SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG

A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se alza una fuente que, desde hace siglos, fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario», cuyo caudal se nutre de un ingenioso sistema subterráneo de captación y conducción de aguas. Rodeada de vestigios de los distintos pueblos que habitaron estos lares, la fuente aparece citada ya en 1599 en las Actas Capitulares, donde se acordaba «su reparo». Décadas después, en 1690, el Cabildo Municipal dispuso que fuera labrada en piedra. Durante el siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes Ruiz Florindo, célebres por su huella en la arquitectura barroca de Andalucía occidental, intervinieron en la fuente y su sistema hidráulico. Al igual que en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras cargadas de memoria e historia, continúan manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; rasgos de un territorio que dieron el nombre a este singular lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía. Como el agua que fluye de esta fuente, es mi intención que de este blog mane un caudal inagotable de historia y patrimonio fontaniego.
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martes, 6 de agosto de 2024

CON F DE FERIA

Y de Fiesta de la Ermita, y de Fuentes…

«Lámina en que hay inscripciones o figuras y que se exhibe con fines informativos o publicitarios» bajo una serie de premisas de coherencia tanto cromáticas como de contenido, y con un mensaje claro, sencillo y directo. Así define claramente la Real Academia Española de la Lengua la palabra cartel en su primera acepción, y eso es lo que he buscado a la hora del diseño de este collage digital cuyo resultado ha sido la obra plástica que ilustra el cartel anunciador de la Feria de Fuentes de Andalucía 2024, en la edición que recupera su nombre primigenio de Fiesta de la Ermita y que ha supuesto todo un reto personal, a sabiendas que ya recayó sobre mí tal responsabilidad en el año 2022, con aquel cartel rancio que tanto buena aceptación tuvo, y de cuya influencia he huido en esta nueva encomienda.

La composición de esta obra no es más que la culminación de una iniciativa que nacía en estas mismas páginas hace ahora un año, en la revista de 2023, donde publicaba un trabajo de investigación histórica bajo el título «La Ermita de la Fiesta», en el que analizada la historia y devenir de este singular edificio del barrio de «El Postigo» indisoluble, durante siglos, a la trayectoria de vida de la feria fontaniega. En aquellas páginas, lanzaba públicamente la iniciativa de la recuperación de la nominación histórica de la fiesta, que se perdería oficialmente en 1948 –setenta y cinco años atrás– pero que ha perdurado en el habla de las gentes de Fuentes por transmisión oral.

La Feria de Fuentes de Andalucía ha ido desarrollando en el devenir de su dilatada existencia una serie de modificaciones sustanciales de fecha, fines, denominación, hábitos, formas, imagen o formato, entre otros muchos condicionantes; pero hay una característica particular que se ha mantenido en el tiempo: el emplazamiento de su celebración, y de ahí su denominación primitiva, única y singular.

Si cierto es que la fiesta se repite en una línea de continuidad con el pasado, también lo es que simultáneamente se renueva, arrastrada a un proceso continuo de evolución y renovación marcado por la sociedad fontaniega de la época. Un desarrollo, y su consecuente transformación, que no ha influido en el emplazamiento de celebración de la fiesta, hasta el punto que el espacio se ha mantenido vacío, adaptado y urbanizado, bloqueando e influyendo en el crecimiento del núcleo urbano habida cuenta de la relevancia del mismo en la repetición cíclica de la fiesta.

En base a ello, y con objeto de preservar la singularidad que dotara de idiosincrasia en la nominación a la Feria de Fuentes de Andalucía, proveyéndola de cierta particularidad, en el mes de abril de 2024 emprendí los trámites para solicitar a la Corporación Municipal en pleno del Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, la permanencia y difusión del nombre originario de la fiesta junto al actual, en la forma «Feria de Fuentes de Andalucía. Fiesta de la Ermita» en todos aquellos soportes nominativos, gráficos o documentación de relevancia que emanen del ente municipal con el objeto de brindar y lograr la permanencia en lo sucesivo.

La propuesta contó con la adhesión por escrito de D. Jesús Cerro Ramírez en calidad de cronista de la villa, la Hermandad de la Humildad como corporación impulsora de la fiesta originaria, asociaciones culturales, entidades afines a la fiesta y las casetas del Real fontaniego, a todos los que una vez más hago público mi agradecimiento por el respaldo brindado, convirtiendo tal proyecto en una instancia colectiva con un amplio respaldo social y ciudadano.

Iniciado el proceso administrativo, con el impulso del gobierno municipal, los técnicos municipales del Área de Cultura y Fiestas y la Secretaría General del Excmo. Ayuntamiento, la propuesta fue incluida como punto en el orden del día del pleno de la Corporación Municipal del 6 de junio de 2024, en el que tuve la grata oportunidad de intervenir para exponer la iniciativa, que sometida a debate y votación, fue aprobada por unanimidad de la Corporación, quedando nominada la celebración en lo sucesivo como «Feria de Fuentes de Andalucía. Fiesta de la Ermita».

Por todo ello, y una vez más, reitero mi gratitud al Sr. Alcalde, equipo de gobierno y los grupos municipales de NIVA y PSOE por el impulso y ejecución de la iniciativa, y a todos cuanto con su respaldo y adhesión lo han hecho posible.

De este modo, el nombre de la Feria – Fiesta de la Ermita tenía que estar muy presente en el cartel de 2024, en una composición gráfica que combina el ayer con el hoy, la historia con el presente, el pasado con la actualidad y la fotografía antigua con ilustraciones vectoriales. Un conjunto en el que claramente predomina la letra f, como inicial de la palabra Feria, y a su vez, de Fiesta de la Ermita. Esta última nominación que regresa, como los términos de Fuentes de Andalucía, han sido extraídos de la portada del programa de feria de 1945, manteniendo exhaustivamente tal tipografía.

Junto a los letreros preceptivos de nombre del festejo, lugar geográfico y fecha de celebración aparecen en la esquina inferior izquierda una serie de términos. Son los nombres de las veinte casetas que dan vida y cuerpo y llenarán de jolgorio, jarana, juerga y jaleo el Real de la Feria fontaniega en su edición de 2024.

El conjunto de textos descritos se completa con una serie de elementos gráficos en el que destacan cuatro fotografías antiguas. Entre ellas sobresale una de singular significación, tanto por lo que representa, como el lugar en el que está tomada: Cuatro jóvenes y niñas vestidas de flamenca, en la calle Humildad –epicentro del barrio de «El Postigo»–  con la Ermita de San Francisco al fondo, en un ambiente festivo, durante un día de Fiesta de la Ermita de finales de la década de 1940. Los propios alumbrados han servido para el recorte siluetado de la instantánea en la que de izquierda a derecha aparecen las hermanas Amparo, Manuela y Ana García Lora-Villar y Rosario Narváez Ostos. 


En la segunda de las imágenes aparecen dos niños montados en el típico caballito de cartón que el fotógrafo ambulante de turno colocaba en la puerta de la caseta del «Círculo de la Amistad» –hoy Peña Flamenca–, momento en el que las familias inmortalizaban a los más pequeños en una época en la que por lo general se iba a la feria más a mirar, que a gastar. De este modo he querido traer al cartel a los niños, que con tanta ilusión y deseo viven la fiesta en unos días de estallido de sensaciones y disfrute. Son los hermanos Cristóbal y Pepita Pilares Flores, símbolo también de esos niños que, con sus familias, tuvieron que emigrar a otras zonas de España en busca de trabajo, y que muchos de ellos, regresan al pueblo en estos días de feria.

Y por último, en el vértice inferior derecho aparecen dos imágenes solapadas. Una mariposa de los alumbrados efímeros que era el punto de partida de la Fiesta de la Ermita, y que formaba parte del primer arco que se instalaba «en la cruz», en la intercesión de las calles Lora, San Miguel y Cruz, y que posteriormente pasó a colocarse en la intercesión del Postigo, al inicio de la calle Humildad. Esta aparece sobre una instantánea de la rifa del cochino, otra de las tradiciones singulares de nuestra feria y que la Hermandad de la Humildad mantiene desde mediados del siglo XIX, que se originó como fuente de ingresos para financiar los cultos a la Virgen de Consolación y la Fiesta la Ermita. La imagen debe estar tomada el último día de la feria, ya que aparecen los bombos para el sorteo, así como la campana de mano para llamar la atención de los feriantes. Elementos que afortunadamente se conservan y usan con el mismo fin. Delante de las mesas aparece el propio cerdo, y tras ellas, los hermanos de la Hermandad con las papeletas en sus manos. Dos niños al fondo y tres varones en primer plano, siendo el del centro Manuel Herce González –Manolo Millán–, hermano mayor desde 1946 a 1989.

El cartel se completa con una serie de elementos gráficos vectoriales muy típicos y representativos de la feria: una guirnalda de farolillos, una peineta, un toldo de rayas de una caseta y el característico dibujo ornamental de las sillas y mesas sevillanas, que aparece bajo el nombre de fiesta. Un cúmulo de componentes peculiares que deberían preservar su permanencia en el exorno y embellecimiento de la feria.

Por último, y a modo de elementos complementarios, aparece sobre la letra f un clavel rojo que rompe la uniformidad cromática y, en la esquina superior derecha, unos círculos imperfectos que no son más que las marcas o cercos que dejan los vasos sobre las mesas y barras, en los cientos de momentos de compartir en la feria charla y copas con amigos y familiares.

En cuanto a la paleta de colores, predomina el color amarillo albero, tan ligado al piso del Real y, a su vez, a la ermita, que contracta con la tonalidad de las fotos en blanco y negro, y los matices verde y rojo que completan la proclama como medio estático y publicitario, anuncio inminente de la gran fiesta del verano para los fontaniegos y aquellos que regresan o visitan el pueblo en estos días.

Un cartel fresco, muy visual en el que convergen mis pasiones por el diseño gráfico y la fotografía antigua, por la historia y por la Fiesta de la Ermita, y que firmo como prólogo a ese «milagro de color, donde se adecuan luces y formas» que es la feria. A ese barrio efímero de la explosión de la alegría y exaltación de la amistad, del compartir, que toma vida en «El Postigo» para celebrar la vida, que no es poco.

Que llegue la feria con las ganas de todos los años, y que los chavales sigan diciendo que ha sido la mejor de su vida. Que llegue la feria que este cartel anuncia, y que vuelva a vestirse de luces «El Postigo» y endomingarse su Real.

A la Feria, fontaniegos, a la Fiesta de la Ermita. Al Postigo. A disfrutar.

viernes, 22 de diciembre de 2023

SE ARMÓ EL BELÉN

En estos días de diciembre de 2023, antesala inminente de una nueva Navidad, se cumplen ochocientos años de aquella escenificación del nacimiento de Jesús que –según cuenta la tradición– recreó San Francisco de Asís en una cueva del pueblecito italiano de Greccio. Allí, ante la representación viviente de la natividad de Cristo, Francisco celebró la Eucaristía en presencia de los habitantes del lugar, a los que habían convocado al toque de la campana de la ermita de la aldea.   

Un hecho con el que el «pobrecito de Asís» buscaba la evangelización de los vecinos de la región, mayormente analfabetos, destacando la humildad con la que nació el Hijo de Dios, y con el que se convertiría en el impulsor de la histórica práctica del montaje y exposición de los portalitos de Belén.
Desde entonces, el llamado portal de Belén, nacimiento, pesebre, misterio o sencillamente «el belén» –en alusión al nombre de la localidad palestina en dónde se asegura nació Jesús de Nazaret– se han convertido, dentro de la tradición cristiana, en un elemento navideño imprescindible en muchos lugares del mundo, que de la originaria representación viviente evolucionó a la realización de las figuras con diferentes materiales.

Pero no sería hasta mediados del siglo XIX cuando la costumbre se extendería, allende de los muros de las iglesias y los palacios, a muchos hogares españoles. Fue entonces cuando empezaron a fabricarse las figuritas en serie y el hábito progresó hasta convertir al belén en un concepto, e incluso al belenismo en un arte, lejos de «americanadas cursis» y otras modas, en ocasiones horteras, que hoy nos inundan y nada tienen que ver con la tradición navideña occidental y la costumbre andaluza –en base a nuestros valores antropológicos– de conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret.

En Fuentes, las Pascuas –que era como se conocía a la Navidad en otros tiempos–, se extendían como era propio desde la Nochebuena hasta el día de los Reyes, aunque no era más que una celebración meramente familiar que difería bastante con los modos y formas de hoy día, tanto que para muchos no era ni Navidad porque no tenían ni que llevarse a la boca.

En todo caso, era una fiesta de sabores en frías jornadas al calor de la copa de cisco: La cena de Nochebuena en familia, algún que otro villancico al son del pandero y el almirez, pestiños, buñuelos, el aguinaldo, chocolate con tortas, mantecaos o la copita de aguardiente, si la cartera daba para ello. Lo de las campanadas es una moda reciente, y la Nochevieja era prácticamente un día más.

Y con la venida de los Reyes Magos, la fiesta llegaba a su fin.

Los niños eran felices, cuando se podía, con un caballito de cartón o una muñeca de trapo, mientras que otros se conformaban con aquellos típicos canastitos de papelillos con algún que otro caramelo. Era una época en la que no se pedía, sino que se recibía con alegría lo poco que llegaba. Y no es hasta la década de 1950 cuando en Fuentes el Ayuntamiento comienza a organizar, en la tarde del 5 de enero, la venida y posteriormente cabalgata de Reyes Magos.

Y como otro elemento inexcusable el belén del Postigo, de las Hermanas de la Cruz, que podríamos considerar como el primigenio de los grandes belenes de las navidades fontaniegas del siglo XX, al que ya en la década de los 80 y 90 se sumarían el de la parroquia, el de la Hermandad de Vera Cruz o los muchos y buenos de decenas de hogares de las familias de Fuentes. Belenes domésticos repletos de ovejitas, pastores, lavanderas y un puñado de figuritas de oficios varios con los imprescindibles reyes magos y el niño Jesús, María, José, el buey y la mula; todo ello sobre un desierto de aserrín, poblado de casitas de cartón, «mocos» de la vía del tren a modo de rocas y el papel «albal» haciendo las veces de río.

Las hijas de sor Ángela de la Cruz, que se establecieron en el Postigo en 1904, fueron pioneras en Fuentes con sus belenes, como San Francisco lo fue en Greccio. Qué casualidad que lo fueron en la ermita que atiende a la advocación del santo de Asís. Y además, durante décadas, lo hicieron por partida doble. Por un lado, con la representación viviente del misterio de la Navidad que las niñas del colegio en el convento establecido representaban; y por otro, con el propio belén que instalaban y siguen armando en la capilla, no falto de monumentalidad. 

Muestra inequívoca de aquellos orígenes nos la ofrece la interesantísima fotografía que reproducimos, fechada en 1912, y tomada en el altar mayor de la ermita de San Francisco. El retablo mayor aparece totalmente cubierto por un paisaje en lienzo de grandes dimensiones, y en distintas escalas se entremezclan hasta cinco niñas vestidas de pastoras, entre otras figuras del belén, y arriba, en la parte más alta, las efigies de san José, la Virgen María y el Niño de Dios. Entre los personajes secundarios se aprecian muñecas y muñecos de distinta factura ataviados con ropa alusiva, ovejas y, en la parte derecha, una burra de cartón que aún conservan en el convento. Todo ello, en un monumental risco de corcho y ramajes. Incluso en la parte baja central se observa un sagrario.
 
En esta fotografía, fechable en torno a 1960, se aprecia el belén de las hermanas al fondo en el transcurso de una celebración eucarística de Navidad, presidida por el entonces párroco D. Antonio Cabezas Moya (1930-2016). En torno al sacerdote, los monaguillos, dos niñas representando ángeles y, en primer plano, otra chiquilla ataviada de pastora.
 
Representación viviente del misterio del nacimiento de Jesús, en la década de 1970, con un amplio número de pastoras. De nuevo, al fondo, el belén de la ermita.

Ochocientos años después del hecho de Greccio, los belenes siguen representando la ilusión, el talento, la originalidad, el interés y la paciencia del que lo pone con objetivo claro y evidente de no solo mantener una tradición, que también, sino de rememorar el entorno, el paisaje y el propio misterio del nacimiento de Jesús de Nazaret para disfrute propio y de cuantos acudan a su contemplación.

Por ello, coincidiendo con la histórica efemérides reivindico de manera modesta –pero a sabiendas de la oportunidad que me ofrece esta tribuna– la tradición y lo que supone armar el belén, y cuanto se ha de vivir en torno al misterio que este representa.

Reivindico la Navidad con su ser y sus valores cristianos –Sin Cristo, no hay Navidad–, lejos del desenfreno de derroche y consumismo que nos invade desde noviembre. Pensemos que la Navidad es efímera, como los belenes, y que solo dura una noche y cuanto se alarga el día siguiente, aunque en la liturgia se extienda a su octava.

Y en esa reivindicación quiero mirar a lo que nos une. Quedémonos con el abrazo sincero, con lo positivo, con lo que suma, con lo que enriquece, con lo que nos aporta, con lo que nos hace crecer como personas; que es mucho más que los mensajes pesimistas que en ocasiones nos bombardean y nos aterrorizan. Para eso, ya tenemos la cruda realidad del día a día. Y no es mirar para otro lado, es ver nuestra existencia creyendo en el prójimo, con fe, con esperanza y con amor. Tal como escribió San Pablo a los corintios, «el amor no pasa nunca».

Los belenes nos llevan a esa patria de la infancia, a ese territorio de un país de alegrías perpetuas, a una Navidad auténtica sin abalorios y con mucha verdad. La verdad del Niño de María y su mensaje, con la sencillez que ocurrió en Belén de Judea hace más de dos mil años; y con la humildad que Francisco de Asís lo presentó en aquella cueva italiana hace ahora ocho siglos.

Pues impregnado de este mensaje, me sirvo de este altavoz para desear a cuantos estas líneas lean mi felicitación ante la imperiosa Natividad del Señor. Que la conmemoración que festejamos en estos días, al ablandarnos el corazón, nos impregne de alegría, de paz y de cordura, que falta nos hace ante tanta insensatez. Sólo eso, que no es poco.

Esa es mi ansia para esta Navidad.

Francis J. González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía
 


lunes, 21 de marzo de 2022

LA FOTO DEL CARTEL DEL SAHUMERIO, DE DON JUAN “EL DE LA LUZ”

Por escaparates y muros de comercios y bares, por las redes sociales o en los tablones de anuncios de las iglesias y casas de hermandad luce desde hace unos días el cartel de “El Sahumerio 2022”, que anuncia –según esta tertulia cofrade fontaniega– la inminente llegada de una anhelada Semana Santa.

El cartel lo ilustra una vanguardista obra del polifacético artista Miguel Caiceo, que ha dado una especial relevancia a la arquitectura de los Ruiz Florindo; un guiño de la tertulia para sumarse a la conmemoración del Año Florindo, que a lo largo del presente impulsará el ente municipal fontaniego.

El centro de la arriesgada obra pictórica mixta lo ocupa la portentosa imagen del Señor de la Humildad, titular de la cofradía homónima con sede en la Ermita del Postigo. La fotografía muestra la talla completa del Cristo, con el juego de potencias y corona de espinas de plata del siglo XVIII, sin caña, en un perfil buscado para poder apreciar el rostro. La soga al cuello, en varias vueltas, cuyos extremos caen por su lado izquierdo, tras la pierna en la que apoya el característico brazo en el que Jesús de la Humildad sostiene absorto su cabeza. Y como último detalle, una tela adamascada recubre la peña sobre la que Cristo toma asiento. Tras Él, un arrugado paño hace de telón de fondo.

La misma se trata de una fotografía inédita, realizada en los primeros años del siglo XX por Juan Nepomuceno Díaz Custodio, y muy probablemente la instantánea más remota de las que a la fecha se conocen del Señor de la Humildad.  

¿Y quién fue esta persona? Pues si al salir de “las monjas” usted enfila la calle Mayor, en la fachada de la casona que se sitúa a su izquierda podrá leer en un azulejo: Fábrica de electricidad, fundada en 1904 por Juan N. Díaz Custodio. Pues a este ecijano, nacido en 1875, debemos la preciada foto.

Licenciado en Derecho, que nunca ejerció, compaginó sus estudios superiores con los de Física, convirtiéndose en un destacado especialista en energía eléctrica. Fotógrafo aficionado, desde principios de siglo atesoró numerosos premios de certámenes fotográficos nacionales e internacionales. Instaló fábricas de electricidad en varios pueblos andaluces, entre ellos Fuentes, y experimentó en la aviación y en la radio.

Reconocido internacionalmente por sus retratos, Díaz Custodio dominó de forma inusual la técnica del contraluz, lo que para cualquier fotógrafo era un reto, consiguiendo dar bellísimos detalles en las sombras, siendo reconocido como el mejor retratista de la escuela sevillana.

Un hombre pionero en muchos campos, un erudito adelantado a su tiempo, que se postró ante la portentosa efigie del Señor de la Humildad para inmortalizarlo tal y como lo podemos observar y venerar en esta preciosa fotografía con más de un siglo de existencia.

Posiblemente sería en la sacristía de la Ermita, colocando al Señor sobre una pequeña mesita, tal como se observa en la fotografía original. Y no fue la única estampa inmortalizada, pues en el valiosísimo archivo de Díaz Custodio se conserva una segunda placa estereoscópica de un primer plano del Señor, a modo de retrato, en el que el Cristo se muestra sin potencias y con la soga o cordón hacía su lado izquierdo.

Don Juan, que era la forma en la que sus contemporáneos lo nombraban, era bisnieto de la fontaniega Pilar Armero Almazán –nacida en Fuentes en 1781– y nieto de Juan Nepomuceno Díaz Armero, a la sazón primo hermano y posteriormente cuñado de Francisco Armero Fernández de Peñaranda, el general Armero.

Coincidiendo con la instalación de la fábrica de electricidad de Fuentes, Juan N. Díaz trasladó su residencia a Fuentes durante un tiempo, acompañado de su mujer Lola Gálvez Lagrera, y una hermana de esta, Pastora.

Fue el 1 de enero de 1905 cuando quedaría inaugurado el primer servicio de alumbrado eléctrico público fontaniego, que había sido adjudicado en subasta pública en agosto de 1904 a Juan N. Díaz Custodio y José Piñero Fraile por un periodo de veinte años, únicos postores que concurrieron a la convocatoria. Y no era este el único hecho relevante que Fuentes gozaba en estos meses, rodeado de un panorama de penuria, hambre y una pertinaz sequía que provocó un desconsolador paro obrero. El 23 de septiembre de 1904, mientras los operarios de don Juan tendían el cableado eléctrico por las calles de Fuentes, en el barrio del Postigo las Hermanas de la Cruz inauguraban su convento, asentándose en el antiguo arrabal dieciochesco, aledaño a los viejos muros de la Ermita de San Francisco, la casa del Señor de la Humildad.

Pronto entablaron cariño y apego los Díaz Gálvez con las primeras hermanas que llegaron a Fuentes, en especial Pastora. Ello les llevó a conocer personalmente a sor –santa– Ángela de la Cruz en sus estancias en Fuentes y colaborar en el sostenimiento del nuevo cenobio fontaniego, y sería a través de las propias hermanas de la Cruz como Juan N. Díaz llegaría hasta el Señor de la Humildad, e inmortalizarlo. Muy probablemente, sería la primera cámara fotográfica de la historia que entrara entre aquellos paredones, y de tal forma quedaría prendado Díaz Custodio, que terminó formando parte de la nómina de hermanos de la Humildad, así como posteriormente algunos de sus hijos, los Díaz Gálvez.

Tal fue el reconocimiento y admiración del matrimonio Díaz Gálvez por la magnífica labor que las hermanas de la Cruz desarrollaban, que no cesaron en su empeño hasta conseguir que las hijas de sor Ángela abrieran casa en su Écija natal.

Francis J. González Fernández

  

NOTA: Mi gratitud a la familia de Juan N. Díaz Custorio, herederos de su legado, y a Julio Arturo Cerdá, custodio de la valiosísima colección fotográfica.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

ARCHIVO PARROQUIAL. Acta de bautismo de María del Pilar Armero Almazán. 13 de octubre de 1781.

CERRO RAMÍREZ, Jesús. I Centenario del alumbrado eléctrico en Fuentes de Andalucía. Revista de Feria de Fuentes de Andalucía 2005. 2005, IIª época, p. 43-45.

FREIRE GÁLVEZ, Ramón. D. Juan N. Díaz Custodio: Écija, de siglo a siglo. Écija: Gráficas Sol, 1994.

MORENO DE LOS RÍOS DÍAZ, Ramón y CERDÁ PUGNAIRE, Julio. Juan N. Díaz Custodio: el genio de la luz (1893-1912). Écija: Asociación Amigos de Écija, 2016.




lunes, 16 de julio de 2018

CUANDO LA VIRGEN DEL CARMEN PROCESIONABA EN FUENTES DE ANDALUCÍA



El 24 de abril de 1894, el Vicario General de la Orden Carmelita aprueba en Roma la erección canónica de la Confraternidad de Nuestra Señora del Carmen de Fuentes de Andalucía, que había sido fundada en 1890 promovida por el entonces párroco don Juan Bautista Jiménez Barros.
Su principal objeto era dar culto a la venerable imagen de la Virgen que tenía su altar en la Ermita de San Francisco de Asís, invirtiendo sus fondos en una novena anual, que finalizaba con la procesión de la Virgen, y en la celebración de ejercicios vespertinos en los domingos terceros de cada mes. Los hermanos, que había de dos tipos según la cuota que abonaran, 12 o 4 reales al año, tenían la obligación de asistir a todos los actos religiosos que organizara la Hermandad con su escapulario.
Aunque la entidad estudiada se constituye a finales del siglo XIX, en el XVII ya existió una Hermandad del Carmen en la Iglesia Parroquial, teniéndose constancia de su existencia desde 1672. Rendía culto a su imagen en la Capilla del Sagrario, y por motivos no conocidos se marchó del templo en 1710, estimándose que se trasladara a la Ermita de San Francisco, donde desapareció en torno a 1715.
Junto con las celebraciones puramente litúrgicas, desde 1899 la Hermandad organizó una velada de varios días en los aledaños del templo de San Francisco coincidiendo con la festividad de la Virgen, el 16 de julio. La Cofradía exornaba la calle Humildad con arcos de arrayán y flores, farolillos, que se lo alquilaban al Ayuntamiento, y corría con los gastos de música, teatro, cucañas y cinematógrafo.
La desorganización de la Hermandad no se conoce con fecha exacta, aunque documentalmente se produce en 1948, último año que organiza la procesión y la velada, aunque la Virgen siguió recibiendo culto en los siguientes años.
Durante la Velá del Carmen de 1965, siendo Hermano Mayor José Molina Armías, a las 9:30 de la noche del 15 de julio, se celebró en la encrucijada de las calles Inmaculada Concepción y Nuestra Señora de los Reyes una misa de campaña con motivo de la bendición del nuevo barrio del Calvario, seguida de la procesión de Nuestra Señora del Carmen.
La última procesión de la Virgen se celebró en la década de 1970, fecha por la que ya el Ayuntamiento era el organizador de la festividad.
La fiesta se extendía durante tres días, desde el atardecer hasta la noche, y es a partir de la última década del siglo XX cuando la fiesta pasa a denominarse Verbena del Carmen, reduciéndose a una sola noche de fiesta, teniéndose en cuenta la proximidad de ésta con la Feria, fiesta mayor que con el tiempo había pasado de celebrarse en septiembre a hacerlo en el mes de agosto.  

sábado, 13 de mayo de 2017

1950. CUANDO LA VIRGEN DE FÁTIMA VINO A FUENTES DE ANDALUCÍA


En 1950 los fontaniegos fueron testigos y partícipes de uno de los acontecimientos marianos de mayor relevancia que muchos pueblos de Andalucía vivieron en plena mitad del siglo XX. Llegó a Fuentes de Andalucía la imagen de la Virgen de Fátima peregrina, de tan milagrosa advocación portuguesa.

Una devoción que surgió en la localidad portuguesa de Fátima, tras varias apariciones de la Virgen entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917 a tres pastorcillos, convirtiendo el lugar en santuario y foco de peregrinación de la orbe cristiana.

Hecha según las indicaciones de la hermana Lucía, única superviviente de los tres pastorcillos, la primera imagen de la Virgen peregrina de Fátima fue ofrecida por el Obispo de Leiría, zona a la que pertenece Fátima, y coronada solemnemente el 13 de mayo de 1947. A partir del 13 de mayo de 1948, la imagen recorrió el mundo entero, provocando una rápida expansión de la devoción a la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

Después de más de medio siglo de peregrinación, en el que la imagen visitó 64 países de los distintos continentes, algunos de ellos varias veces, la Rectoría del Santuario de Fátima entendió que no debería volver a salir habitualmente, sólo por alguna circunstancia extraordinaria, y desde el año 2000, recibe culto en el citado Santuario. Aunque para dar respuesta a las inmensas peticiones, fueron hechas varias réplicas de la primera imagen peregrina que siguen visitando los puntos de la tierra donde es solicitada su presencia.

La llegada a Fuentes tuvo lugar el domingo 5 de noviembre de 1950 convirtiéndose en todo un magno acontecimiento para la población, que alentada por las autoridades municipales y eclesiales había engalanado las principales calles del pueblo por las que pasaría la Virgen durante su estancia en Fuentes con arcos florales, y vistiendo de gala fachadas, ventanas y balcones.

La corporación municipal, autoridades religiosas y militares, la Banda de Música Municipal y todo el pueblo recibieron a la comitiva en la entrada de Fuentes, en la Cruz Juan Caro, desde donde el cortejo discurrió hasta la Plaza de España entre la multitud. Allí el secretario del Ayuntamiento dio lectura al acta de la Corporación en la que constaba el acuerdo de consagrar la villa a Nuestra Señora de Fátima, leyendo la fórmula el alcalde, José Rodríguez de Moya y Picornell, y colocando a sus pies el bastón de mando distintivo de primer edil junto con el acuerdo municipal.

La Virgen fue llevada posteriormente a la Iglesia Parroquial, donde se celebró una solemne función y quedó expuesta a la veneración de los fieles durante toda la noche, en la que se organizaron numerosos turnos de vela y se rezaron infinidad de rosarios.

Al día siguiente, lunes, el día había sido declarado festivo y la Virgen siguió recorriendo en sus andas y rodeada de multitud las calles de la localidad, visitando los conventos de las Hermanas de la Cruz y las Madres Mercedarias, siendo portada a hombros por numerosos vecinos y saliendo a su paso las personas enfermas e impedidas buscando la intercesión de la Virgen en la mejoría de su salud. Tras todos los actos celebrados, fue despedida por el gentío en la Estación durante la jornada del lunes 6 de noviembre, donde también se contó con el acompañamiento de la Banda de Música, siguiendo la peregrinación hacia otros pueblos y abandonando Fuentes por la carretera de «La Platosa».

En el pleno de la Corporación de 30 de septiembre de 1950, el Alcalde dio «cuenta de la próxima llegada a esta villa de la Virgen Peregrina de Fátima, en su recorrido por los pueblos de la Diócesis. Su llegada está anunciada para el día cinco de noviembre y durante su estancia en la localidad se realizarán diversos actos religiosos. A nosotros nos cabe el honor, entre estos actos, el de llevar a cabo la consagración del pueblo al Corazón de María acordada previamente por el Ayuntamiento Pleno del que se dará lectura pública con el fin de dar carácter oficial a su venida. A estos efectos vería oportuno excitar el fervor religioso de los vecinos, para que en su día adornen las fachadas de sus viviendas con flores, colgaduras y levantando arcos en honor a la Stma. Virgen y declarando festivo el día laborable que haya de permanecer entre nosotros y organizando en fin cuanto en honor de la milagrosa imagen pueda ser grato a sus ojos. Propuesta del Sr. Presidente que la Corporación estima oportunísima y haciéndola suya por unanimidad la de proveer en forma de acuerdo del que se redactará copia certificada para su puesta a los pies de la Virgen. Al propio tiempo, teniéndose en cuenta que para atender a los gastos de peregrinación solo disponen los Rvdos. Padres de las limosnas del pueblo, se autoriza al Sr. Alcalde para que en nombre de este Ayuntamiento aporte la cantidad que estime oportuna».

Tal fue la repercusión de la visita de la Virgen a Fuentes, que propició la expansión de su devoción en el pueblo fontaniego, y durante los años 1951 y 1952 se realizó, sufragado por suscripción popular y una importante aportación de Victoria Huertos Muñoz, una imagen de la Virgen de Fátima y un camarín en la Iglesia Parroquial.

Victoria Huertos, esposa de Manuel Muñoz Conde, médico y alcalde de Fuentes durante la IIª República, fue nombrada camarera de la Virgen, habiendo ocupado en mismo menester en la Hermandad de la Vera Cruz, donde atendía a María Santísima del Mayor Dolor.













martes, 21 de marzo de 2017

CARTEL ANUNCIADOR DE LA SEMANA SANTA DE FUENTES DE ANDALUCÍA 2017



¿No es luz la Semana Santa? 
La luz de la Pascua del que es luz del mundo, la del cirial de Martes Santo que esquiva la luz de la lámpara del «Vecino» o la luz que provoca la sombra del Nazareno del Convento en la plenitud de una tarde de azahares. La luz de una candelería bajo palio de crestería con sabor decimonónico o la del guardabrisa que intenta dar más luz aún a un manto centenario.
Es la luz en la llama de la cera del camino del Calvario, es la de la Salud que entra por las ventanas en mañana de Viernes Santo y la luz del Sagrario que reserva el cuerpo de Dios consagrado en Monumento de Jueves Santo.
La Semana Santa es… la luz ausente bajo unas trabajaderas y la que entra por el antifaz del nazareno, la luz que brilla en los ojos que se emocionan y la luz que falta en la mirada del necesitado. 
Es la de la linternita que alumbra la partitura de un músico, es la luz en tiniebla en la que se refleja el humerío’ que va formando el turiferario y, es también, por qué no, la que irradia de esa cara que pilla con hambre una torrija recién hecha.   
La Semana Santa es la fe, la imagen, el detalle, el color… y es la luz, la luz del Domingo de Ramos. 
Al igual que Cristo es el centro de nuestra Semana Mayor, en este cartel es Cristo el principal protagonista. El Señor de la Paz en su Entrada en Jerusalén, y aún cuando la vista no lo aprecie, se denota que lo hace sobre su paso de misterio, ya arriado, enfrontilado ante el dintel de Santa María la Blanca para iniciar su estación de penitencia dando comienzo a la Semana Santa fontaniega. 
Cristo en su paso, y al fondo, el singular barroco de Fuentes de Andalucía en las yeserías del altar de Ánimas atribuidas a Alonso Ruiz Florindo y parte de la balconada del órgano de la «catedral blanca de la campiña». Y arriba, en la parte superior izquierda, una leve hoja de palmera asoma su extremo.  
Cristo en el centro, su diestra bendiciendo al pueblo de Fuentes que es Jerusalén, y la luz lo llena todo, iluminando el perfil del rostro del hijo de Dios. 
La instantánea es adsorbida por el poder expresivo de la imagen, que busca en el que lo visualiza la emotividad que recoge la esencia y el sabor de estos días condensando todo el sentido y la sensibilidad que desprende cada momento de la Semana Grande de Fuentes de Andalucía.
En este cartel, la tarde le ha soltado el dobladillo a la luz que ya tantea al misterio. El Señor sale a las calles, Él que es el Buen Pastor que busca, no a las ovejas que están en el redil, sino a las descarriladas. Y es que el Señor llama, a todos sin excepción, y muchas veces no queremos ni escuchar ni acudir a su llamada. 
Es mi deseo que este cartel cumpla su objetivo: el de anunciar la llegada de lo que se aproxima y tanto ansiamos los cofrades. Y en su contemplación, vayamos más allá, y orando al Señor de la Borriquita veamos la dulce mirada del Señor del Postigo, la mano que bendice y abraza la cruz como la del Nazareno del Convento, la Paz que transmite el cuerpo exánime clavado en el madero de Jesús de la Vera Cruz, la devoción del pueblo en las súplicas a los crucificados del Calvario o la Salud y el suave sueño del Cristo yacente, preludio de la noche grande de la cristiandad. Y es que, la luz de este cartel, es la luz de nuestra Semana Santa, y las vísperas de la Resurrección. 
En las manos del Señor está todo lo que somos. En las manos del Señor está uno, y los de uno. Pero también están todos los otros. En las manos del Señor. Esa diestra que en el cartel bendice y la zurda que lleva las riendas, las riendas de nuestra vida. Y con Él, está Ella, la más eficaz Mediadora, a la que elevamos nuestra plegaria para que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos.  
Hermanos, la Semana Santa nos espera a la vuelta de la esquina. La de Fuentes de Andalucía ya tiene cartel; este es su cartel, mi foto, el Señor para mirarlo e imitarlo, el Señor para amarlo.  
Dicen que la mirada es la forma más pura de vivir. No hacen falta las palabras ni los sintagmas, los verbos ni las corcheas. Mirar es escuchar el acorde del silencio. Todo es forma, color y luz. Todo es la transparencia del aire que se cuela por los ojos. Una y otra vez. Como si no pasara el tiempo. Como si fuera posible conservar en el cofre de la ilusión la mirada del asombro, la mirada del niño. Y quien crea que todo esto puede ser una repetición que lleva al hastío, que se dé media vuelta. 
Y es que nuestra Semana Santa es como un paisaje hermoso. O como el rostro de un hijo. Porque uno no se cansa nunca de mirarla.

lunes, 13 de febrero de 2012

¡A LARDEAR!

En Fuentes de Andalucía, el Jueves Lardero y el Carnaval son dos momentos festivos que van indiscutiblemente unidos, sin llegar a entenderse el uno sin el otro.

Con la celebración del Jueves Lardero, en la semana anterior al Miércoles de Ceniza, se da el pistoletazo de salida a los días de fiesta y jolgorio en los que se desarrolla el estudiado Carnaval fontaniego, reconocido más allá de nuestras tierras por sus características que lo dotan de una esencia única.

Llegan ambas festividades previas al inicio de la Cuaresma, tiempo litúrgico al que el cristianismo imprimió el valor de período de limpieza, purga o purgatorio. Cuarenta días de ayunos y abstinencias para conseguir la purificación de los fieles, que toca a su fin el Domingo de Ramos, enlazando con la Semana Santa.

Así, la celebración del Carnaval (carnem levare = quitar la carne) se convirtió en una fiesta de despedida de la carne. Se procuraba gozar todo lo posible de la carne porque después, y durante cuarenta días, la Iglesia prohibiría catarla.

Hablan de ello los términos Carnestolendas (carne que ha de ser suprimida) y Jueves Lardero (lardus = tocino, gordo, carne gorda, grasa,). De este modo, en el habla de la tierra quedaron los términos lardero, lardear, y en los más mayores los vulgarismo «ladrero» y «ladrear».

El Jueves Lardero era una fiesta que surgió con un claro carácter pagano y popular, y no pretendía celebrar ningún acontecimiento jubiloso; por el contrario, su finalidad era aprovechar la última posibilidad de disfrute que se le presentaba al pueblo antes de un período largo de abstinencia. Como el hombre que va a atravesar un desierto se harta por última vez de agua, así el cristiano que debía enfrentarse al tiempo de Cuaresma, pretende despedirse de las cosas buenas de la vida.

Entre la media mañana y el mediodía, la gente se trasladaba en masas a la Fuente de la Reina andando, en carros, mulos, burros… cargados de talegas y canastos con hogazas y pan de rosca, entornaos, palmitos, huevos duros, chorizo, tocino de hoja y otras viandas, creando un ambiente de fiesta que permanece en la memoria de muchos de nuestros antecesores.

Era típico en este día, al igual que en la «Fiesta de la Ermita», que algún que otro fotógrafo forastero visitara el paraje y retratara a grupos de amigos y familia, y prueba de ello es el abundante material gráfico que de esta festividad hemos obtenido. En los años setenta, los terrenos de la verada de la Fuente de la Reina donde se celebraba el Jueves Lardero se convirtieron en un vertedero, y durante algunos años se celebró en los pinos, paraje de singular belleza en la zona del Arenal desaparecido a finales del siglo XX a causa de las diversas canteras de extracción de arena de propiedad privada sobre el que se asentaba el pinar.

Tras varios años de decadencia coincidiendo con el periodo del final del franquismo y la Transición, la fiesta pasó por un corto espacio de tiempo al paraje del Alamillo, aunque de forma muy transitoria. En las últimas décadas la fiesta ha retomado protagonismo, regresando a la vereda de la Fuente de la Reina, pero en una zona más alta, ocupando también las instalaciones del Parque Rural Municipal «Molino de Viento».

La popular fiesta del Jueves Lardero daba paso inmediato a la celebración del Carnaval, del que los diferentes estudios realizados sobre el mismo en Fuentes de Andalucía certifican su existencia probada desde principios del siglo XX, de una manera ya asentada y tradicional, aunque procede de tiempos anteriores. No se dispone de información escrita ya que por esta época el ente municipal ni organizaba ni participaba. Era una fiesta básicamente del pueblo y para el pueblo y su historia no la podemos recuperar más allá de donde llegan los testimonios de los más mayores del lugar.

A pesar de las prohibiciones y censuras, el Carnaval fontaniego ha llegado al siglo XXI manteniendo parte de su idiosincrasia, con las peculiaridades de las murgas, las máscaras, la calle Carrera y los entornaos, lo que le ha llevado a ser reconocido institucionalmente como «Fiesta de Interés Turístico de Andalucía» desde 2008.

martes, 8 de febrero de 2011

¿Y POR QUÉ SE LLAMÓ FUENTES?

En ciertas ocasiones, por medio de diversos escritos, publicaciones y/o apariciones en otros medios se ha difundido erróneamente que fueron los Señores de Fuentes lo que dieron su apellido al lugar que les fue entregado como Señorío. A ello ha contribuido en parte el fraile mercedario Fray Pedro de San Cecilio, que en 1669 citaba: «no sabemos qué motivos tuvieron para llamar Fuentes a este lugar, en cuyo ámbito no hay fuente alguna…». Y continúa: «…creemos que tomó el nombre que tiene del apellido antiguo de sus señores, por más que digan los que juzgan y afirman lo contrario».

Si recurrimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua, en la primera acepción de la palabra Fuente este describe el término como manantial de agua que brota de la tierra.

Los numerosos pozos y manantiales que abundan por el entorno de la población nos dan el suficiente argumento, junto con los documentos históricos estudiados, para corroborar que el lugar que nos ocupa tomó su nombre de las propias características de su territorio.

A todo ello hemos de añadir otra fuente histórica de mediados del siglo XVI, procedente del Archivo Histórico de Carmona y que prueba la abundancia de agua. Un memorial del regidor carmonense Jerónimo Barba, en el que denuncia que los moradores de Fuentes se habían apropiado de distintas tierras, en donde están «la fuente de la Aljabara, que era agua morisca, un despoblado realengo (San Pedro de Alvadalejo); más de cuarenta pozos y fuentes moriscas, entre las cuales estaban las siguientes: Agua de Alvadalejo, Agua de los Álamos, Agua de la Fuente de la Enea, Fuente Recacha, Fuente de la Reina, Cuelgamuros y La Peñuela, Fuente del Cabo, El Cañuelo y el Añorete».

Aunque no es hasta el siglo XVIII cuando se comienza a denominar a Fuentes de Andalucía con el título actual. El objetivo del apelativo «de Andalucía» no era otro que el distinguir la villa de Fuentes, en las tierras de Sevilla, con otras que con el mismo nombre existían en otros territorios peninsulares.

En documentos de los siglos XVI y XVII hemos hallado ciertas referencias que cita «villa de Fuentes, en Andalucía», pero la denominación actual aparece por primera vez en un plano del Palacio de los Marqueses en Fuentes, realizado por Alonso Ruiz Florindo en 1770, así como en una carta oficial de don Manuel Alonso Fernández de Córdoba, V Marqués de Fuentes, al teniente corregidor de la villa, fechada en 15 de Enero de 1773, siendo a partir de 1791 cuando se generaliza dicho nombre.

Aportamos aquí diversas fotografías actuales de algunas fuentes, pozos y manantiales del término cedidas por gentileza de mi amigo Juan Bárbara y del archivo del periódico digital «La Firma»: La Fuente de la Reina, el Pozo Santo, el pozo y abrevadero del Pozuelo, la noria del Alamillo, el pilarillo de la Estación, el pozo y abrevadero del Colgamure y el Barrancón.