Un 15 de mayo de 1526, hace cinco siglos, la villa
de Fuentes acogió al rey Carlos I de España y V de Alemania -nieto de los Reyes
Católicos e hijo de Felipe el Hermoso y Juana La Loca- y su esposa la
emperatriz Isabel de Portugal, durante el viaje que ambos realizaron desde
Sevilla hasta Granada tras la celebración de su matrimonio en marzo de ese
mismo año. Una conmemoración que constituye una oportunidad especialmente
relevante para destacar el papel desempeñado por la localidad fontaniega dentro
de las rutas históricas de comunicación del valle del Guadalquivir y su
integración en los itinerarios y vías de comunicación peninsulares durante la
Edad Moderna.
La presencia de soberanos u otras destacadas personalidades de relevancia en Fuentes no fue un hecho aislado ni casual. Respondía, por el contrario, a la posición estratégica que la villa ocupaba en el entramado de caminos históricos que articulaban el territorio entre Sevilla, Carmona, Écija y la campiña cordobesa, circunstancia que convirtió a Fuentes en lugar habitual de tránsito, parada y alojamiento de viajeros, autoridades y contingentes militares durante siglos.
El Carril de la Lana como ruta histórica a
su paso por Fuentes
Con anterioridad a la implantación del ferrocarril en
el siglo XIX, los desplazamientos se realizaban mediante cabalgaduras y
carruajes, lo que confería gran importancia a las poblaciones situadas a una
jornada de camino entre núcleos principales. En este contexto, Fuentes de
Andalucía ocupaba una posición privilegiada entre Carmona y Écija,
aproximadamente equidistante de ambas localidades.
Especial relevancia tuvo el denominado Carril de la
Lana, vía histórica documentada entre los siglos XV y XVIII que enlazaba
Sevilla con Córdoba a través de Carmona, Fuentes, la Venta del Palmar y Écija.
Este camino atravesaba el interior de la población por la actual calle General
Armero (originariamente nominada como calle Mayor), eje principal del tránsito
histórico por la villa que explica la importancia de Fuentes como espacio geográfico
de acogida. De este modo, la documentación conservada en las actas capitulares
pone de manifiesto la frecuencia con que el cabildo municipal hubo de afrontar
gastos de obras de mejoras viarias o derivados del alojamiento de tropas en
tránsito, confirmando el papel de Fuentes como enclave logístico dentro de las
redes de comunicación del Antiguo Régimen.
Junto a este eje de comunicación, otra vía de gran importancia en las inmediaciones de la villa fue la antigua Vía Augusta, posteriormente arrecife medieval y, ya en el siglo XVIII, base del trazado del Camino Real de Andalucía, cuya consolidación desplazó progresivamente el protagonismo del Carril de la Lana como principal itinerario de tránsito regional.
La visita imperial de 1526
Es en este contexto de frecuente flujo de comitivas
donde debe situarse la estancia en Fuentes del rey Carlos I (1500–1558) y de la
emperatriz Isabel de Portugal, quienes habían contraído matrimonio el 11 de
marzo de 1526 en los Reales Alcázares de Sevilla.
Un enlace que tuvo una gran importancia política para
la monarquía hispánica ya que supuso, en primer lugar, el refuerzo de la
alianza entre las coronas de Castilla y Portugal, consolidando la estabilidad
peninsular en un momento clave de la política europea. Además, fortaleció la
posición internacional del emperador dentro del equilibrio dinástico de los
Habsburgo, y en el plano interno, la elección de Sevilla como sede de la boda
confirmó el protagonismo de la ciudad como centro político y económico del Imperio
en el siglo XVI, en plena expansión atlántica.
Tras la celebración del enlace y la estancia en la
capital hispalense, la corte emprendió viaje hacia Granada, donde los recién
casados establecieron su residencia temporal. El inmenso séquito partió de
Sevilla el 13 de mayo de 1526 y alcanzó la entonces villa de Fuentes el martes
15 de mayo.
El paso de la comitiva imperial se realizó necesariamente por la calle Mayor, eje histórico del tránsito interurbano que articulaba la comunicación del Carril de la Lana a través del interior de la población, como quedó expuesto con anterioridad. Esta vía constituía el principal espacio representativo de la villa desde sus orígenes y concentraba algunos de los edificios institucionales más relevantes, entre ellos las casas del Cabildo y el Pósito, además de situarse en su recorrido dos de las antiguas puertas principales del recinto barreado: la puerta de Carmona y la puerta o arco de Écija.
Según recoge Manuel Foronda y Aguilera en su obra Estancias
y viajes del emperador Carlos V (1914), los emperadores y su séquito
comieron, cenaron y pernoctaron en Fuentes el mismo día de su llegada,
partiendo de la misma al amanecer del día siguiente, que emprendieron el camino
en dirección a Écija pasando por la Venta del Palmar.
Aunque la documentación conservada no identifica de
forma expresa el edificio concreto en el que se alojaron, resulta razonable
considerar que la estancia tuvo lugar en la Casa Palacio de los señores
jurisdiccionales de la villa, residencia que reunía posiblemente las
condiciones más adecuadas -dentro de sus limitaciones- para acoger a la
comitiva real.
La presencia de los titulares del señorío, ya consolidados en el territorio, al frente del recibimiento institucional debió de constituir un elemento esencial de la ceremonia de acogida, acompañados previsiblemente por los miembros del cabildo municipal y las autoridades eclesiásticas, teniendo presente que a la fecha Fuentes aún era una naciente villa señorial de pequeña entidad.
Aunque no se conservan actas capitulares específicas
relativas a la recepción de los emperadores en la villa, puesto que el registro
de éstas parte en 1578, la experiencia documentada en otros alojamientos de
tropas y comitivas permite suponer la activación de los recursos municipales
necesarios para atender las exigencias logísticas derivadas de la presencia de
la corte, aun cuando esta permaneciera en la localidad solo durante una jornada,
y de tránsito.
Como ya se ha citado, la parada en Fuentes formó parte
del itinerario seguido por la corte en su desplazamiento hacia Granada, que
incluyó etapas en Carmona, Écija, Guadalcázar, Córdoba, Castro del Río,
Alcaudete, Alcalá la Real y Santa Fe antes de la llegada definitiva el 4 de
junio de 1526.
Durante su estancia posterior en Granada, los
emperadores permanecieron varios meses en la ciudad, donde la tradición
historiográfica sitúa la concepción del futuro Felipe II, nacido en Valladolid
el 21 de mayo de 1527.
La estancia de Carlos V e Isabel de Portugal en Fuentes de Andalucía el 15 de mayo de 1526 fue necesariamente breve, pero constituye un episodio más de la historia local, y cinco siglos después, esta efeméride permite situar nuevamente a la villa dentro del contexto histórico de las grandes rutas de comunicación y recordar el protagonismo que su posición estratégica -articulada en torno al Carril de la Lana y a los caminos históricos del valle del Guadalquivir- que otorgó a Fuentes el papel geográfico de lugar de tránsito y acogida en la Andalucía de los siglos XVI al XVIII.
Como ha señalado el Centro de Estudios Andaluces con
motivo del ciclo de conferencias programado con ocasión de esta conmemoración,
la estancia de Carlos V en Andalucía coincide con una de las etapas de mayor
esplendor de su reinado, cuando el vasto imperio carolino -extendido por
Europa, América y enclaves del norte de África- tuvo en territorio andaluz uno
de sus principales centros de decisión política. En este contexto histórico de
extraordinaria relevancia para la monarquía hispánica, la estancia regia del
monarca más poderoso de su tiempo en Fuentes adquiere un significado
especialmente destacado y meritorio de ser, cuando menos, de ser conocido y divulgado.
Francis J.
González Fernández
Cronista oficial de la villa de Fuentes de Andalucía
Ref. bibliográfica: GÓNZALEZ FERNÁNDEZ, Francis J. Cuando Carlos V durmió en Fuentes... hace quinientos años. En Fuentes Cultural. Revista de información cultural, turística y de ocio de Fuentes de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2026, núm. 9, págs. 40-42.





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