SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG

A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se alza una fuente que, desde hace siglos, fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario», cuyo caudal se nutre de un ingenioso sistema subterráneo de captación y conducción de aguas. Rodeada de vestigios de los distintos pueblos que habitaron estos lares, la fuente aparece citada ya en 1599 en las Actas Capitulares, donde se acordaba «su reparo». Décadas después, en 1690, el Cabildo Municipal dispuso que fuera labrada en piedra. Durante el siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes Ruiz Florindo, célebres por su huella en la arquitectura barroca de Andalucía occidental, intervinieron en la fuente y su sistema hidráulico. Al igual que en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras cargadas de memoria e historia, continúan manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; rasgos de un territorio que dieron el nombre a este singular lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía. Como el agua que fluye de esta fuente, es mi intención que de este blog mane un caudal inagotable de historia y patrimonio fontaniego.
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jueves, 22 de octubre de 2020

EL SEÑOR DE LA SALUD, LA DEVOCIÓN A LA QUE DURANTE SIGLOS FUENTES HA IMPLORADO ANTE LAS CALAMIDADES

Los fontaniegos suplican una vez más, al crucificado de Juana de Cristo, salud para su pueblo ante el coronavirus

 

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía


Fuentes de Andalucía revive en estos días de octubre de 2020 una tradición centenaria al recurrir –como durante siglos han hecho los fontaniegos en épocas de penurias, plagas y calamidades–, pidiendo clemencia a la devotísima imagen crucificada del Señor de la Salud, que por petición popular ha pasado a presidir, temporalmente y de forma extraordinaria, la capilla mayor de la iglesia parroquial Santa María la Blanca.

La pandemia del coronavirus Covid-19 que desde los primeros meses de 2020 azota al planeta, se ceba en estos días de octubre especialmente con los habitantes de Fuentes, superando el medio centenar de casos positivos activos, y los contagios no merman a pesar de las distintas medidas implantadas.

El Cristo, que según cuenta la tradición encargara la beata mercedaria Juana de Cristo tras hablarle el crucificado de marfil ante el que oraba, presidirá el próximo viernes 23 de octubre un Vía Crucis extraordinario de rogativas en el citado templo cumpliendo todas las medidas de seguridad vigentes, ante la imposibilidad de hacerlo por las calles del pueblo como es costumbre ancestral.

Es usanza antigua y constante del pueblo cristiano impetrar el auxilio divino con motivo de las grandes epidemias o desastres sufridos por medio de rogativas dirigidas a Dios y procesiones votivas con la presencia de imágenes de Jesús, la Virgen María o determinados santos.

En Fuentes, viejas y arraigadas devociones como las del patrón San Sebastián, el Señor de la Humildad o el propio Cristo de la Salud, han protagonizado durante siglos estas expresiones de piedad popular; no solo en momentos de penurias, sino también como acción de gracias por el auxilio recibido, que tuvieron su auge con la explosión del fenómeno de la religiosidad y fervor popular de la época barroca.

La devoción fontaniega al Señor de la Salud nace en el siglo XVII y lleva asociada consigo una curiosa leyenda. De generación en generación se ha transmitido por tradición oral el relato de cómo, por medio de la imagen de un pequeño crucificado de marfil, la persona que –con fama de santidad– ante ella oraba oyó una voz que le dijo: «HAZME GRANDE Y SERÉ LA SALUD DE ESTE PUEBLO».


El crucificado pertenecía a la familia de la Vega y la persona en cuestión era la beata Juana de Cristo. Ella, complaciendo la petición divina, marchó a la vecina localidad de Marchena, de donde era oriunda, y encargó a un carpintero la ejecución de una imagen de Cristo crucificado a tamaño natural, el cual trajo hasta Fuentes en un carro tirado por bestias y ubicó en la naciente iglesia del convento de San José, de los mercedarios descalzos, para que fuera venerada por los fontaniegos, siendo desde ese momento la devoción de muchos hijos del pueblo a la que recurrían en sus necesidades.

Juana era beata, una costumbre extendida en la época en la que ciertas mujeres tomaban el hábito de una determinada orden y emitían votos religiosos sin vivir en comunidad. Nacida en Marchena en 1586, desde su infancia vivió en Fuentes, y con la llegada de los mercedarios en 1607 encontró en ellos el auxilio espiritual que tanto anhelaba, siendo patente su inclinación por la vida religiosa.

Juana se convirtió en un personaje místico de la época, cuya vida no pasaba desapercibida, pues solía protagonizar hechos escandalosos buscando su mortificación y humillación pública.

En 1610 consiguió tomar el hábito de la Merced, y siguió profundizando en su radicalidad evangélica, protagonizando excesos de sacrificio y austeridad y destacados ejercicios de caridad, a los que era dada. Todo ello provocó que pronto se fuera extendiendo su fama de santa y piadosa.

A pesar de la juventud, la salud le fue fallando y una multitud de males le prolongaron una agonía de meses cuando apenas contaba con veintiocho años; murió en olor de santidad el 25 de enero de 1616 y fue enterrada en la iglesia de los mercedarios, en la que ya debía de recibir culto el Señor de la Salud.

Sus restos yacen hoy tras la lápida sepulcral que existe en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, en el mismo templo de San José.

A lo largo del siglo XVII la popularidad y devoción al crucificado de la Salud se fue extendiendo en la población, hasta el punto de que cada vez que un peligro se cernía sobre Fuentes, los fontaniegos acudían a implorarle sus peticiones, llegando la veneración -aunque mermada- hasta nuestros días. Hemos de mencionar que el culto principal se centró en la nueva efigie, ya que la original de marfil permaneció en poder de la familia de la Vega y posteriormente en las dependencias privadas de los frailes.

La primera referencia documental de una súplica de los fontaniegos al Señor de la Salud ante una necesidad colectiva data de 1699, aun cuando queda probado en el texto que no era la primera vez. En este caso, se invocó al crucificado en busca de remedio de la sequía que aquejaba el campo fontaniego, llegando a auspiciar tal rogativa el propio Cabildo de la villa, siendo corregidor Juan Antonio de Anziola y vicario eclesiástico D. Sebastián de Góngora.

Según consta en el acta capitular de la sesión celebrada en 2 de abril de 1699, «en este cabildo se dijo que en atención a hallarse toda esta villa con mucha aflicción y necesidad que tienen los campos de agua, atendiendo a las grandes misericordias de Dios Ntro. Señor a quién debemos pedir, para que se pidiese esta villa dispuso se hiciese novenario con sermón y procesión general en el Convento de Mercedarios Descalzos de esta villa donde está la imagen del Santísimo Cristo de la Salud, imagen muy devota y a quién en semejantes casos se ha hecho otros novenarios. Y ha merecido esta villa su santa protección. Y para que tuviese efecto y que en la procesión que se hubiese de hacer asistan los Sres. Clérigos de la Parroquia de Santa María la Blanca de esta villa…».

De este modo, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, no fueron pocas las ocasiones en las que el pueblo dedicó novenarios, quinarios, procesiones de rogativas o de acción de gracias u otras muestras extraordinarias de piedad popular al Señor de la Salud ante situaciones excepcionales no sujetas a la decisión del hombre.


Otro aspecto que da muestra de la considerable devoción que se le profesaba al crucificado, es el retablo de gran factura que los mercedarios descalzos y señalados devotos levantaron para el Señor en el crucero de la iglesia del convento –en el lado del Evangelio–, coincidiendo con una época de explosión artística excepcional en Fuentes como fue el siglo XVIII.

En 1783, el carpintero fontaniego García Fernández Caño labró, en el nuevo retablo, el camarín principal con bóveda a los pies para el enterramiento de su familia. Este artesano local trabajó muy a menudo con los afamados alarifes Ruiz Florindo, de quien era cuñado de Antonio Ruiz Florindo (1746-1813), que estaba casado con María Fernández Caño.

Las leyes desarmotizadoras provocaron la exclaustración definitiva de la comunidad mercedaria de Fuentes en la década de 1830, con el consiguiente cierre del templo al culto diario, pero la devoción al Señor de la Salud seguía latente en el pueblo.

De este modo, el 8 de agosto de 1879, correspondiendo a tantos beneficios, y «como prueba del gran afecto y veneración que profesaban a este Dios crucificado con el título de la Salud», un grupo de 18 señores, de entre ellos el maestro Manuel Vilches, Antonio Conde, Manuel Bueno, Antonio López, el ya ex-alcalde y más tarde diputado en Cortes Fernando de Llera y Díaz, Antonio Ruiz Pilares y el médico Juan Mazuelos acuerdan formar una cofradía. En el reglamento redactado al efecto, se fija como principal culto un Quinario del 10 al 15 de agosto de cada año, con función matutina y procesión por la tarde el último día, fijándose el recorrido por las calles Carrera, San Francisco, Moral (Santa Ángela de la Cruz), Entendimiento (Compañía), Sol, Mayor (General Armero) y Nueva (San Juan Bosco). También en caso de calamidad, y si el pueblo demandara el amparo del Señor, se uniría a las exigencias de los fieles.

Una década más tarde, en noviembre de 1890, se redacta un nuevo reglamento, el cual es aprobado por el arzobispo de Sevilla Benito Sanz y Fores con rango de Reglas, el 10 de enero de 1891, siéndole incorporada a la cofradía una titular mariana, Nuestra Señora de las Mercedes, de la que se desconocen más datos. Según se reflejaba en la documentación, el principal fin de la Cofradía era el de «cuidar de la reparación, ornato y conservación de la Iglesia del Ex-Convento de Mercedarios, sufragar todos los gastos para sostener en ella el culto público y promover la devoción» a sus titulares. Se fijaba celebrar todos los domingos y festivos una misa en el templo, y en cuanto a cultos extraordinarios celebrar cada año un quinario al Señor con función principal en la mañana del último día, y una novena solemne a Nuestra Señora de las Mercedes terminando el 24 de septiembre con función principal matutina. Como novedad, en esta fecha queda suprimida la procesión anual, por lo que «respetando la costumbre de antiguo establecida, no permitirá la hermandad que sea sacada en procesión la efigie de Nuestro Padre y Señor de la Salud, sino en el caso necesario de sufrir la población alguna pública calamidad».

Para ello, primero era el pueblo de Fuentes, a través de un número representativo de vecinos, el que tenía que recurrir al amparo del Señor de la Salud. En segundo lugar, contar con el beneplácito de las autoridades civiles y eclesiásticas, en este caso, el Ayuntamiento por medio del alcalde y la corporación, y la Parroquia encabezada por el cura párroco.

El trabajo desarrollado por la nueva hermandad propició que la devoción estuviera en auge, hasta el punto de que el Cristo procesiona durante varios años consecutivos, por causas desconocidas, como ocurriera en 1915 y 1916, este último formando parte del cortejo representaciones con simpecados de todas las hermandades de Fuentes, en una época en la que presidía la corporación religiosa Gerardo de Novales y Maltrana.


Lejos de epidemias y otros males habituales en centurias pasadas, a lo largo del siglo XX varias fueron las ocasiones en las que se recurrió al Señor pidiendo el auxilio de la lluvia para los campos fontaniegos. Según testimonios de testigos presenciales, más de una procesión en rogativa pidiendo agua terminó mojada, como una desarrollada en la década de 1950 en la que portando el Señor sobre sus hombros el propio hermano mayor, Manuel Jiménez Ortega “Manolito el de la tienda”, tuvo que cubrir con su gabardina la imagen del Cristo de la Salud para resguardarla de la lluvia durante el regreso del cortejo al templo.
  

Tras el fallecimiento de Manuel Jiménez Ortega en 1959, bisnieto del antes nombrado García Fernández Caño, fue Antonio de Novales y Mantilla de los Ríos quien se hizo cargo de mantener el culto activo al Señor.

Durante la década de los sesenta y los setenta del siglo XX, la imagen del Cristo procesionó en Vía Crucis de forma continuada en las madrugadas o tardes de los Viernes Santo, sólo con hombres de paisano portando ellos mismos las andas y no teniendo un recorrido fijo.

Desde las últimas décadas, el culto público anual se limita a un Vía Crucis que se celebra cada año en la mañana del Viernes Santo en la sede parroquial con el crucificado ante la capilla mayor; aunque es de destacar la devoción que los fontaniegos profesan a esta imagen, recibiendo diariamente la visita de sus fieles.

La curiosa, y a la vez, fervorosa leyenda del Señor de la Salud da sentido a la duplicidad de que ambos crucificados –el pequeño de marfil y el que mandara hacer la beata Juana– se encuentren expuestos al culto en la actualidad en la iglesia parroquial Santa María la Blanca. 


La última vez que la imagen fue sacada de manera extraordinaria, fue en rogativa por la sequía que afectaba a estos lares: era 29 de enero de 2005.  

Y en pleno siglo XXI, cuando las últimas generaciones jamás imaginaríamos la crisis sanitaria que sacude al orbe mundial, y por petición popular, el pueblo de Fuentes recurre, como en tantas ocasiones ya hicieron nuestros antepasados, a la misericordia divina del Señor de la Salud, manteniendo viva y vigente esta ancestral tradición fontaniega. 

De este modo, el Cristo de la Salud preside insólitamente desde el 19 de octubre de 2020 la capilla mayor de la iglesia parroquial Santa María la Blanca, y el viernes 23 de octubre, a las 19:30 h., se rezará un Vía Crucis Extraordinario de rogativa ante el Señor, pidiendo por la salud de los enfermos y contagiados, por el alma de los difuntos y por el cese de esta triste calamidad. Ante la imposibilidad de realizar la rogativa por las calles de Fuentes, como es costumbre de siglos, el culto se desarrollará en el templo, con el Cristo inamovible y cumpliendo estrictamente las normas de aforo y seguridad sanitaria vigentes.



sábado, 21 de marzo de 2020

LOS BARREOS DE LA VILLA DE FUENTES PARA PREVENIR LAS EPIDEMIAS EN EL SIGLO XVII


Estos días de confinamiento mucho se habla ineludiblemente del coronavirus, pero a lo largo de la historia otras pandemias marcaron la vida de la población mundial. Las infecciones y las epidemias ya eran la principal causa de mortalidad cuando el homo sapiens vivía en las cavernas hace decenas de miles de años. Y ahora que resurge de nuevo ese temor ancestral al contagio, en una sociedad que creía haber alejado esas amenazas gracias al avance del conocimiento, podemos remontarnos al pasado y narrar las medidas que los pueblos ponían en marcha para su protección.


A lo largo de la historia ciudades y pueblos han contado con murallas y cercas, unas tenían fines defensivos y otras servían para control fiscal y sanitario. De este modo, y gracias a diversas citas localizadas en los archivos municipal y parroquial, podemos traer a colación diversos barreos que a finales del siglo XVI y durante la centuria del XVII se hicieron en la villa de Fuentes, situada a escasas leguas de los notables núcleos poblacionales de Carmona y Écija, en el viejo reino de Sevilla.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el término barrear, hoy en desuso, significa «cerrar, fortificar con maderos o fajinas un sitio abierto», y en la Edad Media simplemente cercar o amurallar [1].
Con esta práctica, y ante males tan contagiosos, los pueblos se intentaban librar de las epidemias protegiendo a sus habitantes con el aislamiento de los mismos, controlando el acceso a los núcleos de población y cerrando todas sus puertas, salvo una o dos por las que se tenían que acceder forzosamente bajo estricto control. También, debido al alto componente religioso de la época, las poblaciones se acogían a la protección de un determinado santo, y que en el caso particular de Fuentes, fue San Sebastián.


A lo largo de los siglos XVI y XVII la peste fue la pandemia crónica que más afectó ineludiblemente a Fuentes y su comarca, y son diversos los registros documentales que dan testimonio de ellos, así como de los consiguientes barreos llevados a cabo por iniciativa del propio cabildo municipal.
El profesor Cerro Ramírez, en su libro «La villa de Fuentes. 1578-1800» cita cómo en las décadas finales del siglo XVI y durante el siglo XVII «Fuentes, al ser una pequeña población con escaso número de habitantes […] y estar aislado de otros núcleos de población importante, se fue librando de las sucesivas pandemias. La forma más común para evitar el contagio era declarar la villa en cuarentena y aislarla de la presencia de posibles portadores de la enfermedad, procedentes de lugares que estuvieran infectados por tan terrible mal» [2].
El primer cercado de la villa del que se tiene conocimiento se remonta a 1583. En el cabildo celebrado por el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa el 2 de marzo de este año se acordó –ante la amenaza de la peste– el barreo del núcleo de Fuentes, dejando solo abiertas las puertas de Marchena –en la parte baja de la Barrera de Palacio, hoy plaza de España– y la del Monte –al final de la calle Carrera–, siguiendo el ejemplo de otras localidades del entorno geográfico.
«[…] En este Cabildo el dicho señor Alcalde, Cristóbal Gómez Tortolero propuso que ya que a sus mercedes es notorio como la ciudad de Écija, villa de Carmona, Marchena, Osuna y otros lugares de esta comarca se han barreado y van barreando con toda diligencia para guardarse de la peste que se dice andar en muchas partes de esta Andalucía, de manera que por la misma causa conviene asimismo que esta dicha villa se guarde y barree porque no haciéndolo se les impedirá a los vecinos de esta dicha villa la entrada, trato y comunicación con las demás partes que se guardan y que están declaradas. Una de las cuales es la ciudad de Sevilla, de donde tanto daño se seguirá a los dichos vecinos de esta dicha villa si no entrasen y tratasen en ella.
Que sus mercedes provean lo que convenga y debiéndose barrear de adonde se proveerá el dinero para ello.
[…] Asimismo que solamente queden dos puertas: la una, la puerta de Marchena, otra a la puerta del Monte que es al fin de la Carrera. Y que se tenga cuidad de enviar a la dicha ciudad de Écija por razón de los lugares de que se guarda» [3].
Hemos de tener en cuenta que durante centurias Fuentes se encontraba en la línea de paso para comunicar Sevilla con Córdoba. Si durante quince siglos la Vía Augusta había sido la principal vía de comunicación, que viene a coincidir con el actual trazado de autovía del Sur (A-4), es en la primera mitad del siglo XVI cuando, por primera vez, aparece documentalmente un nuevo trazado que influiría considerablemente en el desarrollo y auge de la naciente villa de Fuentes y que sería conocido como Carril o Ruta de la Lana. La significativa localización geográfica como punto de paso en una importante vía de comunicación, provocó que Fuentes recibiera importantes personalidades históricas de la época y se convirtiera en lugar de paso obligado, que por el contrario no era nada beneficioso en épocas de epidemias. 
Fernando Colón, hijo del descubridor, realizó en torno a 1517 un conjunto de noticias geográficas que darían lugar a su obra «Descripción y Cosmografía de España». En ella aparecían dos caminos para unir Sevilla y Córdoba con Toledo, Madrid y Alcalá de Henares, en el centro de la Península, recogiendo dos trazados para desplazarse entre Córdoba y Sevillla: uno por la margen derecha del Guadalquivir, y otro por Guadalcázar, Écija, Fuentes, Carmona y Sevilla, atravesando la villa fontaniega a través de la entonces calle Mayor. 
Es también en la centuria del XVI cuando aparecen los primeros repertorios de caminos, posiblemente las primeras publicaciones europeas con carácter utilitario, a modo de guías de viaje, que aportaban valiosa información sobre los caminos existentes y su estado de conservación.
De este modo surgen los trabajos de Pero Juan Villuga en 1546 y Alonso Meneses en 1576. Ambos recogen el camino para ir de Sevilla a Córdoba que pasaba por Fuentes y que ya citara Colón, añadiendo los lugares geográficos de la Venta del Alvar, entre Carmona y Fuentes, y la Venta del Palmar, entre Fuentes y Écija.  
Estos itinerarios se consideraban los más rápidos para los desplazamientos y eran los que probablemente se encontraban en mejores condiciones, pero a la vez, por la actividad en el paso de diligencias, caminantes y viajeros, convertían a los núcleos de paso en lugares más propicios para la expansión de epidemias y otras enfermedades contagiosas.
En 1727, Pedro Pontón sigue localizando a Fuentes como lugar de paso obligado en el camino de Madrid a Sevilla [4].
Retomando la cuestión que nos ocupa, en el cabildo celebrado el 9 de junio de 1599 [5] se volvieron a adoptar medidas para barrear la villa y librarla de la epidemia vigente, y dos años más tardes, el 19 de marzo de 1601 [6], se tomaron nuevas acciones de cercado a consecuencia de la epidemia. Ante la magnitud de la enfermedad, en el Cabildo del 27 de mayo de 1601 «se trató como respecto de que cada día va en aumento las enfermedades del hambre que por los lugares comarcanos crece, se mandó cerrar las puertas de límite y que sólo se sirviese esta villa por la Puerta del Monte y que en ella guardasen personas responsables y de confianza que pudiesen despachar entre muros y lo demás que se le ofreciese». […] «los vecinos que fuesen señalados por guardas para la dicha puerta del monte, el uno de ellos ha de tener la llave y a las 3 de la mañana ha de abrir y estar advertido el día sin que ninguno falte salvo a horas de comer yendo uno y quedando otro» [7].
Décadas más tarde, en el cabildo acontecido el 3 de junio de 1637 [8], se encomendó a los regidores Pascual García Pilares y Francisco Martín de Góngora que se personaran en los lugares de la comarca con presencia de epidemia de peste, para conocer de primera mano la situación a la hora de adoptar las medidas pertinentes en la villa de Fuentes. De tal magnitud era la epidemia que días más tarde, en cabildo convocado para el 23 de junio, los presentes determinaron barrear la villa para guardarla de la peste.
Pero las epidemias no cesaban, y en 1649 amenazó de nuevo estos lares de la campiña sevillana. En cabildo del 6 de enero se acordó acometer el barreo de la villa «para evitar contagio de enfermedades» [9], de la misma forma que lo estaban haciendo otros núcleos cercanos.
Ante el temporal de invierno, que había dañado considerablemente las cercas, en abril se acordó el reparo de las cercas y portillos que servían para proteger la villa. Durante el periodo de tiempo que la epidemia estuvo vigente, el acceso a la población era controlado por cuatro aguaciles, a los que, en cumplimiento de lo dictado en el cabildo de 12 de julio de 1649 [10], se le otorgaron 40 reales a cada uno por su diligencia en la vigilancia de las puertas y otros actos relativos a evitar el contagio de la peste.
La epidemia no remitía, y un nuevo brote se expandió por la zona, por lo que en enero de 1650 se toma la decisión de cerrar la Puerta del Monte y que sólo quede abierta la de Marchena, con los guardas pertinentes [11]. De tal magnitud fue la epidemia que el cabildo prosiguió tomando medidas en los meses siguientes, como consta en las actas de los cabildos de 24 de abril y 1 de mayo.
Casi un siglo después del primer barreo documentado de 1583, en el verano de 1679 se llevó de nuevo a cabo esta práctica en la villa de Fuentes, según unas notas aparecidas al final del libro de colecturía de la Iglesia Parroquial que da comienzo en el año 1711 [12].
«Cuando se hallavan los Pueblos sincumbezinos con la calamidad de la peste...» […] «...se Barreo esta villa teniendo en cada puerta un diputado con sus guardas para que no entrase ningun transitante». Parece ser que el 27 de agosto de 1679, habiendo sido «Dios servido de precabidad de tal conatgio», Fuentes y sus vecinos «le votaron fiesta a Ntra. Sra. y a su Patron Sn. Sebª. [San Sebastián]». Seguidamente la inscripción cita, en referencia a la fiesta del patrón, «la que se selebra la ultima Dominica de Sep. [septiembre] con visp. [víspera] tercia procesión sermón y missa, con la Mayor Solemnidad que cabe». Esto último nos confirma la inexistencia de peste en Fuentes en esta época, ya que el pueblo celebró fiestas de acción de gracias en honor del patrón por la liberación de tal mal.
Finaliza el documento diciendo: «Todo consta del Cabildo que se celebró ante Juan Cid de Villanueba... ...siendo corregidor el Licdo. Dn. Miquel Pachi de Cardona, Aguacil Mayor Alonso López Pilares y regidores Juan Caro Barrera, el Capitán Nuñez Valeros y Luis Sánchez Arjona y otro. Fdo.: Bart. [Bartolomé] de Sarria»
   
Francis J. González Fernández
Cronista oficial de Fuentes de Andalucía


NOTAS:
1] NAVARRO LORA, José María. Del barreo de la villa de Fuentes. En Aires Nuevos: Periódico de información local. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Asamblea local de Nueva Izquierda-Verde Andaluza (NIVA), julio 2001, I época, núm. 4, pág. 7.
2] CERRO RAMÍREZ, Jesús. La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2011, p. 105.
3] (A)RCHIVO HISTÓRICO (M)UNICIPAL DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Actas Capitulares. Libro 1. Cabildo 2-III-1583.
4] GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado: Tomo II. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2013, p. 19-20.
5] A.M.F. Actas Capitulares. Libro 3. Cabildo 9-VI-1599.
6] Ibídem. Cabildo 19-III-1601.
7] Ibídem. Cabildo 17-IV-1601.
8] Ibídem. Libro 4. Cabildo 3-VI-1637.
9] Ibídem. Libro 5. Cabildo 6-I-1649.
10] Ibídem. Cabildo 12-VI-1649.
11] Ibídem. Cabildo 11-I-1650.
12] (A)RCHIVO (P)ARROQUIAL SANTA MARÍA LA BLANCA DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Libro X de Colecturía y Entierros de 1711. Fol. X. (Referencia incompleta que será actualizada al término del estado de alarma y podamos personarnos en el Archivo Parroquial).