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A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se levanta una fuente que desde siglos atrás fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario». Ésta se surte a partir de un complejo sistema subterráneo de captación y conducción de aguas formado por dos manantiales o “minas”.

Rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes de los Ruiz Florindo intervienen en el conjunto, ya que se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía.

domingo, 24 de julio de 2022

UN CARTEL RANCIO, PARA UNA FERIA HISTÓRICA Y CON HISTORIA.

El cartel anunciador de la Feria de Fuentes de Andalucía 2022 sigue claramente las líneas clásicas y propias de la cartelería costumbrista de fiesta, imperante en España en la primera mitad del siglo XX.

La escena principal la ocupa una imagen pictórica de corte costumbrista, en la que aparecen tres mujeres ataviadas con la indumentaria propia de las ferias andaluzas: mantones bordados, mantilla, peinas y flores en la cabeza, pendientes de aros, usando abanico… Esta se debe al pintor valenciano Juan José Barreira Polo (1887- 1957), prolífico en este tipo de obras, muchas de ellas dirigidas a cartelería.

En la cabecera del cartel destaca la palabra FERIA, para la que se ha utilizado la fuente SVQ Justa Display, del proyecto justayrvfina.com. Una tipografía basada en la azulejería del nomenclátor de las calles de Sevilla y muchos de sus pueblos, y sostenida en la base que parieron los artesanos de La Cartuja de Sevilla en 1845.

La Feria de Fuentes de Andalucía está íntimamente ligada por su devenir histórico a la Ermita de San Francisco y al barrio del Postigo. Conforman un binomio inseparable con el aval de siglos de vida. Desde el siglo XVII la fiesta se viene celebrando en el mismo emplazamiento, tomando su nombre originario del principal edificio de la zona, de ahí “Fiesta de la Ermita”. Por ello, tras las mujeres aparecen dos ilustraciones obtenidas a través de fotografías del citado templo. Se hace de forma degradada, con el fin de enmarcarlo en el conjunto, y que esté presente pero sin ser relevante en la escena. A la izquierda, un fragmento de su fachada, destacando una estípite en ladrillo cocido labrado por la saga de alarifes fontaniegos Ruiz Florindo, y a la izquierda, los tejados, cúpula, linterna y espadaña del citado edificio religioso. Sobre ello, aparece sutilmente la firma autógrafa de Alonso Ruiz Florindo.

En pleno Año Florindo, la figura de estos alarifes era imprescindible en la cartelería que nos ocupa. Alonso, de cuyo nacimiento se cumple en 2022 su tercer centenario, mostró plenamente sus cualidades artísticas en la obra de la Ermita de San Francisco (1751- 1758), edificio donde manifestó su capacidad creativa para el adorno basado en el uso del ladrillo tallado y de la ornamentación de yeserías, con el uso de un amplio abanico de elementos ornamentales procedentes de la tradición arquitectónica.

Las tres mujeres se presentan tras una reja, que está cubierta por un mantón bordado y un capote torero de paseo. Sobre este espacio, aparece en líneas el emblema del Señorío –posteriormente marquesado– de Fuentes, y a la sazón escudo de la población hasta fechas recientes. Tal ilustración procede de la página 1 de la revista de Feria de 1955.

En este mismo espacio, y sostenido por la mano derecha de la mujer que aparece sentada en primer plano, se ha introducido el detalle de una papeleta de la “rifa del cochino” de la Hermandad de la Humildad de 1898, basada en un original de la época. Esta tradición, que data de 1869, se mantiene en la actualidad, por lo que se convierte en un hecho idiosincrático y muy particular de la fiesta en sí.

En los extremos inferiores de la escena pictórica, se mantienen la firma del autor de la misma y de la empresa encargada de su reproducción: Imprenta y Litografía Ortega, marca histórica valenciana (1871-2008), referente nacional de las artes gráficas en los siglos XIX y XX.

El espacio inferior del cartel está dedicado a los textos relativos al anuncio de la celebración de la feria, con los días de fiestas, el lugar de celebración, la oferta prevista y el ente organizador; todo ello plasmado con tipografía clásica propicia y habitual en la cartelería de base. Así mismo constan el escudo oficial de Fuentes de Andalucía, el anagrama del Año Florindo y un conjunto de orlas en líneas, todo ello en la combinación de dos únicos colores, en sintonía cromática con el cartel en su conjunto.

En el centro del texto “Primitiva Fiesta de la Ermita que desde antaño festeja esta población”, en clara alusión al sentido histórico de la fiesta, aparece la reproducción de una imagen mariana. Se trata de la Virgen de Consolación, titular letífica primitiva de la Hermandad de la Humildad, y origen de las fiestas, surgidas en su honor y derivadas al hecho actual. Tal reproducción procede de la cruz de plata –fechada en 1666– del asta del estandarte de la citada cofradía.

En su conjunto el cartel difiere de los formatos habituales. Su composición vertical, y de formato estrecho, se ciñe a las dimensiones tradicionales de esta tipología de cartelería.

viernes, 25 de marzo de 2022

PROHIBIDAS LAS COFRADÍAS, EL SEÑOR DE LA HUMILDAD SALIÓ EN 1822


El pronunciamiento del teniente coronel Riego que restableció la monarquía constitucional en la España de 1820, iniciándose con ello el denominado Trienio Liberal, tuvo consecuencias directas en las cofradías, pues ante las restricciones que les fueron impuestas éstas declinaron realizar sus estaciones de penitencia. Las estrictas reglamentaciones se prologaron durante los años sucesivos, dando lugar a un largo quinquenio sin cofradías en las calles de Sevilla. Una ausencia que se extendió más allá del regreso del absolutismo, no recuperándose la normalidad hasta la Semana Santa de 1826.

En ellas se impedía a las hermandades el uso de capirotes, antifaces y túnicas, les prohibía estar en la calle después del toque de oraciones y mandaba a las de madrugada que no salieran hasta el amanecer, todo ello en bien del «interés público y la conservación del orden». Ante ello, las corporaciones declinaron efectuar sus estaciones de penitencia por «las extrañas condiciones que imponía la autoridad civil con alardes arbitrarios y las hostilidades a las nuevas ideas», argumentando que lo dispuesto iba en contra de sus tradiciones.

Pero que no lo hicieran en la capital, no implica que en otros puntos de la geografía provincial las cofradías no realizaran sus pertinentes estaciones de penitencia, en cumplimiento de su regla de dar culto público a sus Titulares, siempre que las condiciones económicas de las corporaciones, las circunstancias atmosféricas u otra serie de aspectos mayores lo permitieran.

De este modo, en 1820 hicieron su estación de penitencia en Fuentes de Andalucía las cofradías del Señor de la Humildad (Miércoles Santo), Vera Cruz (Jueves Santo) y Santo Entierro (Viernes Santo), y en 1821 fueron dos las cofradías que pudieron procesionar. El 19 de abril, Miércoles Santo, lo hizo la de la Humildad y el Jueves Santo, la de Jesús Nazareno, desde el convento de los frailes mercedarios descalzos. Y es a partir de 1822 cuando se produce un trienio en el que las cofradías fontaniegas no llevan a cabo sus públicas estaciones de penitencia, sumándose de este modo a la larga ausencia de la capital hispalense. Tal es así, que no lo hicieron en 1822, 1823 ni 1824 [1].

Fue únicamente la cofradía de la Humildad la que consiguió mantenerse activa ininterrumpidamente durante estas primeras convulsas décadas del siglo XIX. Desde 1825 a 1830 –ambos inclusive– es la única hermandad que logra poner su cofradía en la calle durante la Semana Santa fontaniega. Ya en la década de 1830 se localizan datos esporádicos de actividad en las cofradías de Jesús Nazareno y del Santo Entierro, y no es hasta 1841 cuando de nuevo certificamos documentalmente una Semana Santa completa con las cofradías de Humildad el Miércoles Santo, Vera Cruz en la tarde de Jueves Santo, Jesús en la madrugada del Viernes Santo y el Santo Entierro en este último día en horario vespertino.

Retrocediendo al inicio, en el que citábamos cómo a pesar de las restricciones y la ausencia de cofradías en la capital, en Fuentes las cofradías salieron en 1820 y 1821, no ocurriría ya lo mismo en 1822, cuando el culto fue estrictamente interno.

A pesar de ello, el Señor de la Humildad sí procesionó –aunque la Virgen de los Dolores no lo hiciera–. No fue en Semana Santa, sino en los días de Cuaresma, y lo hizo en dos ocasiones en un transcurso de nueve días. Así queda asentado en los libros de colecturía de la parroquia Santa María la Blanca, en cuyas páginas quedan detallados los gastos que las procesiones y cultos al Señor ocasionaron.

El 17 de marzo de 1822 se «trajo el Señor de la Humildad a la Yglesia para hacerle un Novenario de Misas» [2] con la asistencia de todo el clero, «en procesión de rogativas» desde la ermita de san Francisco. La iniciativa clamaba la gracia de la lluvia ante la calamitosa situación de sequía que azotaba al campo fontaniego.

En adelante, y durante nueve días, el Señor de la Humildad presidió en el templo mayor de Santa María la Blanca un «novenario de misereres», concluyendo el domingo 24 de marzo con función solemne y sermón. Concluidos los cultos, el lunes 25 la devota efigie del Señor de la Humildad regresó a su barrio del Postigo del Carbón en procesión de rogativas, tal como a la ida.

Fue un 25 de marzo, como hoy, pero dos siglos atrás.

Francis J. González Fernández 
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía 


 

NOTA: La imagen que ilustra este artículo es una recreación que no corresponde a la realidad.

[1] Para profundizar en el hecho, véase: GÓNZALEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Cuando Sevilla se quedó sin cofradías, pero en Fuentes de Andalucía salieron los pasos a la calle. 1820 / 1821. En Revista de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía 2020. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Jesús de la Santa Vera Cruz y María Santísima del Mayor Dolor, 2020, núm. 25, págs. 20-22.

[2] Archivo Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía. Libro 14 de Entierros. Folio no paginado.


lunes, 21 de marzo de 2022

LA FOTO DEL CARTEL DEL SAHUMERIO, DE DON JUAN “EL DE LA LUZ”

Por escaparates y muros de comercios y bares, por las redes sociales o en los tablones de anuncios de las iglesias y casas de hermandad luce desde hace unos días el cartel de “El Sahumerio 2022”, que anuncia –según esta tertulia cofrade fontaniega– la inminente llegada de una anhelada Semana Santa.

El cartel lo ilustra una vanguardista obra del polifacético artista Miguel Caiceo, que ha dado una especial relevancia a la arquitectura de los Ruiz Florindo; un guiño de la tertulia para sumarse a la conmemoración del Año Florindo, que a lo largo del presente impulsará el ente municipal fontaniego.

El centro de la arriesgada obra pictórica mixta lo ocupa la portentosa imagen del Señor de la Humildad, titular de la cofradía homónima con sede en la Ermita del Postigo. La fotografía muestra la talla completa del Cristo, con el juego de potencias y corona de espinas de plata del siglo XVIII, sin caña, en un perfil buscado para poder apreciar el rostro. La soga al cuello, en varias vueltas, cuyos extremos caen por su lado izquierdo, tras la pierna en la que apoya el característico brazo en el que Jesús de la Humildad sostiene absorto su cabeza. Y como último detalle, una tela adamascada recubre la peña sobre la que Cristo toma asiento. Tras Él, un arrugado paño hace de telón de fondo.

La misma se trata de una fotografía inédita, realizada en los primeros años del siglo XX por Juan Nepomuceno Díaz Custodio, y muy probablemente la instantánea más remota de las que a la fecha se conocen del Señor de la Humildad.  

¿Y quién fue esta persona? Pues si al salir de “las monjas” usted enfila la calle Mayor, en la fachada de la casona que se sitúa a su izquierda podrá leer en un azulejo: Fábrica de electricidad, fundada en 1904 por Juan N. Díaz Custodio. Pues a este ecijano, nacido en 1875, debemos la preciada foto.

Licenciado en Derecho, que nunca ejerció, compaginó sus estudios superiores con los de Física, convirtiéndose en un destacado especialista en energía eléctrica. Fotógrafo aficionado, desde principios de siglo atesoró numerosos premios de certámenes fotográficos nacionales e internacionales. Instaló fábricas de electricidad en varios pueblos andaluces, entre ellos Fuentes, y experimentó en la aviación y en la radio.

Reconocido internacionalmente por sus retratos, Díaz Custodio dominó de forma inusual la técnica del contraluz, lo que para cualquier fotógrafo era un reto, consiguiendo dar bellísimos detalles en las sombras, siendo reconocido como el mejor retratista de la escuela sevillana.

Un hombre pionero en muchos campos, un erudito adelantado a su tiempo, que se postró ante la portentosa efigie del Señor de la Humildad para inmortalizarlo tal y como lo podemos observar y venerar en esta preciosa fotografía con más de un siglo de existencia.

Posiblemente sería en la sacristía de la Ermita, colocando al Señor sobre una pequeña mesita, tal como se observa en la fotografía original. Y no fue la única estampa inmortalizada, pues en el valiosísimo archivo de Díaz Custodio se conserva una segunda placa estereoscópica de un primer plano del Señor, a modo de retrato, en el que el Cristo se muestra sin potencias y con la soga o cordón hacía su lado izquierdo.

Don Juan, que era la forma en la que sus contemporáneos lo nombraban, era bisnieto de la fontaniega Pilar Armero Almazán –nacida en Fuentes en 1781– y nieto de Juan Nepomuceno Díaz Armero, a la sazón primo hermano y posteriormente cuñado de Francisco Armero Fernández de Peñaranda, el general Armero.

Coincidiendo con la instalación de la fábrica de electricidad de Fuentes, Juan N. Díaz trasladó su residencia a Fuentes durante un tiempo, acompañado de su mujer Lola Gálvez Lagrera, y una hermana de esta, Pastora.

Fue el 1 de enero de 1905 cuando quedaría inaugurado el primer servicio de alumbrado eléctrico público fontaniego, que había sido adjudicado en subasta pública en agosto de 1904 a Juan N. Díaz Custodio y José Piñero Fraile por un periodo de veinte años, únicos postores que concurrieron a la convocatoria. Y no era este el único hecho relevante que Fuentes gozaba en estos meses, rodeado de un panorama de penuria, hambre y una pertinaz sequía que provocó un desconsolador paro obrero. El 23 de septiembre de 1904, mientras los operarios de don Juan tendían el cableado eléctrico por las calles de Fuentes, en el barrio del Postigo las Hermanas de la Cruz inauguraban su convento, asentándose en el antiguo arrabal dieciochesco, aledaño a los viejos muros de la Ermita de San Francisco, la casa del Señor de la Humildad.

Pronto entablaron cariño y apego los Díaz Gálvez con las primeras hermanas que llegaron a Fuentes, en especial Pastora. Ello les llevó a conocer personalmente a sor –santa– Ángela de la Cruz en sus estancias en Fuentes y colaborar en el sostenimiento del nuevo cenobio fontaniego, y sería a través de las propias hermanas de la Cruz como Juan N. Díaz llegaría hasta el Señor de la Humildad, e inmortalizarlo. Muy probablemente, sería la primera cámara fotográfica de la historia que entrara entre aquellos paredones, y de tal forma quedaría prendado Díaz Custodio, que terminó formando parte de la nómina de hermanos de la Humildad, así como posteriormente algunos de sus hijos, los Díaz Gálvez.

Tal fue el reconocimiento y admiración del matrimonio Díaz Gálvez por la magnífica labor que las hermanas de la Cruz desarrollaban, que no cesaron en su empeño hasta conseguir que las hijas de sor Ángela abrieran casa en su Écija natal.

Francis J. González Fernández

  

NOTA: Mi gratitud a la familia de Juan N. Díaz Custorio, herederos de su legado, y a Julio Arturo Cerdá, custodio de la valiosísima colección fotográfica.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

ARCHIVO PARROQUIAL. Acta de bautismo de María del Pilar Armero Almazán. 13 de octubre de 1781.

CERRO RAMÍREZ, Jesús. I Centenario del alumbrado eléctrico en Fuentes de Andalucía. Revista de Feria de Fuentes de Andalucía 2005. 2005, IIª época, p. 43-45.

FREIRE GÁLVEZ, Ramón. D. Juan N. Díaz Custodio: Écija, de siglo a siglo. Écija: Gráficas Sol, 1994.

MORENO DE LOS RÍOS DÍAZ, Ramón y CERDÁ PUGNAIRE, Julio. Juan N. Díaz Custodio: el genio de la luz (1893-1912). Écija: Asociación Amigos de Écija, 2016.




miércoles, 26 de enero de 2022

ASÍ APARECE FUENTES EN UN MAPA DE 1563, CONSERVADO EN FLORENCIA (ITALIA)

El destacado Palacio de la Señoría (Palazzo Vecchio) de Florencia, mandado construir bajo el patronazgo del duque Cosme I de Medici, acoge entre sus valiosas dependencias un habitáculo conocido como la Sala de los Mapas Geográficos

La Stanza delle Mappe geografiche (Sala de los Mapas geográficos), o del Guardaroba (guardarropa) era donde los Medici conservaban sus preciadas pertenencias. La estancia se remonta al arquitecto y pintor Giorgio Vasari, y los muebles y el techo son de Dionigi Nigetti. Las puertas de los armarios están decoradas con 53 mapas pintados al óleo por el fraile dominico —cosmógrafo y matemático Ignazio Danti (1563-1575) y por Stefano Bonsignori (1575-1584). Son de gran interés histórico y dan una idea de los conocimientos geográficos del siglo XVI. En el centro de la sala se expone el famoso globo Mapamundi, obra de Buonsignori e Ignazio Danti, que cuando se construyó en 1581 era el más grande en el mundo, hoy deteriorado por sucesivas restauraciones.

Uno de los mapas que dotan a la estancia en cuestión de su inmenso valor, es el titulado "LA SPAGNA" (1563). En la zona meridional, rotula —en casos con errores tipográficos de la época— las ciudades y villas más importante y destacadas del Reino de Sevilla, y aquellas que aunque de menor entidad eran ya a la fecha de considerada relevancia por su ubicación. Y este es el caso de la villa de Fuentes. Ahí aparece, cercana a Écija, próxima a la Venta del Palmar.


Si durante quince siglos la Vía Augusta había sido la principal vía de comunicación que atravesaba la campiña sevillana, es en la primera mitad del siglo XVI cuando, por primera vez, aparece documentalmente un nuevo trazado que influiría considerablemente en el desarrollo y auge de la naciente villa de Fuentes y que sería conocido como Carril o Ruta de la Lana. Una significativa localización geográfica como punto de paso en una importante vía de comunicación, que provocó que Fuentes recibiera importantes personalidades históricas de la época y apareciera situada en los principales mapas de la época.

Fernando Colón, hijo del descubridor, realizó en torno a 1517 un conjunto de noticias geográficas que darían lugar a su obra «Descripción y Cosmografía de España». En ella aparecían dos caminos para unir Sevilla y Córdoba con Toledo, Madrid y Alcalá de Henares, en el centro de la Península, recogiendo dos trazados para desplazarse entre Córdoba y Sevillla: uno por la margen derecha del Guadalquivir, y otro por Guadalcázar, Écija, Fuentes, Carmona y Sevilla, atravesando la villa fontaniega a través de la entonces calle Mayor. 

Así lo cita expresamente Fernando Colón: «Sevilla es ciudad de treinta mil vecynos e fasta alcala de henares ay ochenta e tres leguas e van por carmona seys leguas e por huentes quatro leguas e por ecija cinco leguas e por cordoba e por ademuz e por almodovar del rio e por caracuel e por cibdad real e por malagon e por mançaneque e por mora e por guerta e por Ocaña e por chinchon e por arganda».

Es también en la centuria del XVI cuando aparecen los primeros repertorios de caminos, posiblemente las primeras publicaciones europeas con carácter utilitario, a modo de guías de viaje, que aportaban valiosa información sobre los caminos existentes y su estado de conservación.

De este modo surgen los trabajos de Pero Juan Villuga en 1546 y Alonso Meneses en 1576. Ambos recogen el camino para ir de Sevilla a Córdoba que pasaba por Fuentes y que ya citara Colón, añadiendo los lugares geográficos de la Venta del Alvar, entre Carmona y Fuentes, y la Venta del Palmar, entre Fuentes y Écija.  

Estos itinerarios se consideraban los más rápidos para los desplazamientos y eran los que probablemente se encontraban en mejores condiciones.

En 1727, Pedro Pontón sigue localizando a Fuentes como lugar de paso obligado en el camino de Madrid a Sevilla.

El siglo XVIII supuso un cambio sustancial en lo que a los caminos se refiere. La Corona asumió que era tarea suya facilitar unas comunicaciones eficaces y para ello abordó la construcción de una red de «caminos reales» destinados a conectar Madrid (la Corte) con la periferia de la Península, y que en muchos casos tomaron nuevos trazados, dejando al margen de su recorrido ciudades importantes, tales como el caso de Toledo.

El Camino de Andalucía era de vital importancia para el conjunto del país. Por él discurría el tráfico de mercancías que se embarcaba en Cádiz con destino a América, así como las que venían de las colonias con destino a la Corte de Madrid.

Fue en el último cuarto de siglo, coincidiendo con la creación de las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena y la apertura del paso por Despeñaperros, cuando se trazó el tramo del Camino Real de Andalucía que discurre en las cercanías de Fuentes. Un itinerario que unía Madrid con Sevilla y Cádiz y por cuya actuación, Fuentes quedó a escasas leguas del nuevo Camino Real, que venía a coincidir con el trazado a la primitiva Vía Augusta romana, provocando la pérdida de relevancia que durante al menos dos siglos había tenido el Carril de la Lana, que atravesaba la propia población.

Los caminos fueron mejorando a lo largo de los siglos XIX y sobre todo el XX, convirtiéndose en carreteras de firme, hasta la construcción de la Autovía de Andalucía, llevada a cabo entre 1984 y 1992, que igualmente unía Madrid con Sevilla y ésta con Cádiz.




Ficha cartográfica: DANTI, Egnazio. 1563. Mapa della Spagna. Sin escala. La Stanza delle Mappe geografiche. Palazo Vecchio. Florencia. (Referencia facilitada por el Aula Miguel Cala Sánchez de la Universidad de Sevilla).

Fotografías: David Ruiz García.

viernes, 14 de enero de 2022

JOSÉ NAVARRO CARRERO «ZACARÍAS». EL NIÑO DE FUENTES DE ANDALUCÍA

 José Navarro Carrero «Zacarías», bajo el nombre artístico de «Niño de Fuentes de Andalucía», ha sido el cantaor flamenco más completo y de mayor relevancia que ha dado esta tierra, y que de no haber sido por una serie de circunstancias, principalmente el estallido de la Guerra Civil que le alcanzó en el despuntar de su carrera, cortando el desarrollo artístico de la misma, hubiera llegado a ser una máxima figura de renombre nacional.

Zacarías nació el 4 de mayo de 1915 en el número 53 de la calle de la Rosa (Estrella), hijo del matrimonio formado por Diego Navarro y Mercedes Carrero.

Desde la infancia empezó a cantar y conocer los palos del flamenco. Su padre tenía una taberna en «El Postigo», la primera en Fuentes que contó con gramófono y que llamaban en el tiempo «máquina cantaora». Todas las placas de pizarra (discos) que tenían eran de cante flamenco, de donde aprendió mucho «Zacarías». Aún siendo un chaval marchó a Sevilla, donde subió por primera vez a las tablas de colmaos y cafés cantantes de la época, empezando a convivir con grandes figuras del cante flamenco como Manuel Torre «Niño de Jerez», Manuel Vallejo, Pastora y Tomás Pavón, Pepe Marchena…

Pero la valía de su voz y sus capacidades para el cante hondo le hacen pegar el salto a Madrid, buscando fortuna y gloria, donde marcha en los primeros años de la República al amparo de un conocido, José Candadi, gran aficionado que trabajaba en la capital como camarero.

Comienza aquí la época dorada del cantaor José Navarro «Zacarías» que ya se anuncia en los carteles como «Niño de Fuentes de Andalucía», conviviendo en la pensión que se aloja con «El Niño León» y Juanito Valderrama, al que más de una vez, no teniendo trabajo éste último, tuvo que pagar José los cafés y las partidas de billar.

Es el año 1934, y José va ganando popularidad, consiguiendo contratos para actuar en los grandes escenarios del Madrid de la época, tales como «Villa Rosa», «Los Gabrieles», «Capitol», «Casa Juan» … y acudiendo a las fiestas de grandes personajes, entre los que se encontraba el Conde de Colombí, con el que fraguó amistad.    

«Zacarías» empieza a destacar y su nombre, junto al de su pueblo natal, ya es conocido en todos los ambientes flamencos en el Madrid republicano de estos años.

Con representante propio, llegó a grabar –según los testimonios recogidos– seis discos con «La Voz de su Amo», «El Gramófono» y «El Regal», dos de las casas discográficas más importantes del momento, acompañado a la guitarra de importantes personajes de la talla de «Habichuela el viejo» y «Manolo de Badajoz». Algunos de los cantes grabados en los discos de pizarra citados, han sido recuperados recientemente y publicado en youtube en los últimos días por Pedro Moral.  

ACCEDA AL VÍDEO PARA ESCUCHAR A ZACARÍAS EN LA DÉCADA DE 1930. 

Los años comprendidos entre 1934 y 1936 fueron los más esplendorosos y de mayor apogeo de la carrera artística del «Niño de Fuentes de Andalucía», llegando a actuar y protagonizar espectáculos en teatros de gran renombre como el «Monumental» y el «Pavón». En éste último fue a verle el «Niño de Marchena» en todo el zenit de su carrera definiendo a «Zacarías» como gran artista y dueño de una gran voz.   

Pero cuando mejor le iban las cosas, cuando todo hacía indicar que sería pronto una primera figura del cante flamenco, la guerra paró su prometedora carrera artística. El golpe de estado del general Franco le cogió trabajando, pero le cambió totalmente la vida y regresa a Fuentes ante las circunstancias en la que vive el país. 

Culminada la guerra, empieza de nuevo a hacer lo que él mejor sabía: cantar. Comienza a vivir de nuevo de su voz, pero las cosas han cambiado. Entra a formar parte de compañías artísticas de las principales figuras, primero en la del maestro Pepe Marchena, más tarde con la Niña de la Puebla, donde compartía escenario con otro cantaor fontaniego como era Pepito Aguilar «Jeringo», y por último en la Compañía de la Niña de la Huerta.

Ya en la década de 1950, «Zacarías» hace algunas temporadas en la floreciente Costa del Sol y a partir de aquí solo participaría en algunos festivales flamencos en pueblos de la comarca y en reuniones y fiestas de amigos y familiares.

En las últimas décadas, junto a la figura de «Zacarías» era indiscutible la presencia de su tocaor, Manuel López Hidalgo «Mané de Carmen Hidalgo» con el que se compenetraba maravillosamente.

Durante muchos años, el «Niño de Fuentes de Andalucía» no faltó cantando saetas a las cofradías fontaniegas, con una saeta que los entendidos califican como única, naciendo y muriendo el estilo con él. Una saeta simple y corta de duración, intensa y profunda en su ejecución que puede llegar a catalogarse como «saeta de Zacarías».

José Manuel Hidalgo «Condito», amigo inseparable del maestro Zacarías durante los últimos veinticinco años de vida del cantaor afirma que «…Zacarías estaba dotado de una gran voz, para mí una de las mejores y más flamencas que yo he conocido, “jonda” y profunda, y a la vez bonita y melodiosa cuando la ocasión lo requería; tuvo la suerte de que, a pesar de algunos excesos suyos, sobre todo con el tabaco, Dios se la conservó hasta el final de sus días».  

El 11 de abril de 1996, a los 80 años de edad, fallecía en la huerta familiar, donde vivía, José Navarro Carrero «Zacarías», el «Niño de Fuentes de Andalucía».

Con él se fueron sus tarantas y tarantos, su malagueña y todos los cantes de Levante, sus soleares, su seguiriya, sus alegrías y sus fandangos, sus milongas como “Canto a mi pueblo”, sus guajiras, sus colombianas, sus alegrías,… y sus saetas.

ACCEDA AL VÍDEO, EN UN FESTIVAL HOMENAJE A PEPE MARCHENA. 

Se fue un artista grande. Esa era su profesión y así lo reflejaba su Documento Nacional de Identidad, «Profesión: Artista».  Se perdió el duende de una voz en la historia del flamenco dejando su cante no solo en los seis discos que grabó durante su estancia en Madrid, sino en el recuerdo de los buenos aficionados que supieron dar mérito y poner en valor la gran voz del maestro «Zacarías». Una figura con una carrera artística camino de la fama que las circunstancias de la época cortaron, provocando que no llegara el triunfo esperado.

Un fontaniego que llevó el nombre de su pueblo por toda España como nominación artística: «Niño de Fuentes de Andalucía».

Referencia bibliográfica: GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado. Tomo I. Fuentes de Andalucía: Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2010, pp. 275-278.




Vídeo promocional del libro Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado. Tomo I. A partir del minuto 6:54 Zacarías canta una milonga a su pueblo. 

jueves, 12 de agosto de 2021

LA DEMOLICIÓN DE LAS ÚLTIMAS PUERTAS DE LA VILLA DE FUENTES: LOS ARCOS DE CARMONA Y DE ÉCIJA.


Francis J. González Fernández
Cronista oficial de Fuentes de Andalucía



El crecimiento y la conformación de las primeras calles de la villa de Fuentes se apoyó en los ejes perpendiculares que trazaban los principales caminos de comunicación con los núcleos poblacionales colindantes. De este modo, en el trayecto más próximo al castillo del Hierro del Carril de la Lana –que comunicaba Fuentes con Carmona y Écija– fue surgiendo la calle Mayor, y perpendicularmente, desde los pies de la originaria iglesia levantada en la colina superior, se configuró hacia el norte la calle Carrera, en comunicación con el camino de La Campana y la Vía Augusta. A espaldas de la torre del castillo, nacía en dirección suroeste el camino de Marchena, y hacia el noreste, el camino de Palma, que pasaba por las tierras y caserío de La Monclova.

Unos trazados de caminos y naciente trama urbana que determinarían del mismo modo las puertas y arcos que daban acceso a la villa, que ya en el siglo XV se hallaba barreada o cercada, una práctica frecuente en la época con objeto –sobre todo– de la prevención de epidemias y males endémicos.

A esta función se unía el papel de los accesos al caserío fontaniego, que no tenían carácter de defensa militar, sino de control tributario y, sobre todo, sanitario, favoreciendo la protección de los habitantes del lugar con el aislamiento de los mismos, controlando el acceso al núcleo de población por las puertas estipuladas.

LOS BARREOS DE LA VILLA

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el término barrear, hoy en desuso, significa «cerrar, fortificar con maderos o fajinas un sitio abierto», y en la Edad Media simplemente cercar o amurallar [1].

Con esta práctica, y ante males tan contagiosos, los pueblos se intentaban librar de las epidemias protegiendo a sus habitantes, sometidos forzosamente a un estricto control.

A lo largo de los siglos XVI y XVII la peste fue la pandemia crónica que más afectó ineludiblemente a Fuentes y su comarca, y son diversos los registros documentales que dan testimonio de ellos, así como de los consiguientes barreos llevados a cabo por iniciativa del propio cabildo municipal.

El primer cercado de la villa datado se remonta a 1583. En el cabildo celebrado por el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa el 2 de marzo de este año se acordó –ante la amenaza de la peste– el barreo del núcleo de Fuentes, dejando solo abiertas las puertas de Marchena y la del Monte, siguiendo el ejemplo de otras localidades del entorno geográfico.

«[…] En este Cabildo el dicho señor Alcalde, Cristóbal Gómez Tortolero propuso que ya que a sus mercedes es notorio como la ciudad de Écija, villa de Carmona, Marchena, Osuna y otros lugares de esta comarca se han barreado y van barreando con toda diligencia para guardarse de la peste que se dice andar en muchas partes de esta Andalucía, de manera que por la misma causa conviene asimismo que esta dicha villa se guarde y barree porque no haciéndolo se les impedirá a los vecinos de esta dicha villa la entrada, trato y comunicación con las demás partes que se guardan y que están declaradas. Una de las cuales es la ciudad de Sevilla, de donde tanto daño se seguirá a los dichos vecinos de esta dicha villa si no entrasen y tratasen en ella.
Que sus mercedes provean lo que convenga y debiéndose barrear de adonde se proveerá el dinero para ello.
[…] Asimismo que solamente queden dos puertas: la una, la puerta de Marchena, otra a la puerta del Monte que es al fin de la Carrera. Y que se tenga cuidado de enviar a la dicha ciudad de Écija por razón de los lugares de que se guarda» [2].

Años después, en el cabildo celebrado el 9 de junio de 1599 [3] se volvieron a adoptar medidas para barrear la villa y librarla de la epidemia vigente, y dos años más tardes, el 19 de marzo de 1601 [4], se tomaron nuevas acciones de cercado a consecuencia de la epidemia. Ante la magnitud de la enfermedad, en el cabildo del 27 de mayo de 1601 «se trató como respecto de que cada día va en aumento las enfermedades del hambre que por los lugares comarcanos crece, se mandó cerrar las puertas de límite y que sólo se sirviese esta villa por la Puerta del Monte y que en ella guardasen personas responsables y de confianza que pudiesen despachar entre muros y lo demás que se le ofreciese. […] los vecinos que fuesen señalados por guardas para la dicha puerta del monte, el uno de ellos ha de tener la llave y a las 3 de la mañana ha de abrir y estar advertido el día sin que ninguno falte salvo a horas de comer yendo uno y quedando otro» [5].

Décadas más tarde, en el cabildo acontecido el 3 de junio de 1637 [6], se encomendó a los regidores Pascual García Pilares y Francisco Martín de Góngora que se personaran en los lugares de la comarca con presencia de epidemia de peste, para conocer de primera mano la situación a la hora de adoptar las medidas pertinentes en la villa de Fuentes. De tal magnitud era la epidemia que días más tarde, en cabildo convocado para el 23 de junio, los presentes determinaron barrear la villa para guardarla de la peste.

Pero las epidemias no cesaban, y en 1649 amenazó de nuevo estos lares de la campiña sevillana. En cabildo del 6 de enero se acordó acometer el barreo de la villa «para evitar contagio de enfermedades» [7], de la misma forma que lo estaban haciendo otros núcleos cercanos.

Ante el temporal de invierno, que había dañado considerablemente las cercas, en abril de 1649 se acordó el reparo de las cercas y portillos que servían para proteger la villa. Durante el periodo de tiempo que la epidemia estuvo vigente, el acceso a la población era controlado por cuatro aguaciles, a los que, en cumplimiento de lo dictado en el cabildo de 12 de julio de 1649 [8], se le otorgaron 40 reales a cada uno por su diligencia en la vigilancia de las puertas y otros actos relativos a evitar el contagio de la peste.

La epidemia no remitía, y un nuevo brote se expandió por la zona, por lo que en enero de 1650 se toma la decisión de cerrar la Puerta del Monte y que sólo quede abierta la de Marchena, con los guardas pertinentes [9]. De tal magnitud fue la epidemia que el cabildo prosiguió tomando medidas en los meses siguientes, como consta en las actas de los cabildos de 24 de abril y 1 de mayo.

Casi un siglo después del primer barreo documentado de 1583, en el verano de 1679 se llevó de nuevo a cabo esta práctica en la villa de Fuentes, según unas notas aparecidas al final del libro de colecturía de la Iglesia Parroquial que da comienzo en el año 1711 [10]: «Cuando se hallavan los Pueblos sincumbezinos con la calamidad de la peste […].se Barreo esta villa teniendo en cada puerta un diputado con sus guardas para que no entrase ningun transitante». Parece ser que el 27 de agosto de 1679, habiendo sido «Dios servido de precabidad de tal conatgio», Fuentes y sus vecinos «le votaron fiesta a Ntra. Sra. y a su Patron Sn. Sebª. [San Sebastián]».

LAS ÚLTIMAS PUERTAS DE LA VILLA

Al núcleo histórico de la villa de Fuentes se accedía por medio de cinco puertas, portillos, arcos o postigos, que en su origen desempeñaron el papel de controles fiscales y sanitarios, como se ha citado con anterioridad.

La puerta o arco de Marchena se ubicaba en la zona inferior de la Barrera de Palacio (Plaza de España), en las proximidades de la torre del castillo de los Señores y franco sur de la plaza, de donde partían dos caminos distintos hacia la villa ducal, el alto y el bajo; mientras que la puerta del Monte, situada en la parte baja y extrema de la calle Carrera, comunicaba con los caminos del norte, así como con la Fuente de la Reina, principal manantial de abastecimiento de agua potable para la población fontaniega.

En los extremos de la calle Mayor se situaban las puertas de Carmona –también nombrada de Sevilla–, junto a donde se fundaría el monasterio de las Mercedarias Descalzas, y la puerta o arco de Écija, en el extremo oriental de la calle, por encima de donde hoy se sitúa la calle Roque Vasco.

Por último, en el ángulo noreste de la villa, se situaba el Postigo del Carbón, por cuyo camino se iba hacía La Monclova y Palma del Río. Un acceso de menor entidad y el último en levantarse.

En la segunda mitad del siglo XVIII aún se tiene constancia documental de la existencia física del Arco de Marchena, construido en ladrillo y encalado, siendo los arcos de Carmona y Écija demolidos en la segunda mitad del siglo XIX, y convirtiéndose de este modo en los dos últimos que desgraciadamente desaparecieron y fueron eliminados del entramado urbano.

En la sesión plenaria celebrada el 10 de marzo de 1877, el alcalde manifestó «que el arco llamado de las Monjas que se encuentra a la entrada de la calle Mayor por la parte de la Alameda, según varias personas le han hablado, y que a la simple vista se observa, se encuentra en un estado ruinoso, principalmente su clave, y hay temores de que se desprenda y pueda suceder desgracia» [11].

El ayuntamiento enterado encargó su reconocimiento a los peritos de albañilería Diego García Sánchez y Francisco Ruiz Tesoro.

Una semana después, en la posterior sesión del cabildo que tuvo lugar el día 17, se dio lectura al informe redactado por los peritos antes citados:

«[…] si bien es cierto que la clave de dicho arco está parte de ella ruinosa, no se considera esté en estado de hundimiento, todo es, que necesita hacerle la precisa reparación, pero que esta ha de ser algo costosa. El ayuntamiento después de oído a la Comisión de Ornato Público y considerando lo inútil que es la conservación de dicho arco, pues no reporta ventaja alguna a la población y sí gastos que necesariamente hay que hacer en repararlo, por unanimidad acordó: la demolición de toda parte que lo constituye […]» [12].

Esta zona de la calle Mayor, aún en las primeras décadas del siglo XXI, es conocida de forma popular entre los vecinos más mayores como «el arco».

La misma suerte corrió el arco o puerta de Écija. En el pleno municipal convocado para el 13 de abril de 1878, el alcalde manifestó «que varios vecinos se han acercado haciéndole presente el mal estado en que se encuentra el arco que de muy antiguo existe en la calle Mayor de esta población, pues se haya desplomado y abierta su clave, de manera que amenaza ruina. El ayuntamiento en su vista y considerando las desgracias que puedan ocurrir si llega a hundirse dicho arco, no tan solamente a las personas que por junto a él transitan si no es también a los edificios inmediatos, por unanimidad acordó se le haga saber al perito de albañilería Francisco Ruiz Tesoro pase inmediatamente a reconocerlo, y si lo encuentra en el estado de ruina que se dice proceda a su hundimiento con las precauciones necesarias, y sus materiales se vendan en pública subasta» [13].

Lamentablemente, el arco de Écija fue demolido, y con su desaparición se exterminó de la trama urbana fontaniega este tipo de estructuras arquitectónicas que con el desarrollo urbanístico acontecido en el siglo XVIII habían perdido sus funciones. Circunstancia que no lo exime de la irreparable pérdida que supuso para el patrimonio histórico local.   
 
 
NOTAS:
1] NAVARRO LORA, José María. Del barreo de la villa de Fuentes. En Aires Nuevos: Periódico de información local. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Asamblea local de Nueva Izquierda-Verde Andaluza (NIVA), julio 2001, I época, núm. 4, pág. 7.
2] (A)RCHIVO HISTÓRICO (M)UNICIPAL DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Actas Capitulares. Libro 1. Cabildo 2-III-1583.
3] A.M.F. Actas Capitulares. Libro 3. Cabildo 9-VI-1599.
4] Ibídem. Cabildo 19-III-1601.
5] Ibídem. Cabildo 17-IV-1601.
6] Ibídem. Libro 4. Cabildo 3-VI-1637.
7] Ibídem. Libro 5. Cabildo 6-I-1649.
8] Ibídem. Cabildo 12-VI-1649.
9] Ibídem. Cabildo 11-I-1650.
10] (A)RCHIVO (P)ARROQUIAL SANTA MARÍA LA BLANCA DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Libro 5 de Colecturía y Entierros de 1711. Fol. 27.
11] A.H.M. Actas Capitulares. Legajo 1, libro 2, folio 73. Cabildo 10-III-1877. 
12] Ibídem. Folio 78. Cabildo 17-III-1877.  
13] Ibídem. Legajo 1, libro 3, folio 85 v. Cabildo 13-IV-1878. 

miércoles, 24 de marzo de 2021

LA CONGREGACIÓN DE SIERVOS Y SIERVAS DE MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES DE FUENTES DE ANDALUCÍA

 


Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía

La Orden de los Siervos de María, también conocidos como servitas, es una orden religiosa católica de vida apostólica y de derecho pontificio, fundada en 1233 en Florencia (Italia) por siete hombres –conocidos por la literatura cristiana como los siete santos fundadores–, de orígenes nobles y burgueses.

La Orden pronto conoció una gran expansión y se convirtió, sin duda, en una de las más importantes de la Iglesia no sólo por el número y ciencia de sus frailes, sino también por la importancia de su rama de monjas contemplativas, que siguieron el espíritu de Santa Juliana de Falconieri, hermana de uno de los siete fundadores.

A ambas ramas se sumaron las numerosas congregaciones de religiosas de vida activa, sus institutos seculares y, sobre todo, por la enorme relevancia de su Orden Tercera de Seglares. Muchas de estas últimas, han derivado en los últimos siglos en cofradías de penitencia, conformando el amplio árbol de la familia servita.

Con el aval de siglos de historia y expansión del carisma servita, sería un presbítero de la Orden de Clérigos Menores –el padre Manuel Gil– quién llevaría a cabo la fundación, en los albores del siglo XIX, de la congregación servita en Fuentes de Andalucía. Tal hecho aconteció el 23 de noviembre de 1806 en la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca, en una ceremonia a la que concurrieron “un crecido número de personas de ambos sexos”, el clero de la villa y una representación del ayuntamiento, como poder civil; dando de todo ello fe en testimonio de la verdad el escribano público Gerónimo Ruiz Ibañez.

La fundación había sido aprobada con fecha 4 de julio de 1806 por el Provincial de la Orden Servita de la provincia de España, quién había conferido al citado padre Gil facultades para tal fin, y ratificada con licencia del Ordinario –el arzobispo de Sevilla– el 7 de agosto del mismo año.

Su principal objetivo y fin, según consta en sus reglas fundacionales, era “renovar la memoria de los Dolores de María Santísima y los de Jesucristo Nuestro Señor”, pudiendo formar parte de la misma todos los hombres y mujeres de conducta cristiana.

El gobierno de la Congregación corría a cargo de una serie de oficiales, cada uno de ellos con unas competencias determinadas, todos bajo la dirección del Corrector, que tenía que ser un presbítero, el cuál era la cabeza de corporación y a quiénes tenían que obedecer. El primer corrector de los servitas fontaniego fue el cura D. Mateo de los Reyes y Montenegro.

Este era el encargado de la bendición de los escapularios y coronas, admitir los santos hábitos y profesión, y ordenar y dirigir las festividades, así como velar por el cumplimiento de las reglas. La Junta estaba compuesta por un subcorrector, un prior, dos diputados eclesiásticos y dos seculares, un maestro de novicios, dos enfermeros, un limosnero, un depositario, un secretario, una priora, una maestra de novicias y dos enfermeras. 

Erigida la congregación, esta encargó al ubriqueño José Fernández Guerrero “vecino de Cádiz y escultor de mérito de la Academia de San Fernando” la efigie de la imagen titular de la misma, una dolorosa de candelero, con las manos entrelazadas y mirada implorante, con una dulce expresión de resignado dolor y mesurado dramatismo. El coste de la misma ascendió a 1.000 reales de vellón y fue sufragado por los fontaniegos –siervos de la nueva congregación– Antonio María Escalera y su hija María Dolores.

José Fernández Guerrero (1748 - 1826) se formó artísticamente en la Academia San Fernando de Madrid, de donde se trasladó a Cádiz, ciudad en la que desarrolló su profesión. Entre las escasas obras de temática religiosa que se conocen de Fernández Guerrero están la Divina Pastora que se venera en la Iglesia de los Capuchinos de Sevilla; las imágenes de San Miguel Arcángel y el Santo Ángel de la Guarda del ático del retablo mayor de la iglesia gaditana de San Juan de Dios; Nuestra Señora de la Soledad de Jerez de la Frontera; o la Virgen del Mayor Dolor de la sacristía de la capilla dedicada al beato Diego José en Cádiz.

La imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Fuentes de Andalucía guarda una asombrosa similitud con la efigie de la Virgen de las Angustias de la archicofradía del Ecce Homo de Cádiz, no documentada a la fecha, pero si atribuida con bastante acierto a Fernández Guerrero.



[A la izquierda, Nuestra Señora de los Dolores de la extinta Congregación Servita de Fuentes de Andalucía. A la derecha, Virgen de las Angustias de la archicofradía del Ecce Homo de Cádiz].

La nueva dolorosa fontaniega fue expuesta al culto en un retablo de nueva factura que fue instalado a los pies de la nave de la segunda nave de la epístola de Santa María la Blanca. El mismo importó 3.000 reales, y fue realizado por el sevillano Francisco Calvete, según diseño de Juan Agustín Cean Bermúdez, director del Archivo de Indias.



La principal fiesta de la congregación era celebrada el viernes después de la dominica de pasión –Viernes de Dolores–, precedida de un septenario a la Virgen. Convocaban también función en la dominica tercera del mes de septiembre, así como en el día de los siete bienaventurados fundadores de la Orden de Siervos de María Santísima, el 11 de febrero. Anualmente, en la festividad de San Felipe Benicio, la hermandad tenía que celebrar cabildo general, y la junta de oficiales tenía la obligación de reunirse como mínimo una vez al mes, teniendo un periodo de mandato de tres años.

Los hermanos, que anualmente sufragaban una cuota de 2 reales –al menos en la época fundacional–, tenían la obligación de llevar siempre sobre su cuerpo el escapulario bendito de la Orden, y cumplir todo cuanto fuera dictado por el padre corrector.

Estrechamente vinculada a las sagas familiares de los Fernández de Peñaranda y de la Escalera, la hermandad obtuvo en un breve espacio de tiempo un valiosísimo ajuar de ropas y joyas para su titular, de la que se conservan entre otras una corona y puñal de orfebrería, ambos en plata sobredora, una media luna de plata repujada, una saya de terciopelo rojo bordada en oro y un manto de camarín negro bordado en oro. 

La desaparición como tal de la congregación servita fontaniega se produjo a finales del siglo XIX, aunque el culto a la Virgen de los Dolores y la celebración del septenario se mantuvo hasta mediados de la segunda mitad del siglo XX. 

A finales de la década de 1970, se constituyó en la propio templo parroquial una nueva cofradía de Semana Santa, que realizó durante escasos años su estación de penitencia en la tarde noche del Lunes Santo. Esta hermandad, cuya permanencia en el tiempo fue muy corta, tomó como titulares las imágenes de un Jesús Nazareno bajo el título de Gran Poder y como efigie mariana, la de la Virgen de los Dolores de la extinta corporación servita.

Aún sin hermandad propia en la actualidad, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores ha permanecido en su emplazamiento original y recibe culto en la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, cuyo capilla mayor ha pasado a presidir durante la semana de pasión de 2021, culminando con una Solemne Función en el Viernes de Dolores.


[A la izquierda, altar extraordinario para el Septenario de la Virgen de los Dolores a finales del siglo XIX. A la derecha, imagen correspondiente al Viernes de Dolores de 2021]. 


FOTOGRAFÍAS: Fuentes Cofrade, Cofradía Ecce Homo de Cádiz y fototeca particular del autor. 



domingo, 28 de febrero de 2021

DE ANDALUCÍA, FUENTES

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía 


 

FUENTES

Si recurrimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua, en la primera acepción de la palabra «Fuente» este describe el término como «manantial de agua que brota de la tierra».

Los numerosos pozos y manantiales que abundan por el entorno y en la propia población nos dan el suficiente argumento, junto con las fuentes documentales históricas conocidas, para corroborar que el lugar de Fuentes tomó su nombre de las propias características físicas de su territorio; un emplazamiento que comenzó a forjarse como villa en la segunda mitad del siglo XIV en torno a la torre y fortificación que en la actualidad se conoce bajo la denominación de Castillo del Hierro.

Uno de los documentos históricos más remotos conocido, que prueban la abundancia de agua en el lugar, es un memorial del regidor carmonense Jerónimo Barba de mediados del siglo XVI, que se conserva en el Archivo Histórico de Carmona. En él se denuncia que los moradores de Fuentes se habían apropiado de distintas tierras, en donde están «la fuente de la Aljabara, que era agua morisca, un despoblado realengo (San Pedro de Albadalejo); más de cuarenta pozos y fuentes moriscas, entre las cuales estaban las siguientes: Agua de Alvadalejo, Agua de los Álamos, Agua de la Fuente de la Enea, Fuente Recacha, Fuente de la Reina, Cuelgamuros y La Peñuela, Fuente del Cabo, El Cañuelo y el Añorete».

 

DE ANDALUCÍA

Pero no es hasta el siglo XVIII cuando se comienza a citar a Fuentes de Andalucía con la denominación actual, teniendo como objetivo el sobrenombre «de Andalucía» distinguir la villa de Fuentes, en las tierras de Sevilla, con las que con el mismo nombre existían en otros territorios peninsulares.
Por esta causa, ya en documentos de los siglos XVI y XVII se hallan ciertas referencias que citan «villa de Fuentes, en Andalucía», para distinguirla. La denominación actual aparece por primera vez en una carta oficial de don Manuel Fernández de Córdoba y Mendoza, marqués de Fuentes, al teniente corregidor de la villa, fechada en 15 de Enero de 1773, siendo a partir de 1791 cuando se generaliza dicho nombre.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en España se registran los siguientes municipios que comparten la primera parte de su nominación con Fuentes de Andalucía. Tales son Fuentes de Año (Ávila), Fuentes de León (Badajoz), Fuentes de Ayódar (Castellón), Fuentes (Cuenca), Fuentes de Carbajal (León), Fuentes de Nava (Palencia), Fuentes de Valdepero (Palencia), Fuentes de Béjar (Salamanca), Fuentes de Oñoro (Salamanca), Fuentes de Magaña (Soria), Fuentes Calientes (Teruel), Fuentes Claras (Teruel), Fuentes de Rubielos (Teruel), Fuentes de Ropel (Zamora), Fuentes de Ebro (Zaragoza) y Fuentes de Jiloca (Zaragoza), además de varias unidades poblacionales que pertenecen a otro municipio y no tienen entidad propia. De todos los núcleos, Fuentes de Andalucía es el mayor en número de población con 7.152 habitantes, seguido de Fuentes de Ebro con 4.549 [Fuente: INE. Año 2020]. 

martes, 23 de febrero de 2021

23-F. CUARENTA AÑOS DESPUÉS. ASÍ LO VIVIÓ FUENTES

 

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía
 
Un nuevo presidente pidiendo apoyos a las puertas de su investidura, España en crisis económica y la población fontaniega arrastrando las consecuencias de la recesión, que se agravaba con un invierno seco y sus repercusiones en la economía básicamente agrícola de la campiña de Sevilla. Pero a pesar de las penurias, en las alacenas de Fuentes olía a febrero, y en los lebrillos se sobaba esa masa anaranjada que aquí se preña de azúcar, canela y ajonjolí. A pesar de la estrechez, y aun cuando la fiesta no atravesaba sus mejores tiempos, la llegada del carnaval era cuestión de días, y las ganas se respiraban por las calles del pueblo.

Era lunes 23 de febrero, a tres días del Jueves Lardero; tal día como hoy de hace cuarenta años. Las manecillas del reloj marcaban las 18:23 horas, y dos compañías armadas formadas por 288 miembros de la Guardia Civil, comandados por el teniente coronel del mismo cuerpo armado Antonio Tejero Molina, asaltaban, subfusil en mano, el Congreso de los Diputados en Madrid. Al acceder al hemiciclo, el teniente coronel Tejero se situó en el atril de la cámara, disparó tres tiros intimidatorios al aire con su pistola reglamentaria y en un tono claramente amenazante clamó la expresión que después se popularizaría incluso en el ámbito humorístico: «¡Quieto todo el mundo! ¡Al suelo! ¡Se sienten, coño!».


No solo los diputados que llenaban el Congreso durante la investidura de Calvo Sotelo pararon de inmediato, también pareció hacerlo España entera, que frenó en seco su actividad y se echó al suelo de la incertidumbre. El tiempo se detuvo, y la noticia no tardó en expandirse al resto del país. Nadie sabía qué iba a ser de esa España que acababa de salir de una dictadura de casi cuarenta años, y cuya naciente democracia parlamentaria era aun desmesuradamente frágil. Entre la pólvora y el humo de aquellos primeros disparos al aire se podía oler aromas de un pasado demasiado cercano.

Pepe Martín Ruano, concejal por el PSOE de la primera corporación de la democracia (1979-1983), se encontraba en casa escuchando por la radio en directo la sesión parlamentaria de investidura de Calvo Sotelo como presidente del gobierno. «Eran las seis y pico de la tarde, y ante la incertidumbre me fui a la sede del partido, en la esquina de la calle Cruz Verde con la Carrera». Allí permanecieron reunidos «la gente del partido» hasta bien entrada la madrugada, una vez que el rey habló en TVE y consideraron el descalabro del golpe.

Las calles de Fuentes quedaron desiertas, e incluso las murgas esa noche no ensayaron. «Estuvimos dos o tres días sin ensayar, hasta que la cosa se aclaró», relata José López Escobar «El Nieto», de la murga «Los Cherokys».


Fuentes vivía el golpe de estado más o menos como en el resto del país: entre el miedo y la estupefacción. Fernando Milla, policía municipal en la época, narra que en Fuentes no ocurrió nada digno de mención, más allá de que algunos políticos de izquierda estuvieron «quitados del medio», ante el miedo de lo que pudiera ocurrir.

Por el contrario, se llegó a rumorear que hubo personas de ideales de derecha que llegaron a personarse en el cuartel de la Guardia Civil, en la calle San Sebastián, para ponerse a disposición de las «fuerzas del orden».

El atardecer trajo consigo un estado de alarma no decretado, que imponía un toque de queda imperado por la arbitrariedad y desvarío de unos pocos. El desasosiego se vio incrementado por la falta de información, ante la toma de TVE y el pavor que imponía escuchar Radio Nacional emitiendo música ambiente.

El discurso del rey desde Zarzuela emitido por televisión a las 1:12 h. de la madrugada frenó definitivamente la insurrección, aun quedando por delante horas de encierro en el Congreso, y una estela de miedo en la ciudadanía difícil de olvidar.
«Aquella noche no dormimos, no pegamos ojo», manifiesta Juan González Tirado –mi padre–. «Tu madre estaba a punto de cumplir, había tenido azúcar durante el embarazo y al día siguiente, bien temprano, teníamos que irnos para Sevilla, porque la ingresaban en García Morato para el parto». «No había un alma por ningún lado. Dejamos a tus hermanos con los abuelos antes de irnos, y les dijimos que ese día no lo llevaran a la escuela», apostilla.

Tras la confusión, el desconcierto y el miedo, y tras 18 horas de encierro –al mediodía del martes 24 de febrero– Tejero se entrega y abandona el Congreso junto a los guardias civiles implicados en el asalto. 
El comienzo del carnaval fontaniego era inminente, y si la fiesta por antonomasia de Fuentes de Andalucía no lo paró ni Franco, mucho menos lo iba a frenar un guardia civil de tebeo y su berlanguiana cuadrilla en aquella intentona de golpe de estado.


Tres días después del fallido asalto, los fontaniegos se fueron a lardear, y como declara Justo Ruiz García –delegado de Festejos a la fecha–
«la programación de la fiesta se desarrolló como estaba previsto y Fuentes tuvo Carnaval» en 1981, aún con el miedo en el cuerpo.

Al año siguiente, –en el carnaval de 1982– la murga de «Los Cherokys», inmortalizó este hecho histórico en una de sus coplas, que aún perdura en la memoria colectiva de muchos fontaniegos.

«Con el golpe que dio Tejero, saludamos con mucha gracia,
que se tire to el mundo que tengo ganas de hacer gimnasia.
Y como somos sevillanos, y tenemos tanto salero,
aprovecho que estoy cantando para decirle al Sr. Tejero,
que si quiere pegar más golpe que se coloque en el Paro Obrero. 
Arza y toma pastillas de goma que me ha dicho el Moro que son pa dormir,
y yo tengo otra clase de goma, y yo tengo otra clase de goma
pa’ que mi parienta no pueda parir. 
Dice que se cayó Suárez, y se dio contra una farola,
y se puso de cardenales como si fuera El Palmar de Troya.  
Cuando le recetó el prácticante, la pomada del tío el bigote,
esta pomada cuando tú quieras te la colocas tú en el cipote. 
Arza y toma… 
Dice que Fraga le decía, déjate ya de cachondeo
no me asustas todavía porque las balas son de fogueo.
Y cuando le pegó los tiros, comprobamos que en el congreso,
los de la primera fila se fueron tos’ pa’l suelo derecho,
y los que estaban más p’arriba pegaron con el culo en el techo.
Arza y toma…». 

Lo único que aquellos guardias civiles y militares no pudieron parar aquellas horas fue el curso natural de la vida. Hubo quien en medio de un intento de golpe de estado llegaba al mundo sin saber que lo hacía en un país que había tirado una moneda al aire. Esa moneda estaba debatiéndose entre la cara democrática o la cruz de un tiempo pasado que hasta ese día parecía, ficticiamente, superado.

Y entre ellos, llegó a este mundo el que escribe, que vio la luz de esta tierra a la amanecida de un 28 de febrero, en la resaca de esta sacudida a los cimientos de una incipiente democracia que gritó contundentemente en las calles «Por la libertad, la democracia y la constitución».

Los de 40 para abajo tenemos que preguntar cómo se vivió ese día, por motivos obvios, pero quien tenía algo más de edad, no olvida qué estaba haciendo en el momento en el que se enteraron del intento del golpe.

Y tú, ¿cómo viviste aquel fatídico 23-F?