SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG

A medio cuarto de legua de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, se alza una fuente que, desde hace siglos, fue el principal abastecimiento para la «manutenzión del común de estte vesindario», cuyo caudal se nutre de un ingenioso sistema subterráneo de captación y conducción de aguas. Rodeada de vestigios de los distintos pueblos que habitaron estos lares, la fuente aparece citada ya en 1599 en las Actas Capitulares, donde se acordaba «su reparo». Décadas después, en 1690, el Cabildo Municipal dispuso que fuera labrada en piedra. Durante el siglo XVIII, varios miembros de la saga de alarifes Ruiz Florindo, célebres por su huella en la arquitectura barroca de Andalucía occidental, intervinieron en la fuente y su sistema hidráulico. Al igual que en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras cargadas de memoria e historia, continúan manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; rasgos de un territorio que dieron el nombre a este singular lugar del mundo que es Fuentes, de Andalucía. Como el agua que fluye de esta fuente, es mi intención que de este blog mane un caudal inagotable de historia y patrimonio fontaniego.

miércoles, 7 de agosto de 2013

TERRAEMOTUS FACTUS EST MAGNUS. I NOVEMBRIS 1755

El sábado 1 de noviembre de 1755, fiesta de Todos los Santos, la península ibérica se estremeció y sufrió una de sus mayores catástrofes naturales que, por sus repercusiones humanas, urbanísticas, sociales, políticas y hasta científicas, es considerado uno de los desastres naturales más significativos de la historia.
Debido a que fue en la ciudad de Lisboa donde ocasionó los mayores daños, a causa sobre todo del incendio que se generó, este gran seísmo ha venido a denominarse como el terremoto de Lisboa, a pesar de estar situado su epicentro en el océano Atlántico a una distancia de varios cientos de kilómetros, concretamente al suroeste del Cabo de San Vicente.
El seísmo se sintió en gran parte de Europa occidental y norte de África, provocando efectos devastadores en Portugal y zonas de España y Marruecos, así como originó un tsunami que llegó hasta las costas de Inglaterra.
Según los datos que se desprenden del Catastro llamado de Ensenada, cuya información fue recopilada en 1751, a mediados del siglo XVIII la villa de Fuentes, de carácter eminentemente agrícola, contaba con una población aproximada de 4.500 personas y el casco urbano se componía de 944 casas cubiertas, 721 de teja y 223 de palma, 32 de las cuales se encontraban inhabilitadas o arruinadas [1].
El núcleo poblacional no quedó exento de sufrir el magno seísmo, el cual no llegó a quebrar el auge económico del siglo XVIII que experimentaba la villa, y a pesar de los escasísimos datos que se poseen, importantes edificios de su arquitectura quedaron maltrechos y tuvieron que ser intervenidos, tales como la Iglesia Parroquial y el Pósito, y hasta demolidos y reconstruidos de nueva fábrica, como el caso particular del Ayuntamiento. 



La bonanza antes citada permitió que los graves efectos del terremoto fueran subsanados a lo largo de la segunda mitad de la centuria suponiendo una pletórica y postrera floración barroca, como queda patente en el caserío fontaniego. Circunstancias que provocaron  la intervención activa de los afamados alarifes locales Ruiz Florindo, sobre todo Alonso (1722-1786). 
Aunque no solo resultaron dañados edificios significativos, sino también construcciones comunes como unas casas que la fábrica parroquial disponía en la calle del Entendimiento, y que parte de las mismas tuvieron que ser derribadas y reconstruidas por los efectos del terremoto [2].  
La información específica del suceso relativa a Fuentes es prácticamente nula, sobre todo por la laguna documental que existe en el Archivo Histórico Municipal, con la ausencia total de actas capitulares entre los años 1749 y 1764. 
Los datos que poseemos son relativos a las reconstrucciones llevadas a cabo con posterioridad, a la que unimos un texto escrito en la propia pared –alusivo al terremoto– localizado durante el último año en el proceso de restauración de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca en el interior del propio templo y a la que aludiremos más adelante.   
En cuanto a víctimas, estimamos que no pereció ningún fontaniego, ya que no consta como tal en los libros sacramentales del Archivo Parroquial. Del mismo modo, y a pesar del seísmo, el mismo uno de Noviembre de 1755 se celebraron en el templo mayor cuatro bautismos y dos enlaces matrimoniales, así como los sacramentos se sucedieron en los días siguientes, lo que nos lleva a estimar que los daños, aunque importantes, no afectaron a la funcionalidad esencial del templo. 
Aunque no relativos directamente a Fuentes, sí podemos acercarnos a una aproximación de lo ocurrido pues existen descripciones del seísmo de las localidades vecinas de Carmona, La Campana, Écija y Marchena. Información que procede del informe que el rey Fernando VI ordenó redactar al gobernador del Supremo Consejo de Castilla. 
Para realizar tan magna encuesta se elaboró un cuestionario de ocho preguntas dirigido a las personas de «mayor razón» de las capitales y pueblos de cierta importancia, y con sus respuestas tener una idea más acertada de la incidencia del terremoto en el reino. Se recibieron respuestas de 1.273 localidades, advirtiéndose en algunas de ellas carencias importantes de información, exageraciones o imprecisiones, y cuya documentación se conserva en el Archivo Histórico Nacional [3].
De La Campana, que reproducimos por su cercanía geográfica a Fuentes, cuenta la crónica que, «(…) habiendo amanecido sereno el expresado día, cálido éste, y sin percibirse viento, con alguna neblina, que confundía algo la luz del Sol, condensándose más aquella, a la hora de las diez de su mañana, tuvo principio el temblor, que duró más de diez minutos, habiendo pausado en el intermedio su furor, como de los que hasta concluirse fuese más fuerte, manifestándose haberse sentido crudísimo estruendo como de numeroso carruaje, que venía de Poniente, subsiguiendo con prontitud los violentos y extraños movimientos de la tierra que pulsaba hacia arriba,
así sus edificios, como toda clase de vivientes, de manera que, según se cimbraban aquellos, y bagueaban [sic] estos, parecía desplomarse cada uno en su sitio (…)». Resultó dañada considerablemente la Iglesia Parroquial, con la caída del último cuerpo de la torre y el ático del retablo mayor, así como tuvieron que apuntalarse 94 casas y 4 fueron declaradas en ruina.  
Retomando de nuevo los daños en las edificaciones fontaniegas, se tiene constancia de cómo el maestro mayor de obras del Arzobispado Tomás Zambrano reconoció el dañado templo de Santa María la Blanca, declarando las obras que eran necesarias ejecutar así como reconociendo las realizadas de urgencia, presupuestándolas en un coste total de 15.000 reales de vellón. 
El provisor dictó el embargo de las «cuartas partes de diezmos y la cuarta parte del pan» para costear las obras, nombrando administrador al mayordomo de la fábrica parroquial, el presbítero Sebastián Ruiz Ibáñez, y director de las mismas al alarife local Alonso Ruiz Florindo [4].  
Las obras de consolidación del edificio se realizaron en 1756, en las que Alonso invirtió la mayor parte de los 15.000 reales que costó la reforma total. Posteriormente, entre 1756 y 1757, remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como consecuencia del movimiento sísmico el remate proyectado en la década de 1740 por el maestro mayor de obras arzobispal José Rodríguez.
Es durante las obras de 1756 cuando Alonso deja constancia escrita “in situ” de su participación en la rehabilitación de Santa María la Blanca. Una inscripción que ha salido a la luz al retirar el encalado de la clave [5] del arco que comunica la nave central del templo con el presbiterio, y que en adelante quedará a la luz tras haber sido intervenido preventivamente por el conservador-restaurador de la obra, Antonio Gamero Osuna. 



Se diferencian dos letreros. Uno en la propia clave, en mayúsculas y de mayor entidad, que expresa: 
TERRAEM(OTUS)
FACT(U)S E(ST)
MAGNUS
I.NOV(EMBRIS).AN(NI)
MDCCLV
y otra a ambas lados, a lápiz de grafito y escritura más común a modo de firma: A la izquierda «Alonso Ruiz», y la derecha «Florindo». 
Si ya en esta misma publicación, hace ahora un año, aportábamos la hipótesis de cómo Alonso Ruiz Florindo había querido dejar firmada ocultamente su intervención en la obra de la torre de Santa María la Blanca por medio del descompuesto azulejo de San Florián, en este caso, y realizada con anterioridad a la obra de la torre, Alonso firmó de su propio puño y letra su activa participación en la consolidación del templo mayor tras el azote del terremoto de 1755. 
Una rúbrica que disponía junto a la inscriptio principal, que traducida del latín al español viene a decir: HUBO UN GRAN TERREMOTO EL 1 DE NOVIEMBRE DEL AÑO 1755.
Para la traducción hemos recurrido a Profesor Dr. Ángel C. Urbán Fernández, fontaniego, doctor en Filología Clásica, sección de Filología Bíblica Trinlingüe, catedrático de Filología Griega, y director del Dpto. de Ciencias de la Antigüedad y Edad Media de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba [6].
El profesor Urbán Fernández nos aporta, eruditamente, cómo la frase terraemotus factus est magnus, es la expresión literal que encontramos repetidas veces en la traducción latina de la Biblia de san Jerónimo, llamada la Vulgata, siempre, menos en un caso, con el mismo orden de palabras, y que a su vez es la traducción literal de la expresión en griego, con el mismísimo orden de palabras que ha transcrito el latín. Es el cliché literario que se encuentra tal cual en los textos del Evangelio de Mateo (Mt 28,2), en los Hechos de los Apóstoles (Hch 16,26), y tres veces en el Apocalipsis (Ap 6,12. Ap 16,18. y Ap 11,13., ésta última con una insignificante variante en el orden de las palabras).
Alonso Ruiz Florindo, posiblemente por indicación del vicario u otro clérigo de la nómina de eclesiásticos de la Iglesia Parroquial, procedió a realizar la pintura de la frase, recurriendo al texto bíblico para expresar el acontecimiento producido aquel primero de Noviembre de 1755 y que debió conmover a la población de tal forma que lo calificó de «magnus», violento, grande, asociándolo así a la expresión bíblica que en todos los casos reviste características notables, sobre todo si tenemos presente los textos del Apocalipsis. El terror de aquellos fontaniegos de mediados del XVIII debió ser inmenso, apocalíptico.   
Tal como se ha citado anteriormente, otro de los edificios públicos que resultaron gravemente dañados fue el propio Ayuntamiento, que llegó a quedar inaccesible y tuvo que ser levantado de nueva planta. 
En 1763, los maestros Alonso Ruiz Florindo, de nuevo, y Andrés de Carmona, alarifes de albañilería y carpintería de la villa, recibieron de don Lope Fernández de Peñaranda, que a la sazón ocupaba interinamente el puesto de corregidor, el encargo de elaborar un primer proyecto en planta y alzado de unas nuevas casas capitulares [7]. 
Dos años más tarde, en sesión celebrada el 15 de marzo de 1765, por acuerdo municipal se adopta de nuevo «la fábrica de las Casas Capiturales, que fueron arruinadas en el año 1755 por el terremoto (…)» [8], instando al Asistente e Intendente General de Sevilla remita el proyecto al Consejo de Castilla, que lo recibe en 1766 y encargó la supervisión del expediente a su arquitecto, Ventura Rodríguez. Éste, como no podía ser de otra manera, desestimó la propuesta. El proyecto enviado mostraba un abarrocado concepto arquitectónico, lo cual era por completo opuesto a la arquitectura entonces desarrollada por Ventura Rodríguez. 
Finalmente las obras se ejecutaron con trazas -de carácter neoclásicas- y condiciones constructivas de Ventura Rodríguez, firmándose en 1768 el contrato de la obra, que dirigió Alonso Ruiz Florindo ayudado por su hermano Cristóbal y cuyo coste ascendió a 68.000 reales, alargándose su construcción hasta 1772 [9]. 
El nuevo edificio fue construido sobre el solar resultando del derribo del maltrecho consistorio y el de una casa colindante adquirida, propiedad de los hermanos Andrés y Miguel de Carmona Tamariz, vecinos de Alba de Tornes, la cual fue valorada en 11.000 reales, a pagar la mitad por los contratistas, por aprovechamiento de los materiales del derribo que ascendía a la misma cantidad [10].  




NOTAS:
1) ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA. Libro 93. Contribución Única. Respuestas Generales, 3 de julio de 1751. 
2) (A)RCHIVO (P)ARROQUIAL SANTA MARÍA LA BLANCA DE (F)UENTES DE ANDALUCÍA. Libro de Cuentas de Fábrica de 1752. Folio 102. 
3) MARTÍNEZ SOLARES, J. M.  Los efectos en España del terremoto de Lisboa (1 de Noviembre de 1755). Madrid: Ministerio de Fomento, 2001.
4) A.P.F. Libro de Cuentas de Fábrica de 1752. Folios 108-112. 
5) Piedra con que se cierra el arco o bóveda.
6) Muestro públicamente mi gratitud al profesor D. Ángel Urbán por su erudita aportación para este trabajo. 
7) OLLERO LOBATO, Francisco y QUILES GARCÍA, Fernando. Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla: Caja San Fernando, 1997. 
8) CERRO RAMÍREZ, Jesús. La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía: Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2011. Pág. 302. 
9) SANCHO CORBACHO, Antonio.  «Juan y Alonso Ruiz Florindo arquitectos del siglo XVIII en Fuentes de Andalucía». Archivo Español de Arte 59: 333–345. Madrid, 1943. 
10) ARCHIVO DE PROTOCOLOS NOTARIALES DE ÉCIJA. Sección Fuentes. T. Pérez de Olmos. 1767-1769. Fols. 82-84 v; 1768-XII-1.

viernes, 7 de junio de 2013

PREGÓN DE LAS FIESTAS Y ROMERÍA DE MARÍA AUXILIADORA DE FUENTES DE ANDALUCÍA 2013


XXXIº Pregón de las Fiestas y Romería de María Auxiliadora de la villa de Fuentes de Andalucía. Pronunciado en la Iglesia del Ex-Convento Mercedario de San José, templo del desaparecido Colegio Salesiano, al mediodía del Domingo de Pentecostés, diecinueve de mayo del Año del Fe dos mil trece por Francisco Javier González Fernández.
Presentación del Pregonero por Teresa Moreno Beltrán.
(Vídeo: Fuentes Televisión).

martes, 19 de marzo de 2013

SOBRE LA PROCEDENCIA DEL MANTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE FUENTES DE ANDALUCÍA


Desde que mi recuerdo alcanza, su inconfundible voz es uno de los sonidos entrañables de mi Martes Santo. Hoy ya goza de la presencia divina de Dios y forma parte de la Cofradía del Cielo. A la memoria de N. H. D. Agustín González Beltrán (Q.e.p.d.).

El 1 de febrero de 1923, la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Humildad autorizó al hermano mayor Millán Herce Cárdenas, que acababa de tomar posesión de su cargo en el mismo Cabildo por fallecimiento de su predecesor, para adquirir a una cofradía sevillana un manto de terciopelo negro bordado en oro para Nuestra Señora de los Dolores, cuyo precio ascendía a 2.000 pesetas.

Para tal adquisición, la Hermandad contó con importantes donativos de un grupo de hermanos, recibiendo 300 pesetas de María González Herce, camarera de la Virgen y viuda del recién fallecido hermano José González Hernández; Millán Herce aportó 140; Ricardo Lozano Hernández, 140; Francisco Lora Santana, 25; Manuel González Padilla, 25 y Dionisio Moreno de la Hera, 25.


Desde el hallazgo de estos datos, que así constan en acta en el archivo de la Hermandad, cuando sometimos a estudio el mismo, previo a la publicación de nuestra obra «Fuentes Penitente» (2002), no pocos han sido los esfuerzos realizados para llegar a conocer la procedencia del manto en cuestión, el cual sigue utilizando la Dolorosa de la Hermandad en la estación de penitencia de cada Martes Santo.

La investigación nos llevó a estudiar las Cofradías hispalenses que se encontraban en activas en la capital en los años del primer cuarto del siglo XX, y dentro de éstas, aquellas que en las dos décadas anteriores a 1923 habían sustituido o reemplazado los mantos procesionales de sus Dolorosas.  

Tras esta criba, centramos el estudio en las imágenes de Nuestra Señora del Rosario (Montesión), Virgen de Gracia y Esperanza (San Roque), Nuestra Señora del Refugio (San Bernardo), Nuestra Señora del Subterráneo (La Cena), Nuestra Señora de los Ángeles (Los Negritos) y Nuestra Señora de la Estrella (Estrella).

A partir de aquí, los contactos con miembros de las distintas hermandades han sido constantes, con objeto del análisis de los archivos de cada cofradía en busca de cualquier dato que nos fuera resolviendo la incógnita.

En algún momento llegamos a pensar, si se diera el caso de que el manto procedía de la Hermandad de Montesión, que el mismo fuera el que el afamado pintor Joaquín Sorolla reflejara en su célebre obra «Paso de la Virgen del Valle» (1914, óleo sobre lienzo, Madrid: Museo Sorolla), un título erróneo, pues el paso de palio que el pintor reprodujo fue el de la Virgen del Rosario de Montesión.  

Consultados distintos expertos en la temática del bordado procesional de la época, nos aportan que, a simple vista, el manto procesional de Nuestra Señora de los Dolores de Fuentes de Andalucía se puede relacionar con el taller de Miguel del Olmo Rodríguez, de principio del siglo XX, por el parecido del mismo con el palio de la Amargura de Aracena y el de la Virgen del Traspaso de Jerez de la Frontera, ambos salidos de este taller hispalense.

El manto en estudio es ya de corte simétrico, pero con resabios románticos de asimetría, típico de esta época. En el último tercio del siglo XIX los diseños son en general de grandes rellenos y composición asimétrica y no suelen darse simbología como el anagrama de la Virgen, como posee este manto.

Por otro lado aportar que, desde que en 1900 el genial Juan Manuel Rodríguez Ojeda realizara el manto de malla de la Esperanza Macarena, marcará el nuevo estilo, en el que los diseños de los talleres sevillanos pasan a ser simétricos y con un eje central, salvo algunas excepciones.

El manto de la Virgen de los Dolores aún conserva un detalle asimétrico en el tallo con la flor del centro. Todo ello nos lleva, a título personal y aproximativo, a datar su ejecución en los primeros años del siglo XX, como máximo hasta el año 1905, a partir del cual se puede hablar de una transición casi completa a los nuevos diseños.

Miguel del Olmo tenía establecimiento de galanería, pasamanería, cordonería y todo tipo de ornamentos religiosos, con la especialidad de bordado para «vestido de imágenes», en la sevillana calle Zamudio. A principios del siglo XX la familia trasladó el negocio a la calle Francos, 46, y con la muerte del progenitor, la viuda y dos de sus hijos abrieron un establecimiento similar en el número 24 de la misma calle, en torno a 1912-13, bajo la nominación de «Hijos de Miguel del Olmo», que se mantendría hasta 1931.    

Aún cuando los datos técnicos nos enfocaban a una cofradía en concreto, no hemos querido desestimar las otras opciones, y he aquí parte de los resultados de nuestra investigación, que sigue abierta con la esperanza de, más pronto que tarde, poder hallar los pertinentes documentos que nos desvelen la procedencia y autoría del manto procesional de Nuestra Señora de los Dolores de la Hermandad de la Humildad de Fuentes de Andalucía. 

Aún así, no está siendo nada fácil, debido a las importantes lagunas documentales de los archivos de algunas de las cofradías en cuestión, carentes de documentación de la época por diversos motivos: quema de iglesias en 1936, inundación de 1961, desaparición de libros de actas y pérdida de documentación de archivos, etc.

San Bernardo.- Entre 1884 y 1902, la Virgen del Refugio sale con un manto bordado por el taller las señoras Cuadra, que posteriormente es reemplazado por uno de Rodríguez Ojeda que hoy posee la Virgen del Mayor Dolor de Jerez. Que el manto permaneciera en la Hermandad sin uso de 1902 a 1923 nos hace calificar esta opción como poco probable. A la fecha no se han encontrado datos documentales en archivo.

Montesión.- En 1884, esta cofradía estrena un manto negro bordado en oro por Eloísa Rivera, que utiliza hasta 1920, año en el que estrena uno de seda blanco, siendo la primera vez que la Virgen del Rosario sale con el manto recogido de la forma tan característica y peculiar de este palio sevillano, cuya tradición mantiene. El manto de Eloísa Rivera es que el que aparece en los famosos cuadros de Sorolla. El manto fue vendido a la Hermandad de Jesús Nazareno (San Juan) de Écija en 1970 y reconvertido en túnica para el Señor, por lo que la opción de Montesión queda desestimada.

San Roque.- La Virgen de Gracia y Esperanza procesiona desde 1907 a 1912 con un manto de terciopelo negro bordado en oro obra de Gracia Castilla, siendo sustituido por otro de talleres de Olmo, que regala la familia de los Sarasúa. Del manto de Gracia Castilla no se conoce ni su destino ni se posee imagen alguna, debido a que casi la totalidad del archivo de la hermandad y gran parte de los enseres de la misma fueron destruidos en el incendio de la iglesia de 1936, en el que también pereció el manto de los talleres de Olmo estrenado en 1913.

La Cena.- En 1918 y 1919 la Virgen del Subterráneo salió con un manto en terciopelo rojo de un taller de Zaragoza, que no gustó y fue vendido. En 1923 estrenaría en la salida procesional un manto azul liso, que Rodríguez Ojeda bordaría en 1924, pero queda la interrogante del manto utilizado en ese espacio de tiempo. Debido a su provisionalidad, no parece lógico que se adquiriera un manto bordado para ser utilizado de 1920 a 1922, a lo que hay que añadir la tesitura económica de la hermandad, mermada en estos años por importantes reformas e incorporaciones de patrimonio.

Estrella.- La Virgen de la Estrella utilizó un manto de terciopelo negro de 1901 a 1907, que dejó de procesionar al adquirir el actual, antiguo de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder. Hasta el momento de la publicación de este trabajo, no hemos podido hallar ningún dato que podamos relacionar con esta opción. Ni siquiera se tiene constancia si el manto estaba o no bordado.

Los Negritos.- La última de las opciones, cuya investigación está abierta, es esta cofradía. El manto que la Virgen de los Ángeles utilizara desde 1905 hasta 1915, año este último en el que Juan Miguel Rodríguez Ojeda realizara nuevo manto y palio. Los datos son escasísimos, a lo que hay que sumar la pérdida de gran parte del archivo documental de la Hermandad como consecuencia de la famosa riada de Sevilla de 1961 con el desbordamiento del Tamarguillo.


Agradezco la colaboración a Julio Gómez Trigo, Manuel Ojeda Macías, José Antonio Arévalo Quijada (San Bernardo), Antonio Sánchez García (San Roque), Francisco Javier León Lozano (La Cena) y Rafael Asquith Gómez (Los Negritos).


NOTA DEL AUTOR: (2024)

La investigación publicada en este artículo en 2013 ha podido ser posteriormente completada gracias a los trabajos de investigación realizados por Antonio Márquez Carreño, a raíz del proceso de restauración del manto procesional de Nuestra Señora de los Dolores, llevado a cabo entre abril de 2023 y febrero de 2024 por el taller de las Hermanas Rama.

Los nuevos datos permiten establecer, con bastante seguridad, que el actual manto de Nuestra Señora de los Dolores fue realizado en 1916 por el taller sevillano de Hijos de Olmo, para la Hermandad de la Vera Cruz y Santo Entierro de Utrera. Para su confección se reutilizaron dos piezas de bordado anteriores, originalmente sobre terciopelo de color morado y rojo, que fueron integradas en un nuevo diseño.

La documentación conservada en Utrera confirma que el 31 de agosto de 1916 aquella hermandad aprobó la adquisición del manto al taller de Hijos de Olmo por 1.300 pesetas, incluyendo el paso de unos antiguos «mantolines» al nuevo terciopelo y la realización de nuevos bordados para completar la composición. El proceso de restauración del manto fontaniego ha permitido comprobar materialmente la existencia de esas piezas de bordado anteriores.

El manto permaneció pocos años en Utrera, pues la hermandad estrenó uno nuevo en 1923. Según la hipótesis planteada por Márquez Carreño, el antiguo manto habría pasado entonces a manos del bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda, como parte de la operación para sufragar la nueva pieza. Posteriormente, Millán Herce Cárdenas lo adquiriría en Sevilla en 1923 para la Hermandad de la Humildad de Fuentes de Andalucía, explicándose así la referencia que aparece en las actas de nuestra hermandad a una compra «en Sevilla».

En cuanto a su autoría, los datos disponibles apuntan al taller de Hijos de Olmo, cuyo diseño se relaciona con la labor de su diseñadora, Herminia Álvarez Udell. Aunque se han señalado determinadas semejanzas de determinadas piezas con obras de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, no existen pruebas suficientes para atribuirle directamente su intervención en el manto. Asimismo, algunas de las piezas de bordado reutilizadas -de los mantolines originarios- presentan semejanzas con trabajos atribuidos a la bordadora Concepción Manzano.

Por tanto, la investigación posterior permite identificar con bastante seguridad el origen del manto: realizado en 1916 en el taller de Hijos de Olmo de Sevilla para la Hermandad de la Vera Cruz y Santo Entierro de Utrera, fue posteriormente adquirido en Sevilla por Millán Herce Cárdenas y llegó en 1923 a Fuentes de Andalucía, donde desde entonces forma parte del patrimonio de la Hermandad de la Humildad.

Información basada en la investigación de Antonio Márquez Carreño, «El origen del manto de Nuestra Señora de los Dolores», publicada en la Revista de Semana Santa de Fuentes de Andalucía 2024, págs. 42-45.

A la izquierda, Nuestra Señora de los Dolores de Fuentes de Andalucía. A la derecha, Nuestra Señora de los Dolores de Utrera entre 1916 y 1922. Comparativa realizada por Antonio Márquez Carreño.

El manto en la exposición «Acus et Aurum. El bordado en la Hermandad de la Humildad de Fuentes de Andalucía» celebrada tras su proceso de restauración del 25 al 28 de febrero de 2024 en la casa señorial «La Encina» de Fuentes de Andalucía. 

lunes, 4 de febrero de 2013

NOMBRAMIENTO DE PREGONERO DE LAS FIESTAS Y ROMERÍA DE MARÍA AUXILIADORA 2013


El pasado 3 de febrero, en el transcurso de la Eucaristía que mi querida Hermandad de María Auxiliadora celebra anualmente en honor de San Juan Bosco –cuya fiesta conmemora la Iglesia el 31 de enero–, se hizo público mi nombramiento como Pregonero de las Fiestas y Romería de María Auxiliadora 2013.

Una elección que recibo sumamente sorprendido, con entusiasmo y agradecido a esta Junta de Gobierno –a la que me honra pertenecer– y que ha depositado en mi persona su confianza honrándome con tal privilegio en un año tan especial, tanto para la Hermandad como para mí, al cumplirse el XXVº aniversario de la llegada a Fuentes de Andalucía y bendición de mi querida María Auxiliadora «Sentaíta».

Fue ante Ella, en su presencia, momento antes de abandonar el Convento de San José con destino al taller hispalense de GRS en el que está siendo sometida a un proceso de conservación preventiva. De esta manera tan singular y especial fue cómo tuve conocimiento de mi designación.

Mi más sincera gratitud y alegría, y como ya he expresado en otras ocasiones, espero que el Señor me otorgue «la facilidad necesaria para que lo que reboza de mi corazón pueda ser expresado por mi boca», sin dudas y asumiendo al máximo las palabras de San Pablo, cuando afirmó: «creo, por eso hablo».



sábado, 26 de enero de 2013

AQUELLAS MURGAS DE ANTAÑO...

El Carnaval de Fuentes de Andalucía se viene celebrando posiblemente desde el siglo XIX, en el que se generaliza la fiesta por todo el territorio español, pero es la Dictadura del General Franco, a pesar de las prohibiciones y censuras, cuando toma un sello inimitable convirtiéndolo en uno de los carnavales más singulares y arraigados del territorio andaluz, llegando al siglo XXI manteniendo parte de su idiosincrasia, lo que le ha llevado a ser reconocido institucionalmente como “Fiesta de Interés Turístico de Andalucía” desde 2008. 
Junto a las máscaras -forma de disfrazarse de manera que nadie pueda reconocer a la persona, desfigurando el cuerpo,  tapando la cara y cambiando la voz usando falsete para conseguir el anonimato-, otra característica propia del Carnaval fontaniego son las murgas. Agrupaciones de seis a diez personas que interpretan canciones con tonos musicales característicos, generalmente tonadas de coplas conocidas con las letras modificadas, acompañados de redoblante, bombo y platillo y pitos de caña.
Fiel a su particularidad, las murgas cada año describen en sus coplas los acontecimientos y sucesos más trascendentales ocurridos en el pueblo durante el año anterior. 
El Carnaval de Fuentes ha dejado en su historia célebres poetas y murguistas, recordadas coplas y una imagen asociada a él mismo recordando los mejores tiempos, que no es otra que una Carrera rebosante de público que pasea, murgas que hacen pasacalles y cantan y máscaras que hacen de las suyas divirtiéndose ellos mismos y al público con quien comparten el espacio.     
Hoy traemos a nuestro blog dos pequeños vídeos de la popular «Murga de la Peña Flamenca», tomados en la década de 1980. 





viernes, 21 de diciembre de 2012

FELICITACIÓN DE NAVIDAD 2012

Con la alegría de estas fechas tan entrañables, así os felicitamos la Navidad 2012.


Y así lo hicimos hace un año. ¡2012 no ha pasado en balde!

lunes, 17 de septiembre de 2012

¡VIVA LA PEPA! FUENTES Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812

Coincidiendo con el bicentenario de la Constitución de 1812, que supuso un hito en la historia política española, por cuanto implicó la ruptura con el absolutismo, la afirmación de la soberanía nacional y la consagración de los derechos y libertades de los ciudadanos, traemos a estas páginas la crónica de su proclamación y repercusión en la decimonónica villa de Fuentes de Andalucía, acontecida en el mes de septiembre de 1812.
En un país invadido por los franceses, la Junta Suprema Central propuso la convocatoria de las Cortes en octubre de 1808, pero fue el Consejo de Regencia quien realizó el requerimiento a principios de 1810.
Las elecciones se realizaron rápidamente y el 24 de septiembre se inauguraron las Cortes de Cádiz en el Teatro Cómico de la Isla de León (actual San Fernando), trasladándose a Cádiz el 20 de febrero de 1811, ante el avance del ejército francés, donde se reunieron en la iglesia de San Felipe Neri.
Lo primero que hicieron las Cortes fue establecer su organización declarando que la soberanía nacional residía en las mismas, estableciendo el carácter unitario de la representación nacional y proclamando, como pieza clave del nuevo sistema político constitucional, la división de poderes.
En total, las Cortes de Cádiz emplearon tres años y hasta 1.800 sesiones para proclamar la Constitución de 1812, para cuya redacción se nombró una comisión formada por trece diputados y un asesor, jurándose solemnemente por los diputados el inédito texto liberal el 19 de marzo de 1812, fiesta de San José, por lo que la Constitución es conocida popularmente desde entonces como «La Pepa».


De suma importancia histórica, al tratarse de la primera Constitución promulgada en España y de las más liberales de su tiempo, oficialmente estuvo en vigencia dos años, desde su promulgación hasta 1814, con la vuelta a España de Fernando VII. Posteriormente estuvo imperante durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.
Sin embargo, apenas si entró en vigor de hecho, puesto que en su período de gestación buena parte de España se encontraba en manos del gobierno pro-francés de José Bonaparte, el resto en mano de juntas interinas más preocupadas en organizar su oposición al rey intruso, y los territorios de la corona española (los virreinatos) se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causado por la invasión napoleónica.
La Constitución establecía, entre otras cosas, el sufragio universal masculino indirecto, la soberanía nacional, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la libertad de imprenta, acordaba el reparto de tierras y la libertad de industria.
Posteriormente a su promulgación, un decreto de 22 de mayo de 1812 ordenaba que la Constitución fuese jurada por el clero y el pueblo de la nación española. En consecuencia, en los sucesivos meses, en prácticamente todas las villas y ciudades del país se desarrollaron ceremonias y actos parecidos. Tras la lectura pública del texto constitucional, se entraba en la iglesia, donde las autoridades procedían a prestar juramento.


En el caso particular de Fuentes, los cambios no se hicieron efectivos hasta varios meses después de la promulgación del texto liberal.
El 9 de septiembre, D. José Bravo Torres fue nombrado «por la Superioridad» juez de primera instancia para la villa de Fuentes de Andalucía con órdenes de instalar el ayuntamiento interino que eligiese el pueblo y ser el encargado de la publicación y juramento de la nueva Carta Magna.
De los cambios políticos introducidos por la Constitución de 1812, el que antes se dejaría sentir a nivel local y de manera más evidente sería el establecimiento de una nueva forma de constituir los ayuntamientos, basada en la elección de todos los cargos municipales. En virtud de un decreto de 23 de mayo de 1812 se abandona la tradicional nominación de Concejo, Justicia y Regimiento para adoptar la de Ayuntamiento Constitucional.
En el caso de Fuentes, por tener entre 1.000 y 4.000 vecinos o cabezas de familia, le correspondía contar con ayuntamiento formado por dos alcaldes, ocho regidores y dos síndicos, que serían elegidos mediante un procedimiento electoral indirecto.
De este modo, el 20 de septiembre todos los vecinos que se hallaban en ejercicio de sus derechos –eran excluidos los deudores con la administración- se reunieron en cabildo abierto, al que habían sido convocados por edicto y a campana tañida, y en el cuál nombraron de entre los presentes a 17 de ellos, personas «más idóneas, de reconocido patriotismo» que pasarían a formar la Junta de Electores.
Esta Junta se reunió al día siguiente en las Casas Capitulares bajo la presidencia del Juez de primera instancia «y después de un maduro examen y terminadas las dificultades que se propusieron, de común acuerdo» nombraron el primer Ayuntamiento democrático de la historia de la villa de Fuentes, que quedaría formado por los siguientes vecinos:
Alcalde 1º: Francisco de Paula Seoane Rodríguez
Alcalde 2º: Bartolomé Ruiz Pilares
Regidor 1º: Francisco de Paula Hornillo
Regidor 2º: Lorenzo Ruiz Florindo
Regidor 3º: Toribio San Juan de la Presilla
Regidor 4º: Sebastián Adalid
Regidor 5º: Juan Adalid Tortolero
Regidor 6º: Francisco López
Regidor 7º: Gregorio de la Torre
Regidor 8º: Pedro Hidalgo
Síndico 1º: Francisco González Reyes
Síndico 2º: Alonso Carmona 
Este Ayuntamiento tomó posesión de forma interina el 25 de septiembre, y tras someterse de nuevo a Junta de Electores definitiva, fue ratificado en sesión celebrada el 17 de octubre de 1812, tomando posesión definitiva al día siguiente. 
En la misma sesión de constitución del primer Ayuntamiento Constitucional, los nuevos regidores acordaron bajo la presidencia del Juez la organización de los actos de proclamación y juramento de la nueva Constitución.
A las diez de la mañana del domingo 27 de septiembre, el Juez y los miembros del Ayuntamiento se dirigieron desde las Casas Capitulares hasta la plaza inmediata, denominada en la fecha Barrera de Palacio, y ante la multitud de fontaniegos congregados, éstos subieron al estrado colocado al efecto. Allí, el Juez entregó al escribano de la corporación, Francisco Simeón González, un ejemplar impreso de la Constitución Política de la Monarquía, a la que el escribano dio lectura detalladamente «en alta e inteligible voz» ante los capitulares y la ciudadanía.
Este ejemplar, encuadernado  y en buen estado de conservación, recoge junto a las órdenes de publicación y contenido de todos los artículos, las distintas actas de los acontecimientos y desarrollo de los actos vividos en Fuentes en 1812 con motivo de la entrada en vigor de la Constitución y, afortunadamente, se conserva íntegro en el Archivo Histórico Municipal.
Concluida la lectura pública del texto liberal, se descubrió «una lápida en una de las esquinas de dicha Plaza que decía: Plaza de la Constitución, en cuya forma se concluyó el acto con las demostraciones más vivas de júbilo y restituido el Ayuntamiento a las Casas Capitulares fue felicitado con tal plausible motivo por las personas condecoradas del pueblo».
Dos días más tarde, el martes 29 de septiembre de 1812, el Ayuntamiento Constitucional en pleno, presididos por el Juez Bravo Torres, se dirigieron la Iglesia Parroquial donde «por el Sr. Vicario Eclesiástico se cantó una Misa Solemne y al tiempo del ofertorio se leyó la Constitución Política de esta Monarquía por mí el infrascrito escribano a un concurso numeroso que había en dicha iglesia y concluida la Misa subió al Presbiterio el referido Sr. Juez y el Sr. Vicario que hacía de Preste, vuelto hacia el pueblo con el libro de los Evangelios abierto dije aquel: ¿Ciudadanos de la villa de Fuentes, juráis por Dios y por los Santos Evangelios guardar la Constitución Política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación y ser fieles al Rey? A lo que contestó el numeroso concurso: Sí, juro. En seguida se entonó el Te Deum, y concluido, regresaron a las Casas Capitulares…».  
Junto a los actos meramente institucionales, los fontaniegos pudieron disfrutar con dos festejos taurinos, en las tardes del domingo 27 y martes 29 de septiembre, en la plaza de la villa, donde los aficionados reconocidos para tal arte pudieron «correr novillos», así como tanto la fachada de las Casas Consistoriales como la torre de la Iglesia Parroquial lucieron luminarias durante las noches del domingo, lunes y martes antes citado.
También para hacer notar a los ciudadanos que se trataba de días festivos, la corporación tomó un acuerdo para la rebaja del precio de la carne, en escasez, para «que por lo menos se pudiera catar en los tres días de la publicación» de la Constitución.
De igual modo consta, que días más tarde, el Juez tomó juramento de la Constitución a la Comunidad de Religiosas Mercedarias de la Encarnación, el 14 de octubre, y al Cuerpo Eclesiástico de la villa, el 15 de octubre en la Sacristía de la Iglesia Parroquial.
Las propias Cortes de Cádiz, en la sesión del día 2 de Noviembre de 1812, «oyeron con particular agrado, y mandaron insertar literales, con todas sus firmas» en el diario de sesiones, tres textos de adhesión a la recién estrenada Constitución, dos de ellos procedentes de estamentos de la villa de Fuentes y que se transcriben literalmente a continuación: 
«Señor, el juez de primera instancia con el ayuntamiento de la villa de Fuentes de Andalucía, reyno de Sevilla, á V. M., con el más profundo respeto, le felicitan por la sanción de la constitución política de la monarquía, digno su contexto del mayor reconocimiento por todos los cuerpos y ciudadanos del reyno que ven en él cifradas todas sus felicidades, en cuyas esperanzas siempre estuvieron y ansiaron cuanto más les oprimía el despotismo, la tiranía y la inversión del orden político, ejercido con una barbarie y crueldad sin ejemplo. No cesarán de dar gracias al Todopoderoso , y sus votos serán uniformes en pedirle por la conservación de las Cortes v su acierto en la ardua empresa de que se han constituido en favor de la nación , y por la salud de los que la componen.
Suplican á V. M. se digne admitir este corto homenaje de su gratitud y respeto. Fuentes de Andalucía. I8 de octubre de 1812.— Señor. — A L. P. de V. M. José Bravo y Torres. — Francisco de Paula Seoane Rodríguez. — Bartolomé Ruiz Pilares. — Francisco de Paula Hornillo. — Lorenzo Ruiz Florindo. — Juan Adalid Tortolero. — Francisco López. — Pedro Hidalgo. — Francisco González Reyes. — Alonso Carmona. — Antonio de Flores, secretario de cabildo».
«Señor, el vicario, curas y clero de la villa de Fuentes de Andalucía, con el mayor respeto que pueden, ante los soberanos pies de V. M., exponen la admiración que les ha causado la lección de la constitución política de la monarquía española, este monumento de la sabiduría, prudencia y virtud de V. M. Ha visto en ella con sumo gozo declarada única verdadera la religión católica, apostólica, romana, que ha tantos siglos sancionaron nuestros padres por ley fundamental de la monarquía. Los llena de asombro la exactitud con que V. M. ha sabido distinguir y poner sus justos límites a los Poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Leyes sabias con que sea regida la monarquía, poder equilibrado, quitada la arbitrariedad, y cerrada absolutamente para siempre la puerta al despotismo, castigo de los culpados, y protección decidida a los inocentes, esto es lo que ve ya este clero en ese código fundamental, y lo que tiene razón de esperar del celo infatigable y de la llama sagrada que inflama a V. M. por la felicidad de la patria. El nuevo sistema de hacienda que nos promete V. M. nos hará olvidar para siempre el injusto e improporcional del antiguo, y hará florecer la agricultura, las artes y el comercio que arruinó aquel, y nos ha conducido a las puertas de la tiranía mas desapiadada. La previsión de Io venidero ha hecho a V. M. tomar todas las medidas necesarias para asegurar la perpetuidad de una obra tan acabada; y este clero ve sus más firmes apoyos en la diputación permanente de Cortes, en las Cortes extraordinarias y en las milicias nacionales. El orden en el interior, y el respeto y consideración con relación a las naciones exteriores, marcarán la época feliz en que V. M. ha ejecutado la soberanía. Quiera el Señor, de quien es esta grande obra, echarle su bendición, y que veamos prontamente observada en las Españas su nueva constitución política, asombro de la Europa, admiración de la posteridad, y envidia de todas las naciones; y que V. M. tenga la gloria de ver que su celo infatigable ha hecho la felicidad de la nación, asegurándole el orden, la libertad, la independencia y la gloria, y que el sagrado nombre de V. M. vuele en alas de la fama hasta los confines de tierra. Fuentes de Andalucía y octubre 19 de 1812. — Señor, A L. S. P. de V. M. Manuel González del Corral, vicario eclesiástico. — Fernando Sánchez de Vargas, cura propio. — Francisco de Paula Ruiz, cura interino. — Antonio Alfaro. — Antonio José Delgado. — Antonio Pilar. — Francisco Javier Pilares. — Baltasar Seoane y Rodríguez. — Antonio Urbano de Toro. — Vicente de Parias. — Manuel Becerril. — Francisco de Paula Adalid».
Aquella breve experiencia de democracia caería muy pronto al grito de ¡vivan las cadenas!, cuando los absolutistas acabaron con aquel primer atisbo de libertad. El regreso de Fernando VII supondría la derogación de la Constitución y la reintroducción del absolutismo, tras la firma del decreto de 4 de mayo de 1814.
Esta noticia llegaría a Fuentes el 22 de mayo, por comunicación del Comandante General de la Región de Sevilla y Córdoba, que aunque informaba de la derogación mantenía a los capitulares constitucionales en sus puestos, aunque por poco tiempo.
El 17 de agosto se recibía la real cédula de 30 de julio que ordenaba la extinción de los ayuntamientos constitucionales y su restablecimiento a la planta y forma que tenían en 1808. En definitiva, la administración de los municipios volvía a manos de los regidores perpetuos, y en el caso particular de Fuentes, nombrados anualmente por el Marqués de Fuentes, a la sazón Señor de la villa.
De ayuntamiento constitucional se regresa de nuevo a Concejo, Justicia y Regimiento, asumiendo las directrices locales Manuel de Vega como Alguacil Mayor; Pablo Escalera, Juan Valor, Nicolás García y José Sánchez como regidores; Sebastián González Codero como Procurador Síndico General; José Cantalejo como Alcalde del campo y Antonio González Pérez como Padre General de Menores.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se volvería a la senda constitucional. Tras el triunfo del pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego, el 8 de marzo de 1820, Fernando VII se veía obligado a jurar de nuevo la Constitución y en los pueblos y ciudades de la nación se ponía en marcha de nuevo el proceso para llevar a cabo la elección de ayuntamiento constitucional y jura de la Constitución de 1812.
Un periodo del que carecemos de datos locales, debido a la laguna existente en los libros  capitulares correspondiente a este trienio, cuyas actas no se llegaron a recoger.  
Pero Fernando VII no cesaría en sus intenciones hasta conseguir que, gracias a una intervención militar extranjera –Los Cien Mil hijos de San Luis–, en abril de 1823 el absolutismo quedara de nuevo restablecido. Ello daría inicio a otra oscura etapa de la Historia de España, la denominada Década Ominosa (1823-1833), durante la cual buena parte de la intelectualidad del país se vio obligada a exiliarse y los constitucionalistas que se quedaron fueron objeto de depuración, a resultas de la cual muchos acabaron marginados o ajusticiados, incluido el legendario Rafael de Riego, que murió ahorcado el 7 de noviembre de 1823 en una plaza pública de Madrid.
El 17 de junio de 1823, el propio Alcalde Constitucional de Fuentes informaba que había sido invitado personalmente por el General de División de Vanguardia del ejército francés «que ha llegado en este día a esta villa para que el Ayuntamiento del año 1820 fuese repuesto, cesando el actual nombrado por el régimen constitucional».
Convocados los capitulares de 1820, éstos tomaron posesión de sus cargos, recibiendo sendas varas de justicia el Alguacil Mayor, Lorenzo Ruiz Florindo, y el Regidor primero, Antonio Armero Almazán, padre del popular General Armero y I Marqués del Nervión. 
Pero una parte de España no cesaba en sus pretensiones y en 1836 un pronunciamiento de militares en La Granja de San Ildefonso (Segovia) obligó a la regente María Cristina a proclamar la Constitución de 1812 y nombrar un nuevo gobierno que convocó elecciones a Cortes Constituyentes para reformar el texto de Cádiz.
Era la tercera vez que el articulado liberal de 1812 entraba en vigor. El 24 de agosto de 1836 de nuevo un Ayuntamiento Constitucional comenzó a regir la villa de Fuentes, encabezado por Francisco de Paula Ruiz como Alcalde primero interino, jurándose el día 28 siguiente la Constitución en la Iglesia Parroquial previa convocatoria del pueblo. La víspera del acto de juramento se llevó a cabo un repique general de campanas, y durante esta noche y la siguiente se iluminaron las Casas Consistoriales y la torre parroquial.
El 5 de septiembre de 1836 tomó posesión como Alcalde primero Constitucional Manuel María de Llera Moreno, que había sido nombrado por los electores y por ausencia no había tomado posesión de su cargo.
Este fontaniego, propietario de tierras y de ideología liberal, fue posteriormente elegido Diputado en las Cortes de la Nación por la circunscripción de Sevilla durante tres legislaturas, tras las elecciones celebradas el 24 de julio de 1839, el 19 de enero de 1840 y el 1 de febrero de 1841.
La residencia en Madrid a causa de su función de diputado, propició el nacimiento de su hijo Fernando de Llera y Díaz en la capital del Reino. Fernando llegó a ser un esclarecido abogado e ilustre político liberal, siguiendo los pasos de su padre. Llegando a las más altas esferas de la política, pasó de Alcalde y concejal en su pueblo de Fuentes de Andalucía a diputado en Cortes y posteriormente diputado provincial.
Las nuevas Cortes Constituyentes convocadas en 1836 dieron lugar a la nueva Constitución, una profunda modificación de la de 1812, más en consonancia con el espíritu de la época, que fue promulgada el 18 de junio de 1837. 
La Constitución de Cádiz de 1812 ha adquirido un valor casi mítico como perdurable símbolo de libertad. Un símbolo que se ha proyectado dentro de España y del mundo hispánico, porque con el texto gaditano surge la primera de las constituciones españolas derivadas de la soberanía nacional y orientadas a consolidar los derechos y limitar el poder estatal, que no dejó indiferente a una España que le dedicó una especial atención. Ninguna constitución española ha tenido el alcance, la repercusión y la difusión más allá de nuestras fronteras  que la Constitución de 1812, cuyo bicentenario conmemoramos.

miércoles, 8 de agosto de 2012

ESENCIAS QUE SE VAN PERDIENDO


Fotografía extraída del libro «Los caprichos de Hermes. El comercio tradicional en la provincia de Sevilla» de Pedro Cantero Martín (Sevilla, Diputación Provincial, 2004).

Es ley de vida que con el paso del tiempo rincones fontaniegos con «clase, estirpe y entidad» vayan desapareciendo, perdiéndose para siempre y sólo dejando gotas de su esencia en el cajón de los recuerdos.
Y cuando llegan algunas de esas situaciones cargadas de nostalgia los recuerdos se avivan, máxime si has tenido la suerte, como es mi caso y el de los jóvenes, no tan jóvenes y niños de las últimas décadas, de haber gozado con la ilusión y el placer de darte el lote con los siempre apetecibles productos de aquel colorido establecimiento: Gusanitos, bolsitas de Peta Zeta o Fresquito (resfresquito), lenguas de pica pica, maskys, palotes, cajitas de cigarritos de chocolate, pulseras de pastillitas, caramelos en forma de casquitos de naranja y limón, Pez, Sugus o Chimos, chupa chups Kojak, chicles Bazooka, Bobbaloo, Boomer o Tico-Tico con sabor a sandía, figuritas de plástico llenas de bolitas de anís… y todo ello endulzado más si cabe con suspiritos, piononos, tirabuzones, Phoskitos, Bollycaos… y completado en el estío con los polos flash, de Drácula, Frigopié, Frigodedo, Capitán Cola con sus tres sabores…
Y escribo esto porque el quiosco y confitería de Eduardito, la emblemática tienda de chucherías de la Carrera -abierta desde 1959 y con obrador de confitería propio hasta 1986- ha echado el cierre el pasado mes de julio. Un cartel así lo anuncia en su fachada: «Cerrado por jubilación». Los años no pasan en balde y el bueno de Eduardito hecha la persiana del negocio, que heredó de su padre y él ha mantenido con su solera e idiosincrasia.
Se me viene a la mente cuando entrábamos en la tienda en verano, traspasando la cortina de rayas mientras desde el hueco de la ventana un aparato intentaba refrescar el espacio con aire húmedo. Atravesabas aquel sardinel y te encontrabas de sopetón con ese olor mágico y un sinfín de colores de las mil y una chucherías, pasteles, chocolatinas, el cartelón de los polos y helados…
Sentías a tu alrededor una sensación extraña, mezcla entre felicidad, ansiedad y locura porque te encontrabas de repente rodeado y todo te gustaba, pero los duros que acorralabas con los cincos dedos de tu mano solo te daban para un paquete de quicos y una gomita.
Aquel mostrador, sumamente alto, te impedía ver la cara de aquel hombre que se situaba tras el mueble de transparentes cristales y armazón de madera pintado en dos tonos de verdes cargado de manjares. Tal era la altura, que había que alargar el brazo para intercambiar la moneda por la mercancía. El truco de Eduardo para ver a los renacuajos, más que intentar divisarlos bajo el mostrador era mirar al gran espejo inclinado que, colgado en la pared, tenía una función muy determinada, y no era la decorativa. 
Y es que, aún teniendo claro lo que al paladar apetecía, llegando ante aquella variadísima gama de apetitosas golosinas la duda te invadía. Y Eduardo, armado de paciencia, siempre exclamaba: - ¡Veeeenga, niñooooo!, saludo que con al hacerte mayorcito cambiaba por un: -¡Hola, joven!
Allí íbamos a comprar los peloteros, porque decían que salían los más buenos, los que nadie tenía y después podías hacer tu propio negocio: -¡Te cambio Zubizarreta por diez!
Cuando no estaba ocupado de otro pandillón de chavales, el rito era sentarte en el sardinel de la Aurora para ir abriendo los paquetitos de los peloteros que después nos apostábamos a las cartas, con el único objetivo de tener el taco más grande de todos tus amigos.
No hacía falta que la Carrera se llenara de máscaras o nazarenos, días en los que la bulla y esperar tu ratito de cola era normal mientras que Eduardo no perdía nunca su ritmo, para que el sardinel de la Aurora fuera asiento y en él saborear los manjares del quiosco vecino, poniendo siempre la acera llena de cáscaras de pipas o bolsas de los paquetes de gusanitos. Y mira si el sardinel estaba vinculado al negocio que hasta con motivo de la reciente restauración de la Capilla, la propia empresa costeó su reposición.
Un icono de la Carrera y que es el último de los puestos de chucherías de mi infancia que se me ha ido, como se fueron el quiosco amarillo de la calle Mayor, el de Rosarito –aquella viejecita del rincón frente a las Monjas– , los de «Pajarito» y el «Viruta» en la calle la Huerta o el de mi vecina María Ruiz, en la calle la Rosa.
Y aún cuando nos fuimos haciendo mayores, la clientela seguía fiel al negocio. Era quizás menos mágico, pero no menos gratificante. Ya no ibas con los cinco duros justitos, sino que te llevabas el cargamento para darte la «pechá» en el «finde» viendo una peli o, ¿cuántas parejitas no se han puesto a dar vueltas con el coche por la redonda comiendo chuchas de Eduardito?
Ese hombre tan dulce con las chavalitas, al que nunca le he escuchado una mala respuesta. Una cara, un físico característico, una imagen que sin duda ha marcado la infancia de los niños fontaniegos de mi generación.
Se va con mi pena, como parte de mi infancia que se pierde, y me quedo con las ganas de ir con mi hijo a comprar un euro de gomitas «ancá Duardito» y por el camino decirle: «Martín, no te las comas todas y dale a papá que se te van a picar los dientes».

sábado, 26 de mayo de 2012

PRESENTACIÓN DEL XXXº PREGÓN DE LAS FIESTAS Y ROMERÍA DE MARÍA AUXILIADORA DE FUENTES DE ANDALUCÍA


(Celebrado en la Iglesia del Ex-Convento Mercedario de San José, antiguo templo de la Casa Salesiana de Fuentes [1929-1948], el domingo 20 de mayo de 2012, a cargo de Diego M. González Ruiz y presentado por Francis J. González Fernández).

Con vuestra bendita venia, mi Auxiliadora.

Rvdo. Sr. Titular de la Sede Parroquial
Autoridades
Hermano Mayor y Oficiales de la Junta de Gobierno de la Hermandad
Pregonero, romeros, hermanos, fontaniegos.

Bienhallados seáis todos.

Han pasado trece mayos desde aquella armonía de versos y una docena de pregones de por medio, que como cuentas de Rosario, han ido desgranando tus glorias, María. Y otra vez ante este atril, vengo a poner el toro en suerte al que será hoy tu pregonero.
Tú, bien los conoces, Madre.
Una voz que viene a ofrecerte sus versos a compás y que puede contar sus años como Fuentes numera tus romerías. Era mayo, en un tiempo que llegaba remangando camisas y alargando tardes, en un querer e ir poco a poco robando vida a la noche.
Era mayo, tres de mayo, y aquel día de la Cruz de 1977 veía la luz primera de esta vida el primogénito de Antonio «Cochoba», el hijo de Diego «Cochoba» y Pastora de «Currito León» y de Charo, la niña de «Tobá» y la Manuela «de la sal».
Por ello te he dicho, Madre, que tu pregonero puede contar sus mayos contando tus romerías. Y es que en aquel 1978 él estuvo allí contigo, en el Castillo, bajo la silueta señorial que da un chaparro de tosca piel curtida y sombra encorvada. En aquella dehesa, lamentablemente perdida para tu Romería, él se hallaba mientras el corazón de la que sería su hermana ya latía en el seno de su madre, esa niña que hoy es bella voz hecha persona.
Tú conoces, María, que desde entonces una íntima historia de amor os une. Antes de que la luz de la alegre mañana del último domingo de mayo naciera, ya estaba vuestra pasión prevista, ya estaban las cinco letras, de tu nombre y el suyo, en algún espacio escritas.
Sabes que a los ojos de Dios no hay títulos, medallas ni papeles que valgan, sólo importa el amor. Y por ello yo hoy, Madre, no tengo que contarte que el pregonero se formó en Santa Teresa y en el astigitano Vélez de Guevara ni de su afición a la cacería que casi le cuesta un sentido ni de otros títulos por él validados.
Vengo a hablarte de un niño morenillo, con pelo acaracolado, criado entre hierros y soldaduras, correteando de la calle «El Bolo» a «Los Corrales», que al compás de un martilleo -donde surgió el martinete- se impregnó en su infancia de sevillanas de «Los Romeros».
Un chiquillo que jugó bajo un viejo carro que hoy es el templo de la Virgen en la calle y en un cuarto de costura en el que, entre lunares, bobinas y alfileres se hilvanaron letras de sevillanas para Ti, Auxiliadora de Fuentes.
Madre, y ¿por qué no le preguntas a tu dichoso Hijo por el que hoy será tu pregonero? Él te puede contar cómo cada Miércoles Santo puede escuchar su voz mandando izquierdos y costeros, como su palabra es veteranía costalera. Él te puede hablar cómo contra viento y marea el que hoy será tu trovador lucha para que Fuentes pueda gozar de la Paz y la Esperanza, cómo ha retado a los mismísimos alarifes Ruiz Florindo para que un paso de misterio pueda salir bajo el dintel de este Convento de San José en la tarde de los Hosannas.
Han sido sus pies portadores del Rey de Reyes en la Custodia y son sus manos, cada año, las primeras en tocar esa bendita carreta, de símil azulejería trianera, para sacarte a la calle, Madre de Dios «Sentaíta».
Y por qué no hablarte de las manos del pregonero, María. Con ellas se ha tenido que enfrentar a la soledad de una hoja en blanco en un desierto de cuatro meses. Las mismas manos que cada año propinan vida a una caja o un tamboril, las que marcan compás, ritmo, cadencia, medida y pauta, desde hace lustros, en Misas del Gallo y de Romeros, en casetas de feria que impregna de «Aromas» o en cuartetas por febrero.
Unas manos que son el pan de su sustento y en las que con una alianza selló el amor de su existencia al unirse a Isabel, su fiel y leal compañera.
Un antes y un después marcó Dios en la existencia del pregonero, Madre. Tuvo al alcance el don más codiciado cuando el amor es pleno: los hijos. Y recalaron uno tras otro, arribando en puerto feliz, los tesoros de la casa; primero Diego, luego Isabel.
Tú bien lo sabes, María. Allí está él, cuando sus manos son requeridas para, con buen hacer y sabio magisterio heredado de sus mayores, dar forma al metal y convertirlo en pollero, altar de cultos, andas o parihuela.
¿Y su voz? La misma que hoy dará vida a la palabra es cadencia acompasada en el sonar de una sevillana y, hace cinco cuaresmas, abrió plaza en el Pregón de la Semana Santa fontaniega presentando a su amigo, compadre y cuñao’ en sus menesteres retóricos.
No son pocos, Madre mía, los matices de la vida del pregonero que poco a poco te voy presentando. Querencias y pasiones que dan cuerpo a una persona, un semejante de fe al que desde niño enseñaron a quererte, pedir y agradecerte y hoy tiene la regalía de clamar tus Glorias, María.
Una proclama que cumple una treintena de voces, unidas bajo el mismo sentir a la Virgen de don Bosco. Un amor que al pregonero le es curtido y veterano.
A pesar de nuestra juventud, han pasado ya los años, pregonero. Y a la Virgen no hace falta que mi voz le cuente aquellos mayos que dimos cuerpo al Grupo Joven de la Hermandad de María Auxiliadora. Ya no éramos unos niños, en aquellas atardecidas de mil colores desafiábamos a ser hombres. Y con esa rebeldía que caracteriza a la mocedad, allí estuvimos aquel 1997. Era la primera y única vez que a lo largo de la historia de la Romería la lluvia impedía la misma. Pero la tarde se hizo rayo de luz, y entre tronar de cohetes y soniquete de sevillanas la Virgen recorrió las calles en un alarde de camino trocando albero por adoquines.

Pregonero, dale armonía al verso, otorga cuerpo a la palabra y vida misma a la escritura, para anunciar con tu personal cadencia que «cuando llega el mes de Mayo y florece el girasol», «una mañana de mayo» «corta el silencio un cohete» y «a las ocho la mañana ya está tocando el tambor», al tiempo que «las campanas del Convento repican con alegría».
Acércanos a aquel tiempo añorado de decenas de carrozas en el que un romero alardeaba: «desde Fuentes al Castillo yo voy andando, lo mismo a los carlistos que a los chaparros», y pregúntale a la flamenca «¿al pasar el Alamillo María qué me ha pasao’?». En ese «Quema» fontaniego, hoy perdido.
Y por ello «mira la cara de pena de María Auxiliadora», a cuya nostalgia se une «el arroyo el Alamillo que está triste y desconsolao». Que no era quebranto, era la melancolía, y otra primavera más «el 24 de mayo empezamos los romeros» a preparar los avíos’ y con añoranza entonar: «Auxiliadora Morena, hoy estrenas tu carroza» por nuevas sendas, «camino de la fuente».
Cuéntanoslo, pregonero, que «para ser un bueno romero hay que echarse a caminar», y cómo las manos del que te engendró repiten el mismo ritual cada año.
Y en éste, más que nunca, «quisiera ser agüita clara de la Fuente de la Reina» cuando tu padre haga romero al fruto de mis desvelos.
Grita, pregonero, «¡qué en el camino de vuelta hacen falta más romeros!», inspírate en las «mil poesías que, gorrilla en mano, en su pastelería soñó Rafael» y renueva tu juramento, alto y claro ante la Madre de Dios, de que tus «lágrimas de niño nunca fueron comprás’».

Los argumentos me sobran, pregonero, estorbo soy ya para tu tiempo.

Agarra la partitura
en la que has puesto las notas,
que de tu corazón brotan
al compás de una conjura.
Será tu literatura
-la gloria de la Señora-,
disfruta, que el tiempo pasa
que luego se te hace escasa
y en tus manos se evapora.

Trovador de los perfiles
en el mayo de María,
que culmina en romería
dibujando dos frontiles
al compás de tamboriles.
Mayo, Rosario mariano,
de Triduo con Salesiano,
y una tarde importante
el veinticuatro radiante
jura de nuevo hermano.

Cubriendo un trono de arte
un cielo de banderitas
rosa y celeste, benditas,
Paradas con su estandarte,
chaval que sueña llevarte,
en la procesión de gloria
«Sentaíta» vas notoria.
Y una tarde de chiquillos
flamenca y gitano pillo
con flores para tu gloria.

¡María!, he aquí tu pregonero,
guardé su nombre hasta aquí:
es Diego González Ruiz.
Él bien conoce el sendero
es veterano romero,
al que le ha llegao’ su cita.
Llévanos hasta su Ermita
con tus dotes oradoras
que es María Auxiliadora,
«Cochoba», tu «Sentaíta».








miércoles, 11 de abril de 2012

LA TORRE DE SANTA MARÍA LA BLANCA Y EL ENIGMA DE SAN FLORIÁN


(Trabajo realizado conjuntamente con mi amigo Antonio Gamero Osuna, licenciado en Bellas Artes en la especialidad de restauración y conservación de obras de arte)

El lunes 12 de diciembre de 2011 será uno de esos días que quedará marcado para la historia, no solo de la feligresía de Santa María la Blanca, sino de todo el pueblo de Fuentes de Andalucía.
Lo que para muchos se había convertido en una utopía, se hacía realidad. Aquel amanecer nos despertábamos con el inconfundible sonido del repique de las campanas de la Iglesia Parroquial –durante los últimos años calladas– y el tronar de cohetes, que anunciaban la feliz noticia del comienzo de las obras de restauración de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, casi ocho años después de su clausura, acontecida en enero de 2004.
Largos –y en muchos casos desilusionantes – años en los que la Comisión parroquial y ciudadana creada al efecto ha venido realizando numerosos contactos y actuaciones encaminadas a recaudar fondos e impulsar la recuperación del edificio, en los que ha conseguido reunir en torno a 300.000 euros, a los que hay que sumar los 400.000 que ha aportado el Arzobispado de Sevilla para que puedan comenzar las obras.
El proyecto global de recuperación del edificio, bajo la dirección del arquitecto Enrique Larive López, consta de cuatro fases, dividiéndose la primera de ellas en dos partes, que podemos denominar 1A y 1B.
La fase 1A es la que comenzó el pasado diciembre, con un plazo de ejecución de 10-12 meses y un coste aproximado de 685.000 € como presupuesto de contrata, englobando la rehabilitación estructural de las cubiertas de toda la iglesia y la restauración de la torre, campanas y el artesonado mudéjar.
Una obra cuya empresa adjudicataria es el grupo ursaonense Sanor, especialista en este tipo de intervenciones sobre el patrimonio histórico-artístico y con más de veinticinco años de experiencia en la materia, respetando las formas originales y consiguiendo restaurar con gran fidelidad las obras en las que interviene.
A lo largo de 2012, entre todos hemos de aunar esfuerzos para conseguir la obtención de fondos y la consecución inmediata de las obras con la fase 1B. Parroquia, Comisión, Arzobispado, Ayuntamiento… todos remando en el mismo sentido para conseguir lograr el objetivo común: la reapertura del principal templo de la localidad.
Estas acciones a desarrollar durante el presente año son sumamente importantes, teniendo en cuenta que culminada la fase 1 al completo, es decir, 1A y 1B, el templo se podría abrir y reanudar el culto en el mismo.


LA REHABILITACIÓN DE LA TORRE
Desde el comienzo de las obras, semanalmente estamos desarrollando un detallado seguimiento fotográfico de todo el proceso de recuperación del edificio, así como de visualización de la progresión de los trabajos acompañando al párroco.
Durante el tiempo transcurrido desde el inicio de la intervención, dos grupos de trabajo simultanean la actuación en dos puntos distintos del edificio: la torre y la techumbre de la nave central y las dos contiguas a ésta.
En la primera visita que realizamos a la parte superior de la torre, muy dañada, gratamente nos sorprendimos con que la misma no solo estaba decorada exclusivamente con azulejería polícroma, sino que Alonso Ruiz Florindo había utilizado también técnicas de esgrafiados [1] y la combinación de diversos colores en multitud de dibujos geométricos. Una decoración que era inapreciable desde abajo por el deterioro sufrido por la torre a consecuencia de los agentes atmosféricos y el paso del tiempo.
Cuando en los próximos meses los trabajos vayan avanzando y la torre sea descubierta, librada de la compleja estructura de andamios que la rodea hasta su punto más alto –aproximadamente 34,50 metros desde la cota cero–, la misma va a estar totalmente irreconocible, teniendo en cuenta que los técnicos están procurando que ésta recupere fielmente la imagen con la que fue concebida en el siglo XVIII.

SU CONSTRUCCIÓN
El templo parroquial de Santa María la Blanca en su conjunto es consecuencia de un largo proceso de profundas obras y ampliaciones acontecidas entre los siglos XVI y XVIII, siendo en este último cuando tomó su forma definitiva, coincidente con la actual.
Los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa –noviembre de 1755– en la iglesia de Santa María la Blanca afectaron principalmente a la torre, por lo que se tuvo que intervenir en un breve espacio de tiempo en ella. Tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras del Arzobispado Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso Ruiz Florindo como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado [2].
Alonso Ruiz Florindo (1722-1786), fue el más notable de los miembros de la dinastía de alarifes fontaniegos, destacándolo los expertos en la materia como el alarife de mayor personalidad de los conocidos en Fuentes, que imprimía a sus obras mayor riqueza ornamental y prodigando el estípite [3], que con él tenía modalidades muy diversas y específicas [4].
Las obras de consolidación del edificio se realizaron en 1756, en las que Alonso invirtió la mayor parte de los 15.000 reales que costó la reforma total [5]. Posteriormente, entre 1756 y 1757, remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como consecuencia del movimiento sísmico el remate proyectado en la década de 1740 por el maestro mayor de obras arzobispal José Rodríguez. Para ello, sustituyó el característico remate en chapitel o “aguja” trazado por Rodríguez por una terminación más compleja, con varios cuerpos geométricos superpuestos: base troncocónica sobre ochavo, linterna [6] cilíndrica y remate final. El resultado desde el punto volumétrico, aunque original, es a menudo calificado como tosco con una ostensible falta de unidad entre el cuerpo de campanas y el resto [7].
Sin embargo, en la torre de Santa María la Blanca, tal como citamos antes, destaca la labor decorativa, basada en el estípite y la azulejería polícroma, el estilo de las soluciones dadas por la arquitectura astigitana a estos tipos constructivos.
También utilizó Alonso técnicas de esgrafiado y la combinación de diversos colores remarcando los volúmenes creados. Así queda reflejado en las cuentas de la obra de la torre, en casos como el apunte: «De diferentes colores, almagra, ocle, humo de pes que se trajeron de Ézija para pintar la torre 23 reales. / Ytem de tres libras de esmalte que se trajeron de Sevilla dies reales la libra 30 reales» [8].
La obra de la torre de Santa María la Blanca parece suponer un ensayo de usos estructurales y sobre todo decorativos de los que será la prolífica producción posterior del maestro fontaniego Alonso Ruiz Florindo.

EL AZULEJO DE SAN FLORIÁN
Alonso Ruiz Florindo, que de igual modo que en la construcción de la Ermita de San Francisco contó en la obra de la torre con la colaboración de su hermano Cristóbal, utilizó gran cantidad de losas de cerámica polícroma en color azul para la decoración de ésta, muchas de ellas apreciables a pie de calle.


En la grata primera visita que realizamos a la cúspide de la torre, pudimos observar cómo la linterna no solo estaba decorada con cerámica de color azul, sino que se alternaban con otros pequeños elementos cerámicos de varios colores, en los que predominaba un fondo amarillo con dibujos en tonos ocres, azules y verdes y apreciándose partes de lo que podían ser figuras de personajes.
Fotografiados todos y cada uno de los elementos que consideramos similares, procedimos al recorte y montaje digital del particular puzzle, llevándonos un sorprendente resultado. Alonso Ruiz Florindo había usado material de acarreo, reutilizando azulejos de un paño cerámico del siglo XVIII para decorar la linterna de la torre.
En líneas generales, podemos decir que se trata de parte de un retablo cerámico, similar a los utilizados para los bancos de los retablos o los dinteles de las puertas –como el que se sitúa en la entrada lateral del convento fontaniego de las Madres Mercedarias, que da acceso a la zona residencial de las monjas–.
Respecto a la iconografía aparecida tras la recomposición del paño cerámico, en éste aparecen dos varones, cada uno con una indumentaria propia que manifiesta la formación de cada uno de ellos. El de la izquierda se presenta como un guerrero, con escudo y armadura, semejante a los soldados romanos. Porta en su mano derecha una palma, símbolo inconfundible de un mártir cristiano. En la parte inferior se nos desvela el nombre, con una inscripción que dice: «S. FLORIAN MARTIR». Un santo austriaco del siglo IV no muy común en España, que ciertamente existió y fue mártir, cuya devoción está extendida por centro Europa, donde es Patrón de Polonia.
El otro varón se presenta vestido con la indumentaria propia de un obispo: mitra, báculo y capa pluvial. Del mismo modo, bajo sus pies, aparece una inscripción que cita «S. FLORIAN OBISPO». De este personaje poco se puede decir, ya que no lo hemos localizado ni en el santoral cristiano ni en la lista que recoge los nombres de los obispos santos. Sí existe, Florentino, Florencio y Florenciano, pero ningún Florián.
Una hipótesis propia nos lleva a plantear que Alonso Ruiz Florindo, como director de la intervención, no reutilizó un paño cerámico procedente de otro lugar para decorar la nueva linterna que construía para la torre de Santa María la Blanca, sino que el mismo fue encargado expresamente para ser colocado en el citado lugar. Así, Alonso y Cristóbal, los dos hermanos Ruiz Florindo en activo, firmaron a su forma su magna obra, en lo más alto de la nueva torre.
A similitud de los personajes del paño cerámico, Alonso y Cristóbal también eran dos, y su apellido proviene de una palabra latina que significa flor, «Floris». Del mismo modo, las dos figuras representadas atienden al nombre de Florián, cuya raíz proviene de la misma palabra latina.


Un enigma oculto en la torre fontaniega. ¿Simple casualidad o una realidad? ¿Mero reciclaje o hemos descubierto la firma de la obra de la que ya se tenía constancia por la documentación archivada?
Sea como fuere, la hipótesis nos aporta la rúbrica de una zaga de alarifes que con sus manos y su trabajo hicieron barroca la arquitectura de esta tierra, engalanaron nuestras calles, nos dejaron verdaderas joyas edificadas y en la que nos ha ocupado en el presente texto firmaron de una forma muy especial para que perdurara su identidad a lo largo de la historia.

NOTAS:
1) Trazar dibujos en una superficie estofada haciendo saltar en algunos puntos la capa superficial y dejando así al descubierto el color de la siguiente.
2) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F.: Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla, 1997.
3) Pilastra en forma de pirámide truncada, con la base menor hacia abajo.
4) SANCHO CORBACHO, Antonio: Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Madrid, 1984, reed.
5) Archivo Parroquial de Fuentes de Andalucía. Libro de Cuentas de Fábrica de 1752. Folio 108.
6) Torre pequeña más alta que ancha y con ventanas, que se pone como remate en algunos edificios y sobre las medias naranjas de las iglesias.
7) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F: Fuentes de Andalucía y…
8) Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Justicia. Ordinario. Autos de fábrica. Leg. 2104. Cuentas de la obra de la torre de la iglesia. 1757.