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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

viernes, 13 de abril de 2018

ROGATIVAS AL SEÑOR DE LA HUMILDAD EN EL SIGLO XIX: EL CASO DE 1826 CONTRA LA LANGOSTA


La estructura económica y social del Fuentes de Andalucía durante el Antiguo Régimen se basaba casi en su totalidad, como en la mayoría de las zonas agrícolas peninsulares, en el campo. La agricultura y, en menor grado, la ganadería eran las bases principales de una economía latifundista precaria y anclada en unos sistemas arcaicos que apenas producían lo necesario para alimentar a una población que dependía directamente de ella en todos los aspectos de su existencia.
Junto al subdesarrollo científico en las técnicas de cultivo, otros aspectos que se escapan al dominio humano van a contribuir a agravar la situación del campo decimonónico español, presentándose periódicamente y que en la mayoría de los casos encontraron difícil solución, tales como las sequías y las plagas de langosta.
Las langostas son voraces insectos herbívoros que constituyen una catástrofe cuando caen en masa sobre unas tierras de cultivos, ya que devoran todo lo que es verde. Es el insecto que popularmente conocemos como cigarrón.
Las plagas de langosta son un desastre natural devastador. Han sido temidas y respetadas a lo largo de la historia y, desgraciadamente, siguen causando estragos en la actualidad en determinadas regiones del mundo subdesarrollado. 
Estas plagas, que afectaban periódicamente a la campiña sevillana, venían a esquilmar aún más estas tierras, puesto que arrasaban las cosechas, ocasionando la pérdida de las mismas y, por lo tanto, la escasez de granos, la subida de los precios y las consiguientes consecuencias negativas para la población.
Ante estas fatales plagas, y teniendo en cuenta la ausencia de medios para exterminar al voraz insecto, los pueblos recurrían a la petición de clemencia divina, organizando novenas, funciones religiosas, procesiones de rogativas… a las devociones principales de las feligresías.
Si ya teníamos constancia de este tipo de cultos que a lo largo de los siglos pasados los fontaniegos habían llevado a cabo ante las imágenes de San Sebastián o el Señor de la Salud, en 1826 una plaga de langosta hizo su aparición por las tierras del término de Fuentes, y el pueblo recurrió al Señor del Postigo.
El 26 de marzo de 1826, «se juntaron los hermanos del Señor de la Humildad en la Ermita, y sitio de costumbre para celebrar cabildo general de cuentas, y tratar otros asuntos concernientes al buen régimen de dicha Hermandad y decuvierta la sagrada imagen de Jesucristo que se venera en ella, dichas las preses que se acostumbran…» bajo la presidencia de D. Antonio José Delgado «Administrador de las Hermitas que se hallan en el recinto de esta vicaría [1], y rector actual de dicha hermandad…» [2]. Junto al citado, la Hermandad estaba regentada por los siguientes hermanos: Nereo Jiménez, hermano mayor; Teodoro García, secretario; Cristóbal Conde y Pablo Gómez, consiliarios; y Sebastián Armesto, Sebastián Fernández Fariñas, Alonso García, José Carretero, Juan Conde, Pablo Arce, Francisco Caballero, Claudio Fernández, Juan López Ruiz, Marcos García, Juan Antonio de Lora, Luis Álvarez, Juan Hidalgo, Sebastián Caro Partero y José Ramos, alcaldes.    
El Sr. Rector expuso en el citado cabildo a los hermanos presentes, «que el Ayuntamiento y el Pueblo solicitavan hacer una función de rogativa al Señor de la Humildad por la necesidad que nos afligía de la langosta para que la Hermandad acordara la conbeniente, y desde luego de común consentimiento…» [3]. 
Los hermanos dieron su aprobación a tal petición, bajo la condición de que se debían poner al Señor «treinta y dos luces [velas de cera] para su conducción, y vuelta, y durante su estancia en la Parroquia cuatro» luces. Del mismo modo decidieron «que se formara la Hermandad en corporación para acompañar a la Sagrada Imagen», cuya procesión de traslado acordaron tuviese lugar el domingo dos de abril, y que durante su permanencia en Santa María la Blanca el Señor debería estar velado ininterrumpidamente por dos hermanos de la Junta de la Hermandad. La función se celebraría al inmediato día del traslado, es decir, el lunes 3 de abril, regresando a la Ermita ese mismo día por la tarde [4]. 
Tal como había acordado la Hermandad, en la tarde del domingo 2 de abril de 1826 tuvo lugar la «Solemne Procesión de Rogativa en la que se trajo el Señor de la Humildad a la Parroquia para hacerle una grande Función para implorar la Divina Clemencia, por estar los campos llenos de langosta» [5]. A dicha procesión asistió todo el clero, la comunidad de Mercedarios Descalzos, todas las Hermandades y las autoridades eclesiásticas y civiles de la villa –encabezadas por el alcalde D. Manuel Díaz del Castillo–, constando explícitamente que el clero asistió «todo de gracia», es decir, que no recibieron la cantidad económica estipulada por su participación en actos religiosos de este tipo.


En la mañana del lunes 3 de abril se celebró en Santa María la Blanca la Función al Señor de la Humildad, con asistencia «del Beneficio y todo el Clero: capas Tercia Misa y sermón con Manifiesto» [6].
Detallamos a continuación, por su interés, los gastos que se ocasionaron por la celebración de la función y que se abonaron a la propia Parroquia y a las personas dependientes de esta, asumidos por el Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, que en representación del pueblo habían solicitado tal rogativa.
Beneficio                                      18 reales y 1 libra y media de cera
27 Señores convidados                 81 reales
Sochantre                                     12 reales y media libra de cera
Sacristán                                       7 reales
Organista                                      9 reales
Acólitos                                        6 reales
Ministro y Honrador                    6 reales
Fábrica por los ornamentos          9 reales
Apunte e incienso                         1 real y 8 maravedíes
Valor de la cera                             32 reales
Tres repiques generales                109 reales
Dos vestuarios                              9 reales
Cuatro capas                                 6 reales
Ascendiendo el gasto total a 293 reales y 8 maravedíes [7]. 
El gasto de los repiques de campanas fue de la siguiente forma: 42 reales a la Fábrica [a la propia parroquia para su economía particular], 30 reales a San Pedro [a la Cofradía de San Pedro, propietaria del algunas de las campanas], 12 al sochantre, 12 al sacristán y 9 a los acólitos.
El lunes 3 de abril por la tarde aconteció la solemne procesión de regreso del Señor de la Humildad a su Ermita, con la misma asistencia corporativa de autoridades, clero y hermandades que el día anterior, pero con la incorporación de nuevas andas al cortejo, en las que los fieles portaban a San Sebastián, patrón de la villa, y a la Virgen de los Dolores, titular de la Congregación de los Servitas.
El cortejo salió de la Iglesia Parroquial, discurriendo por la calle Carrera en sentido de la Puerta del Monte. «La estación fue extraordinaria, pues fue por el campo» discurriendo por el camino de la Monclova hasta el pozo llamado de «El Rubio» [Pozo de la Reja], y de allí tomaron dirección hasta el Calvario, teniendo en cuenta que por la época que nos ocupa el Calvario se encontraba fuera del núcleo urbano.
Esta referencia nos aporta a su vez otro dato histórico de suma importancia, puesto que la fecha más remota que nos consta de existencia del emplazamiento del Calvario como lugar de culto es 1870, tal y como aparecía en el azulejo original que se hallaba en el exterior de la Ermita, y que decía: «El día 30 de marzo de 1870 se renovó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario».
Una vez llegado el cortejo al Calvario, el «Sr. D. Fernando Sánchez de Vargas, Cura y Beneficiado propio de esta Parroquial, hizo la Bendición que Nuestra Madre la Iglesia tiene determinada contra la Langosta, y animales no vivos a la subsistencia humana». Tras la oración, se reorganizó de nuevo la procesión, partiendo desde el Calvario en dirección al «Postigo del Carbón», donde el Señor de la Humildad entró en su Ermita y el cortejo continuó hasta Santa María la Blanca, donde se dio por concluida la procesión y quedaron las efigies de San Sebastián y Nuestra Señora de los Dolores.
En la documentación parroquial se hace constar también que toda la procesión de rogativa fue «onnino gratis» por parte del clero, «por dictamen delos Sres. Curas propios D. Fernando Sánchez de Vargas, D. Antonio José Delgado y D. Manuel Buiza: atendiendo a que la necesidad era común y así devia asistir el clero gratis» [8].
Días después de la celebración de la rogativa, el cabildo municipal trató el asunto de la langosta en la sesión capitular celebrada el jueves 6 de abril de 1826 [9], presidida por D. Manuel Díaz del Castillo, alcalde mayor, y encontrándose entre los capitulares presentes Lorenzo Ruiz Florindo, aguacil mayor, y a la vez maestro alarife de la villa.
En la sesión, el secretario de la Junta de Extinción de la langosta, que previamente había sido constituida y tenía a su cargo tal menester, dio cuenta y ratificó la existencia de la plaga en la «dehesa de Yeguas de este término, baldío de […], pago de olivar de Tierras Nuevas, Dehesa de Monte de D. Sebastián Adalid y la de pasto que lleva en arrendamiento D. Antonio Armero», cuya extensión era urgente por estar todas las tierras circundantes llenas de sementeras, así como el daño que podría llegar a ocasionar en la arboleda de olivar.
La citada Junta pidió a los señores capitulares los recursos necesarios para atender la urgencia que asolaba a los campos fontaniegos, que había llegado a estos desde las tierras de la Monclova –cuya jurisdicción estaba agregada a Fuentes–, y donde el ayuntamiento ya había intervenido para extinguir la plaga sin resultados. 
Visto la necesidad general, el ente municipal no creyó oportuno «por ahora» imponer al pueblo una contribución especial para asumir los gastos de la extinción de la plaga, poniendo a disposición «cuantos auxilios y recursos necesite la Junta para llevar sus deberes en la empresa que se le había confiado».
De este modo, acordaron:
Que todo vecino, por sola la cualidad de tal, sería gratificado con un celemín por langosta cogida por si o a sus expensas en el término y jurisdicción de la villa, conduciéndola para su enterramiento a los puntos designados.  
Del mismo modo, a aquel vecino que no pudiera o no quisiere contribuir con su implicación personal física, pudiera pagar a otros para que lo hiciesen, a celemín por langosta igualmente.
También hicieron constar que las medidas promovidas por el ente municipal y la junta para la exterminación de la plaga, no eran incompatibles con otras posibles iniciativas iniciadas por los labradores, hacendados, pizjuajeros o comerciantes, entre otros, siempre que contaran con el parecer de los peritos.
Acuerdos que determinaron fueran publicados por los edictos y pregones de costumbre entre la población.

OTRAS ROGATIVAS AL SEÑOR DE LA HUMILDAD EN EL SIGLO XIX
A lo largo del siglo XIX, se tiene constancia documental de otras rogativas extraordinarias al Señor del Postigo, tales como las acontecidas en 1856 y en 1859, la primera por exceso de lluvias y la segunda por todo lo contrario, la ausencia de las mismas.
El domingo 1 de enero de 1856 se reunió «la junta de Sres. Oficiales en casa del Hermano Mayor con motivo de la angustiosa aflicción que había en el pueblo y en el Reyno causada por el tenaz temporal de lluvias que hasta aquella fecha se había dignado mandar su Divina Majestad, a fin de promover y implorar del Señor su Misericordia, y después de haber hablado todos, se acordó hacer una Novena a nuestro Señor de la Humildad, todo lo mejor que se pudiera» [10]. 
La novena comenzó el día 11 de enero «con su música», y transcurrió en la propia Ermita de San Francisco, predicando la función que cerró la misma el presbítero D. Juan Antonio López.
Como citábamos antes, tres años después la situación fue totalmente contraria. El 10 de abril de 1859 los hermanos se reunieron en cabildo, en el que se manifestó que hallándose «en el conflicto por la falta de lluvias para los campos, si le parecía a la Hermandad, se bajaría al Señor para hacerle una novena con toda la majestad que nuestras fuerzas alcánzanse» [11].
En la citada reunión se presentaron tres representantes del gremio de arrieros y trajineros, los cuales tenían recogida cierta cantidad de donativos y querían sacar al Señor a la calle en procesión.
Tras las deliberaciones, acordando los presentes se hiciere la novena, y si en el transcurso de ésta el Señor no remediaba, hacer la función y procesión de rogativa pidiendo clemencia divina.  


NOTAS:
1] Fuentes fue cabeza de vicaría eclesiástica hasta el siglo XIX, comprendiendo las iglesias, conventos y ermitas de los territorios de Fuentes y La Monclova.
2] (A)rchivo (H)ermandad de la (H)umildad de (F)uentes de Andalucía. Libro de Acuerdos 1732-1903. Cabildo 1826-III-26. Folio 32 vto.
3] Ibídem. Folio 33.
4] Ibídem. Folio 33.
5] (A)rchivo (P)arroquial Santa María la Blanca de (F)uentes de Andalucía. Libro 14 de Entierros. Folio 226 vto.
6] Ibídem. Folio 226 vto.
7] Ibídem. Folio 226 vto.
8] Ibídem. Folio 227.
9] (A)rchivo (H)istórico Municipal de (F)uentes de Andalucía. Libro 15 Actas Capitulares. Cabildo 1826-IV-26. Folio sin numerar.
10] A.H.H.F. Libro de Acuerdos en Op. Cit. Cabildo 1856/I/1. Folio 54 vto.
11] A.H.H.F. Libro de Acuerdos en Op. Cit. Cabildo 1859/IV/10. Folios 59 vto. – 60. 

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