ornamental y prodigando el estípite [3], que con él tenía modalidades muy diversas y específicas [4].
Las obras de consolidación del edificio se realizaron en 1756, en las que Alonso invirtió la mayor parte de los 15.000 reales que costó la reforma total [5]. Posteriormente, entre 1756 y 1757, remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como consecuencia del movimiento sísmico el remate proyectado en la década de 1740 por el maestro mayor de obras arzobispal José Rodríguez. Para ello, sustituyó el característico remate en chapitel o “aguja” trazado por Rodríguez por una terminación más compleja, con varios cuerpos geométricos superpuestos: base troncocónica sobre ochavo, linterna [6] cilíndrica y remate final. El resultado desde el punto volumétrico, aunque original, es a menudo calificado como tosco con una ostensible falta de unidad entre el cuerpo de campanas y el resto [7].
Sin embargo, en la torre de Santa María la Blanca, tal como citamos antes, destaca la labor decorativa, basada en el estípite y la azulejería polícroma, el estilo de las soluciones dadas por la arquitectura astigitana a estos tipos constructivos.
También utilizó Alonso técnicas de esgrafiado y la combinación de diversos colores remarcando los volúmenes creados. Así queda reflejado en las cuentas de la obra de la torre, en casos como el apunte: «De diferentes colores, almagra, ocle, humo de pes que se trajeron de Ézija para pintar la torre 23 reales. / Ytem de tres libras de esmalte que se trajeron de Sevilla dies reales la libra 30 reales» [8].
La obra de la torre de Santa María la Blanca parece suponer un ensayo de usos estructurales y sobre todo decorativos de los que será la prolífica producción posterior del maestro fontaniego Alonso Ruiz Florindo.

EL AZULEJO DE SAN FLORIÁN
Alonso Ruiz Florindo, que de igual modo que en la construcción de la Ermita de San Francisco contó en la obra de la torre con la colaboración de su hermano Cristóbal, utilizó gran cantidad de losas de cerámica polícroma en color azul para la decoración de ésta, muchas de ellas apreciables a pie de calle.


En la grata primera visita que realizamos a la cúspide de la torre, pudimos observar cómo la linterna no solo estaba decorada con cerámica de color azul, sino que se alternaban con otros pequeños elementos cerámicos de varios colores, en los que predominaba un fondo amarillo con dibujos en tonos ocres, azules y verdes y apreciándose partes de lo que podían ser figuras de personajes.
Fotografiados todos y cada uno de los elementos que consideramos similares, procedimos al recorte y montaje digital del particular puzzle, llevándonos un sorprendente resultado. Alonso Ruiz Florindo había usado material de acarreo, reutilizando azulejos de un paño cerámico del siglo XVIII para decorar la linterna de la torre.
En líneas generales, podemos decir que se trata de parte de un retablo cerámico, similar a los utilizados para los bancos de los retablos o los dinteles de las puertas –como el que se sitúa en la entrada lateral del convento fontaniego de las Madres Mercedarias, que da acceso a la zona residencial de las monjas–.
Respecto a la iconografía aparecida tras la recomposición del paño cerámico, en éste aparecen dos varones, cada uno con una indumentaria propia que manifiesta la formación de cada uno de ellos. El de la izquierda se presenta como un guerrero, con escudo y armadura, semejante a los soldados romanos. Porta en su mano derecha una palma, símbolo inconfundible de un mártir cristiano. En la parte inferior se nos desvela el nombre, con una inscripción que dice: «S. FLORIAN MARTIR». Un santo austriaco del siglo IV no muy común en España, que ciertamente existió y fue mártir, cuya devoción está extendida por centro Europa, donde es Patrón de Polonia.
El otro varón se presenta vestido con la indumentaria propia de un obispo: mitra, báculo y capa pluvial. Del mismo modo, bajo sus pies, aparece una inscripción que cita «S. FLORIAN OBISPO». De este personaje poco se puede decir, ya que no lo hemos localizado ni en el santoral cristiano ni en la lista que recoge los nombres de los obispos santos. Sí existe, Florentino, Florencio y Florenciano, pero ningún Florián.
Una hipótesis propia nos lleva a plantear que Alonso Ruiz Florindo, como director de la intervención, no reutilizó un paño cerámico procedente de otro lugar para decorar la nueva linterna que construía para la torre de Santa María la Blanca, sino que el mismo fue encargado expresamente para ser colocado en el citado lugar. Así, Alonso y Cristóbal, los dos hermanos Ruiz Florindo en activo, firmaron a su forma su magna obra, en lo más alto de la nueva torre.
A similitud de los personajes del paño cerámico, Alonso y Cristóbal también eran dos, y su apellido proviene de una palabra latina que significa flor, «Floris». Del mismo modo, las dos figuras representadas atienden al nombre de Florián, cuya raíz proviene de la misma palabra latina.


Un enigma oculto en la torre fontaniega. ¿Simple casualidad o una realidad? ¿Mero reciclaje o hemos descubierto la firma de la obra de la que ya se tenía constancia por la documentación archivada?
Sea como fuere, la hipótesis nos aporta la rúbrica de una zaga de alarifes que con sus manos y su trabajo hicieron barroca la arquitectura de esta tierra, engalanaron nuestras calles, nos dejaron verdaderas joyas edificadas y en la que nos ha ocupado en el presente texto firmaron de una forma muy especial para que perdurara su identidad a lo largo de la historia.

NOTAS:
1) Trazar dibujos en una superficie estofada haciendo saltar en algunos puntos la capa superficial y dejando así al descubierto el color de la siguiente.
2) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F.: Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla, 1997.
3) Pilastra en forma de pirámide truncada, con la base menor hacia abajo.
4) SANCHO CORBACHO, Antonio: Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Madrid, 1984, reed.
5) Archivo Parroquial de Fuentes de Andalucía. Libro de Cuentas de Fábrica de 1752. Folio 108.
6) Torre pequeña más alta que ancha y con ventanas, que se pone como remate en algunos edificios y sobre las medias naranjas de las iglesias.
7) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F: Fuentes de Andalucía y…
8) Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Justicia. Ordinario. Autos de fábrica. Leg. 2104. Cuentas de la obra de la torre de la iglesia. 1757.

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