SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG

A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se alza una fuente que, desde hace siglos, fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario», cuyo caudal se nutre de un ingenioso sistema subterráneo de captación y conducción de aguas. Rodeada de vestigios de los distintos pueblos que habitaron estos lares, la fuente aparece citada ya en 1599 en las Actas Capitulares, donde se acordaba «su reparo». Décadas después, en 1690, el Cabildo Municipal dispuso que fuera labrada en piedra. Durante el siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes Ruiz Florindo, célebres por su huella en la arquitectura barroca de Andalucía occidental, intervinieron en la fuente y su sistema hidráulico. Al igual que en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras cargadas de memoria e historia, continúan manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; rasgos de un territorio que dieron el nombre a este singular lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía. Como el agua que fluye de esta fuente, es mi intención que de este blog mane un caudal inagotable de historia y patrimonio fontaniego.
Mostrando entradas con la etiqueta Ruiz Florindo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ruiz Florindo. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de octubre de 2025

TRAS LA OBRA, EL HOMBRE: PONIENDO ROSTRO A ALONSO RUIZ FLORINDO. Tres siglos después, la IA nos permite mirar a los ojos al genio del barroco fontaniego.

La figura de Alonso Ruiz Florindo es ampliamente reconocida por la ciudadanía fontaniega, siendo considerado el miembro más sobresaliente y de mayor personalidad de una dilatada saga de maestros de obras y alarifes de la construcción, cuya actividad se extendió en Fuentes de Andalucía a lo largo del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Un prestigio que se cimenta en la fecunda obra que legó, dotada de una fastuosa riqueza ornamental, en la que se hace patente su magistral dominio del ladrillo de barro cocido —cortado y tallado— y de la sublime decoración con yeserías en interiores. La producción de Alonso ejerció una clara influencia en la configuración estilística del barroco tardío en Andalucía occidental, con la creación de un estilo propio y característico, estrechamente vinculado a su linaje.

Nacido en Fuentes en 1722, Alonso se formó en el seno de una familia dedicada al ámbito constructivo. Desde la infancia fue instruido por su padre y su abuelo en las técnicas de la albañilería y en el trabajo del ladrillo, recibiendo además la probable influencia de su suegro, el maestro carpintero Andrés de Carmona. A diferencia de sus ascendientes, Alonso accedió a fuentes escritas que enriquecieron su formación. En su testamento se mencionan diversos libros técnicos, entre ellos un ejemplar en lengua francesa y el célebre tratado de Tosca, lo que evidencia su interés por integrar la práctica artesanal con el conocimiento teórico.

El aprendizaje práctico en su juventud, junto a su progenitor, lo llevó a participar en proyectos de relevancia local, tales como la fachada de la iglesia de San José de los mercedarios descalzos, la capilla de la Aurora o la casa situada en la calle de la Carrera, nº 1, esquina a la calle del Convento, propiedad de la familia Fernández de Peñaranda.

Recreación de la obra de la fachada del convento mercedario descalzo de San José,
erigida durante la adolescencia de Alonso bajo la dirección de su padre. 


En 1743, con veinte años, contrajo matrimonio con María Rosa de Carmona, instalándose en una vivienda de su propiedad situada en la calle Huerta, esquina a Guijarrosa (actual calle Estrella). Ello pone de manifiesto tanto su independencia económica como su progresiva emancipación profesional respecto a su padre, aunque no sería hasta 1750 cuando accediera formalmente al examen gremial que le otorgaba plena capacidad como maestro de obras, y en cuyo hecho centraremos nuestra atención en este artículo. 

Alarife y maestro de obras: dos categorías distintas
El uso de los términos maestro y alarife, en lo concerniente a la familia Ruiz Florindo, no siempre se han venido usando con rigurosidad, incluso en la propia calle que la familia tiene dedicada en el centro histórico fontaniego aparece de manera errónea, en la forma «Maestros Alarifes Ruiz Florindo».

La documentación histórica muestra que el término alarife, de origen árabe (al-‘arif, «el que reconoce»), se utilizaba para designar al perito público encargado de supervisar y dictaminar sobre determinadas obras. Covarrubias, en su obra Tesoro de la lengua castellana (1611), lo definía como «sabio en las obras mecánicas, juez de albañilería», mientras que el Diccionario de Autoridades (1726) lo entendía como «maestro aprobado para reconocer, apreciar o dirigir las obras que pertenecen a la Arquitectura».

En cambio, el maestro de obras era el responsable técnico de la ejecución material de los edificios, con capacidad para organizar a los oficiales, dirigir el proceso constructivo y contratar con instituciones o particulares.

De esta distinción se deduce que la expresión «maestro alarife» resulta inadecuada, en tanto combina dos categorías conceptualmente diferenciadas: por un lado, el alarife, entendido como cargo de naturaleza pública y función pericial; y, por otro, el maestro de obras, vinculado a la ejecución material y a la dirección práctica de la construcción. En el ámbito local, correspondía al cabildo municipal fontaniego la designación de los alarifes —ya fueran de albañilería o de carpintería—, eligiendo para dicho oficio a un maestro previamente reconocido por su capacitación y experiencia.
 
El examen de maestro de obras en Sevilla (1750)
En el siglo XVIII, los albañiles de la villa Fuentes carecían de un gremio propio, lo que obligaba a quienes aspiraban a obtener el título de maestro de obras a desplazarse a Sevilla. Allí, el tribunal del oficio, evaluaba a los candidatos y autorizaba el ejercicio de la profesión dentro del marco jurisdiccional del reino. Esta circunstancia diferenciaba a Fuentes de localidades de mayor rango, como Écija o Carmona, que sí contaban con una estructura gremial establecida.

En la fecha que nos ocupa —mediados del siglo XVIII—, en Fuentes ejercían siete maestros albañiles y cuatro oficiales, todos ellos insertos en un sistema de transmisión del oficio basado fundamentalmente en el ámbito familiar. La familia Ruiz Florindo constituye un ejemplo significativo de este modelo: Juan Ruiz Florindo instruyó a sus hijos Alonso, Cristóbal y Juan; posteriormente, Alonso formó a su hermano Antonio y a sus propios hijos, Alonso el menor y Lorenzo, entre otros, perpetuando así una tradición artesanal que garantizaba la continuidad de la saga. Este tipo de formación, centrada en la práctica directa y en la experiencia acumulada en las obras, respondía a un modelo de aprendizaje eminentemente presencial y directo.


Alonso Ruiz Florindo, en el centro, ante el tribunal que lo examinó
para la obtención de la maestría de obras. 


En este contexto, el 16 de agosto de 1750, y con veintisiete años de edad, Alonso Ruiz Florindo se presentó en Sevilla para someterse al examen gremial que lo habilitaría legalmente como maestro de obras. La prueba exigía acreditar tanto conocimientos teóricos como prácticos, a través de la resolución de problemas de trazado, la elaboración de diseños y la demostración de destrezas técnicas vinculadas al quehacer constructivo.

La superación de esta prueba otorgó a Alonso la plena capacidad para firmar proyectos y dirigir obras, lo que marcó el inicio de una trayectoria de notable proyección que lo consolidó como el maestro de obras más relevante de Fuentes de Andalucía, extendiendo posteriormente su actividad a otras zonas y localidades del entorno geográfico. Su carrera profesional se vio acompañada de un proceso de consolidación económica, favorecido por una creciente participación en negocios mercantiles e inmobiliarios, muchos de ellos vinculados a las iniciativas previamente emprendidas por su padre.
 
¿Y cómo era físicamente Alonso?
El acta del examen gremial de Alonso Ruiz Florindo, conservada en el Archivo Municipal de Sevilla, ofrece un valioso testimonio sobre el proceso de legitimación profesional de los maestros de obras en la segunda mitad del siglo XVIII. La ceremonia tuvo lugar en la capilla de San Andrés, sede del gremio de albañilería, en presencia de dos veedores alarifes y dos examinadores del oficio. En su declaración, Alonso se identificó como natural y vecino de Fuentes, hijo del maestro de albañilería Juan Ruiz Florindo, del que testifica haber aprendido el oficio, y de Marina del Corral, y de estado casado. Así mismo hace constar que es reside en Fuentes por encontrarse trabajando en la dicha villa.

El documento proporciona, además, una descripción física inusualmente detallada: «de buen cuerpo, blanco de rostro, pelo rubio corto y demuestra ser torpe de oído», lo que constituye un rasgo excepcional en este tipo de actas. Tras ser interrogado sobre cuestiones propias del oficio y demostrar con regla y compás su dominio del trazado geométrico y constructivo, se le examinó en las distintas ramas de la albañilería —«tosca, limpia y cañerías»—, resultando aprobado y recibiendo «poder y facultad para ejercer en esta ciudad como en las demás y villas y lugares de estos reinos y señoríos».  

La descripción física incluida en el acta resulta especialmente valiosa, ya que nos acerca de forma directa a la imagen personal de Alonso Ruiz Florindo en el momento de su examen, cuando contaba con veintisiete años. Este tipo de detalles son poco frecuentes en la documentación gremial y permiten humanizar a figuras que, en la mayoría de los casos, conocemos únicamente a través de sus obras. A partir de estas referencias, hoy sería posible recurrir a medios actuales, como la recreación mediante inteligencia artificial, para intentar una aproximación visual a su posible aspecto físico. Aunque tales representaciones no dejan de ser hipotéticas, constituyen una herramienta sugerente para acercar la historia al presente y facilitar la divulgación del legado de personajes como Alonso.

A los rasgos físicos anteriormente citados debe añadirse también la referencia contenida en el acta: «el qual es como de hedad de veinte y dos a veinte y quatro años». Este dato resulta especialmente significativo, pues indica que Alonso aparentaba ser más joven de lo que en realidad era, dado que en la fecha del examen estaba a dos meses de cumplir veintiocho años.

Sea como fuere, y aunque no podamos ir más allá de la hipótesis, esta descripción física —reforzada con la posibilidad de recreaciones actuales mediante inteligencia artificial— nos permite, al menos de manera aproximada, esbozar una imagen personal de Alonso Ruiz Florindo, otorgando mayor cercanía y humanidad a una figura que conocemos esencialmente por su obra y por los testimonios escritos.


Arriba, propuesta de recreación del aspecto físico de Alonso Ruiz Florindo,
en 1750, a los 27 años, obtenida mediante un modelo de inteligencia artificial.
Abajo, imagen hiperrealista generada con inteligencia artificial que
represente a Alonso Ruiz Florindo. 

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía


Ref. bibliográfica: GÓNZALEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Tras la obra, el hombre: poniendo rostro a Alonso Ruiz Florindo. En Fuentes Cultural. Revista de información cultural, turística y de ocio de Fuentes de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2025, núm. 8, págs. 23-27.


lunes, 15 de septiembre de 2025

«LA CALLE ES MÍA». Sobre la callejuela Mal Suceso y sus intentos de pasar a manos privadas.

A finales de mayo de 2025, la Policía Local de Fuentes de Andalucía comunicaba en sus redes sociales que «Por motivos de seguridad y peligro de derrumbe se ha cortado con valla metálica la circulación de peatones en la calle Ruiz Florindo». Tal hecho no nos resultó insólito, pues esta peculiar vía del trazado viario fontaniego más remoto no ha estado exenta a lo largo de su historia de la privación de su uso por parte de la población. 

Esta callejuela, durante siglos, no ha sido más que un callejón que comunicaba las calles Mayor y Hurtado, delimitada por los costados de las casas cuyas fachadas principales se abrían a las vías antes citadas. Esto implica que, a pesar de existir desde la conformación del primitivo núcleo poblacional, las referencias documentales a esta calleja son prácticamente inexistentes.

Su cita más remota data de 1861, en la que según el padrón parroquial de la época tenía tres casas, apareciendo en la forma «Callejuela Mal Suceso».

El evidente origen de su nominación nos hace fundamentarnos en un trágico acontecimiento de alguna disputa o enfrentamiento con final fatal, que la ciudadanía tomó como referencia para denominar a la calleja, y de cuyo uso oral se perpetuó en el tiempo.

En 1944, un grupo de vecinos formularon instancia al ayuntamiento solicitando autorización para proceder a incomunicar con una verja de hierro –por la parte de la calle General Armero– la calle Mal Suceso y tapiarla por la calle Pozo Santo; accediendo los gestores a dicha petición en el pleno del 1 de agosto «por ser beneficioso para esta villa, pues con ello se evita continúe dicha calle siendo un vertedero de inmundicias», pasando a ser ésta de uso privado de los vecinos colindantes.

Un año después, en marzo de 1945, el vecino Julio Velázquez García de Vinuesa solicitó al ayuntamiento le fuera «vendido el trozo estrecho del final de la calle Malsuceso, que tiene aproximadamente una longitud de 28 metros por 2 de ancho, alegando el haber quedado inutilizado al tapiar dicha vía por su parte posterior», pero tras una amplia y deliberada discusión se acordó por unanimidad desestimar dicha instancia.

La calle permaneció cerrada durante décadas, a pesar de los intentos de su reapertura. Así ocurrió en 1972, cuando el concejal José Rubio López propuso en el pleno del 13 de septiembre «la posibilidad de apertura al tránsito de la calle Mal Suceso, clausurada en uno de sus extremos, o su cierre total si así se creía conveniente porque en ella se arrojaba suciedad; estimando que su apertura podría ser conveniente para más corto acceso al Mercado de Abastos». Propuesta que quedó en estudio sin llegar a ser efectiva en la fecha.

Fue con la llegada del nuevo régimen cuando tal apertura se consumó en los primeros meses de gobierno de la primera corporación municipal de la Democracia. En junio de 1979 la Asociación de Vecinos «Sebastián Domínguez» solicitó al ayuntamiento –en  nombre de los vecinos de la calle Pozo Santo– que fuera reabierta la calle Malsuceso, facilitando la conexión de la calle Pozo Santo con la calle General Armero. Aprobada tal petición, con la reposición pública de la vía el gobierno local aprobó la pavimentación y alumbrado de la calle y su uso exclusivo peatonal, que no fue llevado a pleno hasta enero de 1981.

En tal sesión, el alcalde Sebastián Martín expuso que «que hechas averiguaciones e interesado informe al secretario no ha podido saberse el origen del nombre de Mal Suceso dado a esta céntrica calle. Únicamente y como mera opinión parece ser que podía haberse así denominado como consecuencia de algún hecho luctuoso acaecido en el lugar hace ya muchos años. Propone sea mejorada dicha calle con pavimentación típica y alumbrado de farolas de forma que desaparezca su sórdido aspecto dado el lugar tan céntrico en que se haya ubicada, para lo que se cuenta además con la colaboración del vecino Sr. Pérez García en lo que respecta a fachada de su propiedad, y darle nuevo nombre que bien podría ser el de los Ruiz Florindo, maestros alarifes locales del siglo XVIII a los que tantas magníficas obras se les deben, que se conservan en su mayoría actualmente y que constituyen el Fuentes monumental».

Tras deliberación del plenario, la propuesta fue admitida con el voto favorable unánime de todos los capitulares, sustituyendo el nombre de Malsuceso por el de Maestros de Obras Juan y Alonso Ruiz Florindo, aunque finalmente fue efectivo en la forma Maestros Alarifes Ruiz Florindo.

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía



Ref. bibliográfica: GÓNZALEZ FERNÁNDEZ, Francis J. «La calle es mía». Sobre la callejuela Mal Suceso y sus intentos de pasar a manos privadas. En Fuentes Cultural. Revista de información cultural, turística y de ocio de Fuentes de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2025, núm. 7, págs. 12-13.

miércoles, 9 de octubre de 2024

CRISTÓBAL RUIZ FLORINDO TAMBIÉN EXISTE. En el III centenario de su nacimiento (1724-2024)

Fue a finales de agosto de 1724, de lo que se vienen a cumplir en estos días trescientos años. Aquel último viernes del mes, marcado con el 25 en el almanaque, nacía un varón –probablemente en la casa familiar de la calle San Sebastián– que en la mañana del día siguiente fue bautizado en la pila de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía con el nombre de Cristóbal Ramón, hijo de Juan Ruiz Florindo y Marina del Corral. Su padre, iniciador de un estilo arquitectónico singular y una interesante serie de obras que la estirpe Florindo dejaría repartidas por la parte occidental de Andalucía, era ya al nacimiento de Cristóbal un maestro de obras en auge. Tenía entonces 25 años y una prolífica carrera en el ámbito de la construcción y la ornamentación con ladrillo de barro cocido por delante, que complementada con operaciones inmobiliarias y agropecuarias le propiciarían una holgada situación económica.

Cristóbal sería el varón segundón de la familia y tercer hijo del matrimonio, después de María (1720) y Alonso (1722), y tras él nacieron Juan José (1728), Ana (1734) y Antonio (1745). Como su hermano Alonso, y con posterioridad el resto de sus hermanos varones, Cristóbal aprendió el oficio y adquirió su formación inicial en el labrado del ladrillo de su padre, con el que pronto empezaron a trabajar –siendo muy jóvenes– en el mundo de la construcción, tanto en Fuentes como en otros puntos próximos como Palma del Río y probablemente Arahal, con un aprendizaje de la profesión meramente práctica basada en la experiencia.

En la producción artística legada queda manifiesto cómo Alonso depuró lo aprendido de su progenitor y evolucionó considerablemente, hasta llegar a convertirse en el más notable de los miembros de la dinastía Ruiz Florindo y el de mayor proyección laboral, social y económica; no solo por su valía y talento, sino también por el impulso de su progenitor y otras circunstancias tales como los efectos del terremoto de Lisboa, que le posicionarían para el desarrollo de un alto número de proyectos. Ante tal realidad, sus hermanos Juan José y –sobre todo– Cristóbal trabajaron en numerosas ocasiones subordinados a Alonso.

En el caso de Cristóbal, su nombre aparecerá constantemente a lo largo de su carrera junto al de su hermano mayor, convirtiéndose en su alter ego y en quien Alonso tenía depositada su más absoluta confianza; un hecho que consecuentemente le privó de actuar de manera independiente, anulando su propia personalidad artística y mermando su trascendencia en el ámbito de la arquitectura.

Su vida matrimonial fue desdichada, enviudando sucesivamente y llegando a contraer matrimonio hasta en tres ocasiones. En 1745 se casaría con María Teresa Rodríguez. Isabel Hidalgo de Morales sería su segunda esposa y Juana Ruiz Castizo su última, que le sobrevivió, y de cuyos matrimonios se le conocen al menos tres hijos: María del Carmen (nacida en 1750), Antonio (que siguió la carrera militar y en 1777 aparece como sargento del regimiento de Infantería de Saboya) y Juan Ildefonso (1767).

En la década de 1750 trabajó en la construcción de la nueva ermita de San Francisco, como maestro, cobrando el jornal de ocho reales al día, dos menos que su hermano Alonso, que dirigía la obra y por su itinerancia y carga de trabajo ya delegaba en su hermano menor, dejándolo al frente de sus proyectos. Lo mismo ocurriría en la construcción del nuevo edificio consistorial y cárcel de Fuentes, que aunque bajo la dirección de Alonso, será Cristóbal el que se hará cargo de gran parte de la edificación, puesto que el asentista tenía en esas mismas fechas otras ocupaciones inexcusables, quedando culminado en 1772.

El propio Alonso dejaría testimonio escrito de esta muestra de confianza absoluta hacía su hermano y otorgamiento de poder para que actuara en su nombre siempre que las circunstancias lo requirieran. En varias ocasiones, el propio cabildo de Fuentes le demandó ante su ausencia en la dirección de las obras: Alonso Ruiz Florindo, vecino de Fuentes, y maestro examinado de ella, «digo que por quanto corre a mi cargo la construcción y erección de nueva fábrica a fundamentis de las casas capitulares que estte Ayuntamiento estta haciendo con orn y mandato del Real y Supremo Consejo y esttandolo ttambien todas las obras de la Real y nueba población de la Luisiana como maestro maior de ella…», ante cualquier ausencia de mi parte y cuanto requiera el corregidor u otros capitulares, delego en la «persona de ygual ynttelixencia a la mía que pueda responder a sus preguntas propuesttas o dificultades que puedan ocurrir siendo de la misma facultad con ttoda aprobación Christtóbal Ruis florindo Alarife des esta villa mi hermano y de quien por su agilidad tengo entera sattisfacción y otorgo poder…» para ello.

A pesar de tal supeditación, se le conocen a Cristóbal ciertas actuaciones de manera autónoma en la construcción de viviendas particulares, como la que erige para María Vidal a la salida de la calle Mayor en 1764, e incluso llegó a ejercer el cargo de alarife municipal del consejo al menos durante los años 1764, 1768 y 1779. Pero será la construcción de la nave sur o de la Epístola de la iglesia parroquial fontaniega –de momento– la obra documentada de mayor envergadura ejecutada bajo su dirección autónoma en el ejercicio de su profesión en solitario, y que iniciaría a finales de 1767 bajo la supervisión del maestro mayor de obras de arzobispado Pedro de Silva.

La ampliación del templo que su hermano Alonso había ejecutado años antes (1764-1765) con una nueva nave en el lado del Evangelio (colindante a la actual plaza de Santa María la Blanca) resultó insuficiente, necesitándose el añadido de otra nave en el lado de la Epístola, de manera que se resolviera definitivamente el problema del alojo de los feligreses de una población en auge y se solventara la necesidad estética de mantener la simetría del templo en torno a su eje longitudinal. Su fábrica fue concluida en 1769, aprobándola el arquitecto Silva el 6 de mayo del mismo año.

Relativa a esta destacada intervención en la carrera profesional de Cristóbal Ruiz Florindo, reproducimos a continuación un documento inédito autógrafo del propio maestro de obras. Dice así:

«Chistobal Ruiz Florindo Maestro Alarife de esta villa a cuyo cargo corrió la obra y fábrica de una nave que se hizo en la iglesia parroquial de esta villa, certifico y juro que estando abriendo los cimientos para dicha obra en la pared principal de la calle se descubrieron dos pozos, los que fue preciso macizar […] para la seguridad de la pared, y asimismo se le echaron dos barretones de hierro a la columna que mantiene los dos arcos que se abrieron en la pared principal de dicha iglesia, con una cruz de hierro en el pie, […] para fortaleza de dicha pared, en que se gastaron ocho arrobas de hierro. Y asimismo se pusieron dos tirantes de madera de más de los necesarios, porque fue indispensable ponerlos, para más seguridad de la expresada obra. En todo lo cual se gastaron, hasta en cantidad de setecientos reales de vellón. Y por ser todo la verdad firmo la presente en la villa de fuentes, en treinta de abril de mil setecientos setenta y nuevo.
Rúbrica autógrafa de
Cristóbal Ruiz Florindo».

Otra de las acciones documentadas de Cristóbal data de noviembre de 1768, cuando presenta al cabildo municipal un memorial solicitando la autorización para la construcción de uno o dos molinos harineros en terrenos de propios para el beneficio del común de los vecinos. Éstos serían levantados aprovechando el caudal del arroyo del Alamillo, con la creación de un sistema de aprovechamiento de las aguas fluviales y de los pozos de la zona, y la reutilización del agua para un abrevadero de ganados y riego de una huerta. Un proyecto para el que obtuvo el beneplácito del cabildo en la sesión celebrada el 30 de noviembre de 1768.

En estos años, la actividad constructiva de su hermano Alonso es plena y su ausencia de Fuentes constante, incluso llegando a residir durante algún tiempo en la próxima Palma del Río, desde donde atiende sus compromisos de aquella comarca. Cristóbal sigue siendo la persona de confianza de Alonso en Fuentes, y podemos llegar a estimar que la relación familiar es cercana y fructífera, hasta el punto que en 1774, al nacer el primer nieto de Alonso –hijo de Alonso Ruiz Florindo de Carmona–, sus tíos abuelos Cristóbal Ruiz Florindo y Juana Ruiz Castizo son sus padrinos de bautismo.

No se conoce que pudiera llegar a ocurrir, pero cierto es que los últimos años de vida de Cristóbal fueron decadentes. La muerte le sorprendió el 26 de mayo de 1786, a los 61 años, y debió ser inesperada al dejar pendientes diversos asuntos, entre ellos el testamento. En estas fechas su situación debió ser precaria, ya que en el propio registro de defunción se hace mención a su pobreza. A su muerte vivía en la calle Lucía Ojeda (Aurora), siendo enterrado en la ermita de San Francisco «por no haber cabida en la Parroquia».

La historia le ha dado a Cristóbal Ruiz Florindo un papel de segundón, de sustituto y subalterno, pero no por ello, su relevancia debe de pasar desapercibida. Su obra permanece casi tres siglos después, y muy probablemente, muchas de las edificaciones fielmente atribuidas o firmadas por su hermano Alonso fueron ejecutadas y dirigidas in situ por el propio Cristóbal. Sea como fuere, su figura es una pieza indispensable en la fructífera y destacada estirpe Ruiz Florindo, de tan relevante legado para Fuentes de Andalucía.

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía

miércoles, 13 de diciembre de 2023

EL MIRADOR DE DON CIPRIANO, EN LA AVENIDA DE LA PALMERA DE SEVILLA

En Tennessee (EEUU) hay una réplica a escala real del mismísimo Partenón de Atenas. Una plaza de Cenicero (La Rioja) tiene una Estatua de la Libertad y paseando por el centro de Badajoz hasta podemos llegar a toparnos con la inigualable Giralda. Y así, no pocas «torres eiffeles» o «casas blancas» se reparten por el mundo. Unos son un clon exacto, otros no llegan ni a primos hermanos.

En las últimas décadas, esta costumbre de «copiar» lugares emblemáticos de otras ciudades del mundo –conocida como «duplitectura», uniendo los términos duplicidad y arquitectura– es una constante en China, donde es frecuente encontrarlas en varias de sus provincias. En Dailán, por ejemplo, se puede disfrutar de los canales de Venecia sin salir de las fronteras del gigante asiático. Un hecho que no forma parte de parques temáticos o infraestructuras de exposiciones universales, sino que se trata de comunidades completamente funcionales donde las familias chinas viven y crían a sus hijos.

No deja de ser una práctica controvertida. Algunos la consideran una forma de plagio y de falta de originalidad, mientras que otros la ven como una forma de expresión cultural y de intercambio de ideas, basada en la inspiración e influencia de distintas corrientes o estilos artísticos o arquitectónicos que no es una tendencia reciente.  

De este modo, la huella de la arquitectura dieciochesca de la campiña sevillana quedó claramente patente en las edificaciones de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Un hecho que se dio de la mano del arquitecto Juan Talavera Heredia (Sevilla, 1880-1960), viéndose claramente en su obra el influjo de la arquitectura barroca astigina, a la que llegaría por su madre, natural de Écija. Este hecho le llevó, del mismo modo, a conocer «in situ» las singulares fachadas y toda la producción fontaniega de la estirpe de los Ruiz Florindo.

Proyecto original del Pabellón del arquitecto Juan Talavera Heredia.

La arquitectura regionalista sevillana supo sintetizar una herencia cultural que abarcaba desde el arte islámico hasta el barroco del siglo XVIII pasando por el mudéjar, y la Exposición Iberoamericana de 1929 jugó un papel decisivo al revalorizar esta identidad sevillana y su arquitectura propia, reutilizando no solo modelos del pasado, sino sus técnicas y sus materiales constructivos enriqueciendo el patrimonio de la ciudad.

En 1925, Talavera recibió el encargo de proyectar el Pabellón de Agricultura. Para ello el arquitecto diseñó una vivienda señorial de ámbito rural con una fachada principal neobarroca, con una gran portada con columnas salomónicas, entre dos torres-miradores gemelos situados a ambos lados.

Se trataba del primero de los dos proyectos que el arquitecto realizó para el Pabellón de Agricultura de la Exposición, que con el tiempo pasaría a ser denominado Pabellón de Aceite y Agricultura según las directrices de la organización, y generalizándose en la forma Pabellón del Aceite.

La cancelación del propósito inicial y su unificación con el del Aceite, provocó que Talavera tuviera que rediseñar el proyecto, transformándolo en una hacienda de olivar e introduciendo de este modo en la ciudad la arquitectura blanca de un gran caserío de campo, enraizado en los esquemas constructivos rurales de la campiña sevillana.

Un hecho que nos privó de poder disfrutar hoy día, en la notable avenida de la Palmera de Sevilla, del mismísimo mirador de la casona señorial de los Fernández de Peñaranda de la calle Carrera –la casa de don Cripriano–, y no uno, sino por partida doble. Se nos despojó de admirar una reproducción exacta de una de las obras clave del maestro Juan Ruiz Florindo (1699-1753) en la capital hispalense, y su repercusión durante el desarrollo de la Exposición Iberoamericana.

Superposición de los elementos arquitectónicos de las casas fontaniegas
sobre el proyecto original del Pabellón del Aceite.

En ese primer proyecto fallido, cuya documentación se conserva y se reproduce aquí, Juan Talavera compilaba elementos de la arquitectura señorial tanto de Écija como de Fuentes de Andalucía. La portada del pabellón estaba claramente inspiradas en las homónimas de los palacios de Peñaflor y de Benamejí, de Écija, franqueada por las dos torres, diseñadas a semejanza del mirador fontaniego citado. Una similitud extrema que se aprecia en la ornamentación de los vanos, las pilastras almohadilladas, los pedestales bulbosos, así como los pinjantes que penden de estos o en los pináculos que coronan el tejado a cuatro aguas.

De igual modo, la decoración de las ventanas se asemejan claramente a las que presentan tanto la propia fachada de la casa de la calle Carrera como la también construida por Alonso Ruiz Florindo para los Fernández de Llera en la hoy rotulada como calle Fernando de Llera.

Lo que pudo ser, y no fue, como tantas cosas. O como aquellas que fueron, y se perdieron. Pero eso ya es otro cantar.

Sea como fuere, cierto es que lo que debió ser un notable edificio de la Sevilla del 29 se quedó en una carpeta, en un estante, de algún archivo, con la firma del arquitecto Juan Talavera Heredia.

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía
 
BIBLIOGRAFÍA:

GRACIANI GARCÍA, A. (2023). Écija en la Exposición General Española de 1929. En: MARTÍN 
PRADAS, Antonio (dir.). Actas de las XV Jornadas de Protección del Patrimonio Histórico de Écija: Écija creadora, exportadora e importadora de influencias. Écija: Asociación de Amigos de Écija, 2023, págs. 115-132.

https://exposicioniberoamericanadesevilla1929.blogspot.com/2010/04/34-pabellon-del-aceite-y-
agricultura.html [Consulta en línea 9 de diciembre de 2023].

Servicio General de Fototeca y Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla. Registro 3-700.


miércoles, 2 de noviembre de 2022

ALONSO RUIZ FLORINDO, EL «SORDO DE FUENTES»

Dentro del ciclo de conferencias «En tiempo de los Ruiz Florindo», promovido por el Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía en el marco del Año Florindo, el 25 de octubre de 2022, coincidiendo con el III Centenario del nacimiento de Alonso Ruiz Florindo acontecido el 22 de octubre de 1722, tuve la oportunidad de participar en tal ciclo hablando sobre la figura y obra de Alonso, el maestro de obras de mayor proyección y personalidad de la destacada saga familiar.

De forma cronológica y sucesiva desarrollé una aproximación a los aspectos más personales de la vida de Alonso Ruiz Florindo, en base a la documentación conocida relativa a sus obras de mayor envergadura, su vida y su actividad laboral y mercantil.