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A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se levanta una fuente que desde siglos atrás fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario». Ésta se surte a partir de un complejo sistema subterráneo de captación y conducción de aguas formado por dos manantiales o “minas”.

Rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes de los Ruiz Florindo intervienen en el conjunto, ya que se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía.

miércoles, 24 de marzo de 2021

LA CONGREGACIÓN DE SIERVOS Y SIERVAS DE MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES DE FUENTES DE ANDALUCÍA

 


Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía

La Orden de los Siervos de María, también conocidos como servitas, es una orden religiosa católica de vida apostólica y de derecho pontificio, fundada en 1233 en Florencia (Italia) por siete hombres –conocidos por la literatura cristiana como los siete santos fundadores–, de orígenes nobles y burgueses.

La Orden pronto conoció una gran expansión y se convirtió, sin duda, en una de las más importantes de la Iglesia no sólo por el número y ciencia de sus frailes, sino también por la importancia de su rama de monjas contemplativas, que siguieron el espíritu de Santa Juliana de Falconieri, hermana de uno de los siete fundadores.

A ambas ramas se sumaron las numerosas congregaciones de religiosas de vida activa, sus institutos seculares y, sobre todo, por la enorme relevancia de su Orden Tercera de Seglares. Muchas de estas últimas, han derivado en los últimos siglos en cofradías de penitencia, conformando el amplio árbol de la familia servita.

Con el aval de siglos de historia y expansión del carisma servita, sería un presbítero de la Orden de Clérigos Menores –el padre Manuel Gil– quién llevaría a cabo la fundación, en los albores del siglo XIX, de la congregación servita en Fuentes de Andalucía. Tal hecho aconteció el 23 de noviembre de 1806 en la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca, en una ceremonia a la que concurrieron “un crecido número de personas de ambos sexos”, el clero de la villa y una representación del ayuntamiento, como poder civil; dando de todo ello fe en testimonio de la verdad el escribano público Gerónimo Ruiz Ibañez.

La fundación había sido aprobada con fecha 4 de julio de 1806 por el Provincial de la Orden Servita de la provincia de España, quién había conferido al citado padre Gil facultades para tal fin, y ratificada con licencia del Ordinario –el arzobispo de Sevilla– el 7 de agosto del mismo año.

Su principal objetivo y fin, según consta en sus reglas fundacionales, era “renovar la memoria de los Dolores de María Santísima y los de Jesucristo Nuestro Señor”, pudiendo formar parte de la misma todos los hombres y mujeres de conducta cristiana.

El gobierno de la Congregación corría a cargo de una serie de oficiales, cada uno de ellos con unas competencias determinadas, todos bajo la dirección del Corrector, que tenía que ser un presbítero, el cuál era la cabeza de corporación y a quiénes tenían que obedecer. El primer corrector de los servitas fontaniego fue el cura D. Mateo de los Reyes y Montenegro.

Este era el encargado de la bendición de los escapularios y coronas, admitir los santos hábitos y profesión, y ordenar y dirigir las festividades, así como velar por el cumplimiento de las reglas. La Junta estaba compuesta por un subcorrector, un prior, dos diputados eclesiásticos y dos seculares, un maestro de novicios, dos enfermeros, un limosnero, un depositario, un secretario, una priora, una maestra de novicias y dos enfermeras. 

Erigida la congregación, esta encargó al ubriqueño José Fernández Guerrero “vecino de Cádiz y escultor de mérito de la Academia de San Fernando” la efigie de la imagen titular de la misma, una dolorosa de candelero, con las manos entrelazadas y mirada implorante, con una dulce expresión de resignado dolor y mesurado dramatismo. El coste de la misma ascendió a 1.000 reales de vellón y fue sufragado por los fontaniegos –siervos de la nueva congregación– Antonio María Escalera y su hija María Dolores.

José Fernández Guerrero (1748 - 1826) se formó artísticamente en la Academia San Fernando de Madrid, de donde se trasladó a Cádiz, ciudad en la que desarrolló su profesión. Entre las escasas obras de temática religiosa que se conocen de Fernández Guerrero están la Divina Pastora que se venera en la Iglesia de los Capuchinos de Sevilla; las imágenes de San Miguel Arcángel y el Santo Ángel de la Guarda del ático del retablo mayor de la iglesia gaditana de San Juan de Dios; Nuestra Señora de la Soledad de Jerez de la Frontera; o la Virgen del Mayor Dolor de la sacristía de la capilla dedicada al beato Diego José en Cádiz.

La imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Fuentes de Andalucía guarda una asombrosa similitud con la efigie de la Virgen de las Angustias de la archicofradía del Ecce Homo de Cádiz, no documentada a la fecha, pero si atribuida con bastante acierto a Fernández Guerrero.



[A la izquierda, Nuestra Señora de los Dolores de la extinta Congregación Servita de Fuentes de Andalucía. A la derecha, Virgen de las Angustias de la archicofradía del Ecce Homo de Cádiz].

La nueva dolorosa fontaniega fue expuesta al culto en un retablo de nueva factura que fue instalado a los pies de la nave de la segunda nave de la epístola de Santa María la Blanca. El mismo importó 3.000 reales, y fue realizado por el sevillano Francisco Calvete, según diseño de Juan Agustín Cean Bermúdez, director del Archivo de Indias.



La principal fiesta de la congregación era celebrada el viernes después de la dominica de pasión –Viernes de Dolores–, precedida de un septenario a la Virgen. Convocaban también función en la dominica tercera del mes de septiembre, así como en el día de los siete bienaventurados fundadores de la Orden de Siervos de María Santísima, el 11 de febrero. Anualmente, en la festividad de San Felipe Benicio, la hermandad tenía que celebrar cabildo general, y la junta de oficiales tenía la obligación de reunirse como mínimo una vez al mes, teniendo un periodo de mandato de tres años.

Los hermanos, que anualmente sufragaban una cuota de 2 reales –al menos en la época fundacional–, tenían la obligación de llevar siempre sobre su cuerpo el escapulario bendito de la Orden, y cumplir todo cuanto fuera dictado por el padre corrector.

Estrechamente vinculada a las sagas familiares de los Fernández de Peñaranda y de la Escalera, la hermandad obtuvo en un breve espacio de tiempo un valiosísimo ajuar de ropas y joyas para su titular, de la que se conservan entre otras una corona y puñal de orfebrería, ambos en plata sobredora, una media luna de plata repujada, una saya de terciopelo rojo bordada en oro y un manto de camarín negro bordado en oro. 

La desaparición como tal de la congregación servita fontaniega se produjo a finales del siglo XIX, aunque el culto a la Virgen de los Dolores y la celebración del septenario se mantuvo hasta mediados de la segunda mitad del siglo XX. 

A finales de la década de 1970, se constituyó en la propio templo parroquial una nueva cofradía de Semana Santa, que realizó durante escasos años su estación de penitencia en la tarde noche del Lunes Santo. Esta hermandad, cuya permanencia en el tiempo fue muy corta, tomó como titulares las imágenes de un Jesús Nazareno bajo el título de Gran Poder y como efigie mariana, la de la Virgen de los Dolores de la extinta corporación servita.

Aún sin hermandad propia en la actualidad, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores ha permanecido en su emplazamiento original y recibe culto en la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, cuyo capilla mayor ha pasado a presidir durante la semana de pasión de 2021, culminando con una Solemne Función en el Viernes de Dolores.


[A la izquierda, altar extraordinario para el Septenario de la Virgen de los Dolores a finales del siglo XIX. A la derecha, imagen correspondiente al Viernes de Dolores de 2021]. 


FOTOGRAFÍAS: Fuentes Cofrade, Cofradía Ecce Homo de Cádiz y fototeca particular del autor. 



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